jueves, 9 de marzo de 2017

Un breve esbozo de la fiesta teatral barroca

“Lo trágico y lo cómico mezclado,
y Terencio con Séneca, aunque sea
como otro Minotauro de Pasife,
harán grave una parte, otra ridícula;
que aquesta variedad deleita mucho”

Lope de Vega, Arte nuevo de hacer comedias.

Lope de Vega establece las nuevas reglas que van a regir en el teatro del siglo XVII en su obra Arte nuevo de hacer comedias de 1609. Una de las principales novedades que introduce en la escena es la defensa de una cierta mezcolanza de géneros, antaño independientes, de forma que en una misma obra pudieran convivir sin rigideces la tragedia y la comedia, lo épico y lo más banal. Este afán aglutinador acaba desembocando en el concepto más ambicioso de fiesta teatral, un espectáculo musical y escénico total que suma géneros de distintas características en sucesión.

Como apunta el filólogo José María Díez Borque (Los espectáculos del teatro y de la fiesta en el Siglo de Oro, 2002), el fin perseguido con la fiesta barroca es atraer la atención del público de una forma que hoy llamaríamos inmersiva: “El espectador que acude a los lugares de representación siente […] una especie de horror vacui que le lleva a buscar y exigir un espectáculo totalizador, compuesto de perspectivas distintas”. Ese “horror vacui” o miedo al vacío conlleva el que la puesta en escena combine números de forma seguida sin permitir descansos o intermedios que puedan desvincular la mente de lo que ocurre sobre el escenario.

La música jugaba una parte trascendental dentro del espectáculo barroco. Determinadas partes de la fiesta llevaban por definición música, bien instrumental, bien cantada,  que de alguna forma constituye un todo indisoluble con las partes dramáticas. Es por ello que podemos hablar de un espectáculo tan completo como complejo, esto último por la cantidad de partes distintas que incluía.

Básicamente, la fiesta teatral se componía de una obra o trama principal entre la que se intercalaban todos los demás subgéneros, como la loa, mojigata, entremés o la  jácara. Para el público no eran estas piezas, llamadas de teatro menor, de interés secundario, pues no pocas veces el éxito o fracaso de la obra principal representada dependía de lo que gustasen entre el público asistente estos interludios o apéndices.

A grandes rasgos, esta era la sucesión de números escénicos en la fiesta barroca: música instrumental a modo de obertura, loa, primera jornada, entremés, segunda jornada, baile, tercera jornada, fin de fiesta.

La primera intervención musical se llevaba a cabo con vihuelas, trompetas y chirimías (debía ser bastante ruidosa), a veces incluía canto y su función era establecer un primer contacto del público con la obra.

Acto seguido era representada la loa, una pequeña pieza teatral destinada a captar la benevolencia del auditorio. Gradualmente va adquiriendo una independencia de la obra principal y cumple la función de solicitar silencio, elogiar la ciudad donde tiene lugar el espectáculo o hacer tiempo hasta que el público ocupe su localidad.

Otro de los subgéneros escénicos intercalados era el entremés,  una pequeña obra de teatro de un solo acto cuyo origen se asocia con el carnaval y el desorden y la inversión de valores asociada a esa época. Desde el punto de vista musical, incluía un baile al final de la pieza en el que se reconciliaban los adversarios. Aunque Eugenio Asensio defiende que el entremés es una parte desgajada de la obra principal sobre personajes de baja condición algo alejados de la trama principal  (Itinerario del entremés (desde Lope de Rueda a Quiñones de Benavente), 1971), se convierte en un género por derecho propio en el siglo XVII gracias a figuras como Quevedo o el mismo Cervantes.

La parte de la fiesta que se conocía como baile era un intermedio literario protagonizado por la música, el canto y la danza. Sobre los bailes ejecutados en la escena, se habla del bailete, que era como una giga o jotica burlesca a ⅜ sincopado de cuatro compases, y de la seguidilla, que se define como forma dialogada de pregunta y respuesta.

Otro elemento del espectáculo barroco era la jácara, una pieza teatral breve que reproducía las acciones y la forma de hablar de los personajes de mala vida. Algunos defienden que era un formato más musical que escénico dado que adquiere vida propia fuera del teatro como género de poesía cantada. El musicólogo Emilio Cotarelo atribuye el éxito de la jácara entre el público de la época a “la maligna intención y travesura que las actrices sabrían dar a su canto” y no sería demasiado aventurado afirmar que es un precedente lejano del moderno género de cabaret picante.

La mojiganga era igualmente una obrilla menor, pero con un acentuado aire carnavalesco, puesto que implicaba el uso de máscaras y disfraces, a menudo de animales. Parece ser que incluía música estrepitosa y que tendía a desviar el desarrollo lógico de la historia hacia la sorpresa.

Este maravilloso espectáculo, la fiesta teatral barroca, pervivió hasta los dos primeros tercios del siglo XVIII. Progresivamente, todas estas piezas intermedias fueron evolucionando hacia el sainete y la tonadilla.

lunes, 27 de febrero de 2017

Pasión castellana e italiana en la temporada de recitales de Dolce Rima

El dúo formado por la soprano Julieta Viñas y la vihuelista Paula Brieba ha iniciado su temporada de conciertos del año. El avance de temporada que ha publicado el conjunto se inició el pasado 26 de febrero en el XXVI Festival de Música Sacra de Getafe donde interpretaron el programa Divino Ardor dedicado a obras religiosas de principios del siglo XVIII de músicos como Sebastián Durón y José de Torres.

Las componentes de Dolce Rima se definen como “dúo interesado especialmente en la conjunción poética y musical”. De esta forma plantean un acercamiento a la cultura europea de los siglos XVI-XVII, centrando su repertorio en el Renacimiento español de los vihuelistas, en el Barroco español y en el Seicento italiano. Tienen un disco grabado, Al alba venid, dedicado a la música amorosa española del siglo XVI. Adicionalmente, recibieron el Premio Joven Grupo 2015 en la segunda edición de los Premios GEMA.

La próxima cita con Julieta y Paula tendrá lugar en Berlín el próximo 9 de marzo, con motivo de la celebración del año Murillo, donde llevarán el espectáculo Trompicábalas amor  al Franzörische Kirche de la capital alemana.

En abril, el día 28 para más fechas, estarán presentes en el XXI Ciclo de Música Antigua “Ciudad de las Tres Culturas” de Córdoba y allí interpretarán el programa Dolce Tormento, dedicado a la música italiana del siglo XVII y basado en obras de Barbara Strozzi, Tarquinio Merula y Claudio Monteverdi, entre otros.

Finalmente, acabamos la descripción de este comienzo de temporada musical con la actuación que ofrecerán el 7 de mayo en Llinars del Vallès, Barcelona, dentro del 19 cicle de concerts a Sanata. Allí tocarán música de Antonio Cabezón  y de otros músicos de su época dentro del programa Dulce Memoria.



jueves, 23 de febrero de 2017

El Cancionero de la Colombina: los sones del final de la Edad Media

Los cancioneros del Renacimiento español son herramientas sumamente importantes para conocer la música que sonaba en los ambientes cortesanos de la época. De todos ellos, el Cancionero de Palacio, el de la Casa de Medinaceli, el de Uppsala o del duque de Calabria, quizá el menos conocido es el denominado Cancionero de la Colombina, probablemente algo anterior a los demás, que debe su nombre a Fernando Colón, el hijo del descubridor, quien adquirió la obra en 1534 para su biblioteca privada.

Lo que lleva a los expertos a determinar la antigüedad de este cancionero es la ausencia en él de composiciones del gran Juan del Encina (1468-1529), cuyo trabajo inunda el Cancionero de Palacio, en el reinado de los Reyes Católicos, y es objeto de una recopilación monográfica editada en Salamanca en 1496. Dada la fama y el reconocimiento de este músico en su propia época, parece lógico pensar que si no aparece ninguna pieza firmada por él en la selección musical de la Colombina es porque data de un tiempo anterior.

La conclusión a la que llegan los estudios sobre este cancionero es que puede tratarse de una recopilación realizada en las tres últimas décadas del siglo XV de obras que ya eran antiguas en ese momento, probablemente procedentes de la primera mitad del siglo, puesto que incorpora poemas de Juan de Mena y de Juan Rodríguez del Padrón. Se trata de composiciones de los reinados Juan II y Enrique IV de Castilla. Los músicos más recientes que aparecen en el compendio pertenecen a la primera época del reinado de los Reyes Católicos.

En concreto hay quien defiende que el Cancionero musical de la Colombina tiene su origen en la capilla musical de Fernando de Aragón y la fechan entre 1469 y 1496. Los compositores integrantes de dicha capilla musicaron las obras de poetas castellanos de gran renombre. El nombre más antiguo que figura en el documento es el del compositor Johannes Ockeghem, que escribió entre 1450 y 1480, y que fue  seguidor de la técnica de Dufay y Binchois y maestro del grandísimo Josquin des Prés.



En lo relativo a los estilos que aparecen en la obra, se percibe un tímido atisbo de cambio, aunando influencias borgoñonas, franco flamencas e italianas con las castellanas, combinando aires tradicionales con otros cortesanos.

El Cancionero de la Colombina incluye 95 composiciones entre las que predomina el género de la canción, 40 en total, frente al villancico, que suman 30. En cambio, el Cancionero musical de Palacio incluye una proporción de canciones muy reducida en relación a los villancicos (52 frente a 426). Hay quien defiende que no existen tantas diferencias entre ambas formas musicales, o por lo menos entre la canción y el villancico culto, en concreto, no se perciben diferencias significativas entre los temas tratados el tono y el estilo. Todo parece anunciar la fusión progresiva de ambas formas a finales del siglo XV.

A las piezas anteriores hay que sumar un romance, “Olvida tu perdiçión”, dos ensaladas en español y una en francés, además de nueve himnos Sagrados y cuatro fragmentos de misa.

Los temas que centran las composiciones son el amor, la devoción y la burla, por otro lado comunes a gran parte de la piezas de los cancioneros de la época. El amor concebido en el sentido cortés de la Edad Media como eje temático en torno a la dicotomía “placer-dolor” y, de forma más existencial, “vida y muerte”. Los títulos de muchos de los temas son bastante ilustrativos al respecto: Al dolor de mi cuydado, Amor de penada gloria, Con temor bivo, ojos tristes, Mis tristes, tristes sospiro, Muy triste será mi vida, Nunca fue pena mayor, Dime, triste coraçón o Mortales son los dolores, por poner unos pocos ejemplos. Todo ello lo resumen los siguientes versos:

“Non tenga con vos amor, quien quisiere tener vida”.

El código no incluye apenas compositores extranjeros; tan sólo aparece el nombre del arriba citado Johannes Ockeghem y quizá algún otro, como Johannes Urrede. Algunos de los nombres firmantes de las piezas solamente son conocidos gracias a este cancionero, como Belmonte, Hurtado de Jerez y Juanes. La mayoría de los restantes aparecen también en otras recopilaciones de la época, como Juan Cornago, Pedro de Escobar, Juan Fernández Madrid, Juan Gijón, Pedro Lagarto, Juan de León, Móxica, Juan Rodriguez Borrote, Francisco de la Torre y Juan de Triana.

El Cancionero de la Colombina es sin duda un magnífico compendio lírico que nos permite acercarnos a la música de una época quizá menos documentada que otras inmediatamente posteriores.

martes, 14 de febrero de 2017

Aquel Trovar, recuperar el poder evocador de la música histórica

Siempre resulta agradable y reconfortante escuchar que aparecen nuevos grupos dedicados a la música de los siglo pasados. En este caso traemos aquí a un grupo recién formado, pero sobrado de  experiencia. Se trata de Aquel Trovar, un proyecto fruto de la disolución del conjunto Cinco Siglos, fundado por tres de sus instrumentistas, Antonio Torralba, José Ignacio Fernández y Daniel Sáez Conde, que cuenta con la voz de la soprano Delia Agúndez.


La filosofía que inspira el trabajo de Aquel Trovar se resume en tres puntos, en palabras de sus miembros, “respeto a las fuentes, potenciación del poder evocador de la música histórica y cuidado del detalle”. Deberían ser las máximas que guiaran cualquiera iniciativa relacionada con la música antigua, aunque por desgracia no es así.

El objeto que se han fijado sus integrantes es sobre todo recuperar el repertorio de música antigua española y europea, fundamentalmente renacentista y medieval, con veracidad en las conclusiones y versiones llevadas a cabo. Los miembros del grupo pretenden basar su trabajo en la investigación, partiendo de fuentes originales y revisando la labor al respecto de los expertos. En una reciente entrevista concedida al diario El Día de Córdoba, José Ignacio Fernández afirma que “el repertorio de música antigua, tanto española como europea, es muy extenso y queda mucho por descubrir. Hay muchas piezas que no se han grabado nunca y es una pena que queden en el olvido.”

En paralelo van a llevar a cabo la reconstrucción de instrumentos antiguos, medievales y renacentistas, que quedaron en desuso y cayeron en el olvido, pero que merece la pena recuperar.

Este ensemble orienta su campo de actuación desde la Edad Media al Barroco temprano. De esta forma, nos ofrecen repertorios más antiguos como:

Ave María: un recorrido por las músicas de devoción mariana desde mediados del siglo XIII a los albores del XV.
Cantando e con dança,  un programa íntegramente dedicado a las cantigas del rey Alfonso X el Sabio.
Cantigas de amigo de Martín Códax y del rey Dom Denis de Portugal.
Danzas de la Edad Media europea.

Y también música del Renacimiento, como los programas:

Canciones de la vieja Europa: canciones en las más importantes lenguas europeas de los siglos XV y XVI.
Aquel trovar, una selección de villancicos y romances de los principales cancioneros.
Aquel dançar, danzas extraídas de los más importantes tratados coreográficos de los siglos XV y XVI.
A lo divino, canciones religiosas en tiempos del Cardenal Cisneros.

Sin duda se trata de una oferta musical tan variada como atractiva y sugerente para sumergirse en los sones de otra épocas.

Los responsables de la iniciativa tienen una larga y demostrada experiencia en el mundo de la música antigua. La voz del conjunto, Delia Agúndez, es una soprano de reconocido prestigio que milita en conocidas formaciones de música vocal como Gradualia y que en 2015 publicó el disco The Purcells, una interesante obra que recupera la música del desconocido Daniel Purcell, el hermano de Henry.

Antonio Torralba es catedrático de música y flautista en Aquel Trovar. Estudioso y conferenciante, es uno de los fundadores del desaparecido conjunto Cinco Siglos con el que ha llegado a grabar una docena de discos entre 1990 y 2016.

Por su parte, José Ignacio Fernández es el laudista y vihuelista del grupo y es además un lutier experto en la restauración de instrumentos antiguos, desde bandurrias hasta cítolas.

Finalmente, Daniel Sáez Conde es profesor de violonchelo en el conservatorio de Ronda y ha tocado este instrumento frecuentemente en conjuntos de cámara y orquestas.



El martes 21 de febrero el grupo se presenta en Córdoba con el programa Canciones de la vieja Europa, en marzo llevarán un repertorio medieval al Festival de Música Sacra de Ronda, y de allí en adelante les espera una actividad frenética en los escenarios. Si todo va bien, en verano entrarán en el estudio para grabar su primer disco de piezas europeas del Renacimiento de distintos países. En la entrevista antes citada, Antonio Torralba lo explica de esta manera: “el Renacimiento fue un estilo realmente internacional; y un villancico o un romance españoles no son tan esencialmente distintos a una frottola italiana, un ayre inglés, una chanson francesa o un lied polifónico alemán. Poner juntas estas canciones en diversas lenguas nos hace verlas de una manera nueva”.

Tanto la calidad profesional de los miembros de Aquel Trovar como la erudición y el rigor en la elaboración de repertorios, avalan la solidez de la propuesta musical de este conjunto, que esperamos que tenga un largo y fructífero recorrido.

viernes, 10 de febrero de 2017

Accademia de Piacere, Los Afectos Diversos, Gradualia y Oniria en el XXVII Festival de Arte Sacro de Madrid

Los aficionados madrileños a la música antigua están de enhorabuena. En marzo y abril se celebra en la comunidad el XXVII Festival de Arte Sacro de Madrid que contará, entre otras grandes figuras, con los recitales de grupos españoles de primera línea como Accademia de Piacere, Gradualia y la actuación conjunta del grupo vocal  Los Afectos Diversos junto con los sacabuches del ensemble Oniria.

El festival se desarrolla entre el 2 de marzo y el 7 de abril del presente año y, en palabras de los organizadores, las 43 actuaciones programadas “vienen a recordarnos ese periodo de mayor trascendencia mística del año, una fase inquietante, confusa y purificadora que marcaba el final del invierno aciago y anunciaba una nueva explosión de fecundidad y vida”.

La vigesimoséptima edición de este gran evento cultural mantiene los ciclos independientes que tuvieron una muy buena acogida el año pasado y además ha querido conmemorar los aniversarios que tienen lugar en 2017, en concreto de compositores como Alonso Lobo, Claudio Monteverdi o Georg Philipp Telemann, así como del arquitecto madrileño Ventura Rodríguez.

La parte que nos ocupa, la de la música antigua, tiene una importante presencia en el Festival de Arte Sacro de Madrid. Algunos de los mejores profesionales españoles que existen en este campo actualmente actuarán en los diversos escenarios habilitados para ello.

De esta forma, la soprano Mariví Blasco junto a la Accademia de Piacere que dirige el violagambista Fahmi Alqhai interpretarán el programa Ecco l'alba luminosa. La música spirituale romana, ca. 1600 el 4 y el 5 de marzo en Madrid y en El Escorial, respectivamente. Ofrecerán piezas de Giacomo Fogliano, Tarquinio Merula, Monteverdi o Domenico Mazzocchi, entre otros.

Por su parte, la unión de los conjuntos Oniria y Los Afectos Diversos interpretará el 21 de marzo en la Real Parroquia de San Ginés El arte de la Reforma. Del Monteverdi católico al Schütz protestante, compuesto por obras de ambos compositores.

Por su parte, el ensemble vocal Gradualia presenta un programa de piezas musicales que evocan el proceso de Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo, con obras de Tomás Luis de Victoria, William Byrd o Francisco Guerrero, entre otros. Será el día 6 de abril en la Real Parroquia de San Ginés.

No son los únicos espectáculos relacionados con la música antigua que trae consigo el XXVII Festival de Arte Sacro de Madrid. A lo largo de los dos meses de eventos podremos escuchar en distintos escenarios de la Comunidad a artistas de la talla de Collegium Musicum Madrid, La Guirlande, Alicia Amo y Música Boscareccia, la soprano María Espada y el ensemble Nereydas, Aurora Peña y Concerto 1700, Camerata Ibérica, el Coro Victoria, el clavecinista Ignacio Prego, Isabel Villanueva, el Euskal Barrokensemble de Enrike Solinís, el Cuarteto Brentano, Tiento Nuovo, María Hinojosa y Concierto Poético, Zaruk, Carlos Mena y Delitiae Musicae, Mª Eugenia Boix junto a Guillermo Turina y Tomoko Matsuoka, La Spagna, el pianista Andrés Navarro y el El canto de Orfeo, entre otros solistas y conjuntos.

martes, 31 de enero de 2017

Los Afectos Diversos y la obra de Juan Vásquez

Siempre resultan gratos los esfuerzos llevados a cabo por recuperar y difundir la obra de ese magnífico compositor extremeño que fue Juan Vásquez como ha hecho el conjunto Los Afectos Diversos en su más reciente lanzamiento, Si no os hubiera mirado.

Se trata de dieciocho temas de Vásquez más cuatro revisiones de su obra realizadas por varios de los grandes vihuelistas de la época, Fuenllana, Valderrábano y Pisador.

Juan Vásquez pertenece a la generación de polifonistas que vivió y trabajó durante el reinado del emperador Carlos I, entre las que destacan además de él figuras como Juan Escribano, Pedro Pastrana, Mateo Flecha “el Viejo”, Bartolomé Escobedo, Cristóbal de Morales y Diego Ortiz.

No se conocen excesivos datos sobre su vida, aunque parece claro que hacia 1530 fue cantor de capilla en su Badajoz natal y que vivió y trabajó también en las ciudades de Plasencia, Palencia y Sevilla.



De toda la obra del compositor, Los Afectos Diversos ha centrado su trabajo en su principal libro de música profana, Recopilación de sonetos y villancicos a quatro y a cinco, publicado en Sevilla en 1560.

La Recopilación… está integrada por sesenta y siete piezas y, a pesar del nombre de la obra, son casi todas villancicos e incluye tan solo seis sonetos, además de catorce canciones cortesanas.

Es un volumen que recoge temas muy populares de la época, algunos de los cuales aparecen en las grandes antologías, como los Cancioneros del Duque de Calabria y el de Palacio.

Tal era la fama de Vásquez como músico que hasta recibió panegíricos, como este soneto que firma el Licenciado Alonso de Barrera:

    Soneto en loor de la múflca
    y de luán Vasquez, múfico

    sabemos que los ángeles del cielo
    Alaban siempre a Dios, con acordada
    Música, y armonía concertada,
    En eterno contento, y gran consuelo.

    Muestr’alma rastreando deste velo
    Mortal cubierta, bien ymaginada
    La tiene acá, y en puntos dibuxada
    Haze concento angélico en el suelo.

    í deste ymaginar, y concertalla,
    luán Vasquez tanta parte y tal alcanza,
    Qual muestran muchos libros que á compuesto.

    ^ue oyéndolos, nuestr’alma dexa aquesto
    Del suelo, y toma aliento, y esperanza
    De yr al reyno del cielo allá a gozalla.

El villancico es la forma literario musical más extendida en la época, así que no es extraño que sea las más abundante en el libro de Vázquez y en otras recopilaciones, como el Cancionero de Medinaceli.

Sus villancicos están concebidos para ser cantados a varias voces (cuatro o cinco como reza el título) y para algunos estudiosos este autor transformó el villancico polifónico tradicional en el “madrigal castellano”, por las innovaciones que introdujo, como la repetición del estribillo y los compases adicionales en forma de coda.

Juan Vásquez transforma el género siguiendo la misma línea compositiva de Juan del Encina, a saber, construyendo sus piezas sobre melodías tradicionales, con simplicidad contrapuntística y economía de procedimientos técnicos.

La influencia italiana del madrigal y la villanesca le llevan a introducir compases nuevos para reforzar la carga expresiva del villancico.

De hecho, se persigue cada vez más la compenetración expresiva de la música y el texto o en palabras del propio Vázquez: “vistiendo el espíritu de la letra del cuerpo y música que más le conviene”.

Y es que el compositor extremeño es tan buen músico como excelso poeta, algo que dejan claro sus brillantes letras, reproducidas con gran acierto, en castellano e inglés, en el cuidado libreto que acompaña al disco.

Valga como muestra la maravillosa Soledad tengo de ti:

    Soledad tengo de ti
    tierra mía do nací.
    Si muriese sin ventura,
    sepúteme en alta tierra
    porque no estrañe la tierra
    mi cuerpo en la sepultura,
    y en sierra de grande altura.
    Por ver si veré de allí
    las tierras a do nací.
    Soledad tengo de ti,
    oh tierras donde nací.

La obra de Vásquez tuvo influencia sobre las piezas escritas por los grandes  vihuelistas, cuyos libros de cifra constituyen uno de los principales hitos del Renacimiento musical español.

Precisamente, Los afectos diversos ha querido reconocer esa deuda introduciendo en el CD cuatro piezas de vihuela basadas en obras del músico pacense.

El primer libro de Juan Vásquez vio la luz en 1551, pero su obra ya era conocida en el panorama musical del momento.

De esta forma, el vihuelista Enríquez de Valderrábano ya en 1547 incluye en su Silva de las sirenas cuatro piezas del extremeño, mientras que Diego Pisador en el Libro de música de vihuela que publica en 1552 recoge otras cuatro.

Estos ocho temas no serán publicados por Vásquez hasta aparecer en la Recopilación de 1560.

Finalmente, Miguel de Fuenllana transcribe hasta once en la obra Orphénica Lyra de 1552.

El disco Si no os hubiera mirado presenta entre sus pistas las adaptaciones para vihuela de Con qué lavaré de Fuenllana, En la fuente del rosel y Si me llaman, a mí llaman de Diego Pisador y Quién me otorgase, señora de Valderrábano.

Para esta grabación el coro Los Afectos Diversos dirigido por Nacho Rodríguez ha contado con el apoyo instrumental de un arpa de dos órdenes, un órgano (“para las piezas de mayor gravedad”), una vihuela, una viola da gamba y un sacabuche.

Como indica el propio Rodríguez en el texto que introduce la obra, el uso de instrumentos potencia la riqueza de colores de la música de Vásquez y para ello incluyen “instrumentos habituales en la España del momento”.

Si no os hubiera mirado constituye una magnífica puerta de entrada a la obra de una de las grandes figuras de la música española y, en paralelo, un vehículo para acercarnos a toda la grandeza y la riqueza cultural de nuestro Renacimiento. 


domingo, 22 de enero de 2017

Severo Bonini y su fresco imperfecto de la vida musical del primer Barroco

Hacia 1649 el monje benedictino florentino Severo Bonini considera cerrado su manuscrito Discorsi e retrole sovra la musica et il contrappunto. En su momento el hecho no tiene mayor trascendencia: Bonini, aunque maestro de capilla en la iglesia de Santa Trinita y compositor de motetes y madrigales, era una figura bastante secundaria dentro del panorama musical de la época. No obstante, dos siglos más tarde su Discorsi se convierte en una obra apreciada en el entorno académico porque supone un testimonio vivo de los años en que se extendió la monodia en la música italiana y en los que la ópera daba sus primeros pasos.

La intención de Bonini al escribir su obra era construir un gran tratado sobre la música, describiendo cómo surgió en la antigüedad, sus clasificaciones y el origen e historia de los diversos instrumentos. En paralelo llevó a cabo una defensa de la superioridad de la música moderna que surgía en Italia a principios del siglo XVII sobre las formas anteriores y, más concretamente, de la técnica de canto del estilo recitativo, cuya invención atribuye a su maestro Giulio Caccini.

Aunque, como ha sido apuntado arriba, no es uno de los nombres de mayor brillo del principio del Barroco, Severo Bonini fue testigo vivo de la revolución que experimentaron las formas musicales, y en su modesta medida, tuvo su protagonismo como agente del cambio. Entre sus logros se puede destacar el ser el primero en adoptar la nueva monodia a la música sacra, como hizo en las composiciones que integran sus Madrigali e canzonette splrltuali, obra que vio la luz entre 1607 y 1608. Escribió igualmente uno de los primeros motetes dialogados, Missus est Gabriel en 1609, y también probó suerte con el estilo recitativo en obras profanas, como el Lamento d´Arianna en 1613. Dos años después intentó combinar los estilos musicales florentinos de vanguardia con formas más clásicas, dando lugar a los motetes de “istile misto” de sus Affetti spiritualli. Este año de 1615 marca el final de su vida dentro de la nueva ola musical puesto que pasará los siguientes veinticinco años viviendo en pequeñas comunidades eclesiásticas y primando las tareas monásticas sobre la composición.

Sin duda el Discorsi e retrole sovra la musica es la gran obra de Severo Bonini. El primero que la referencia es Adrien de La Page en 1864 en sus Essais de Diphtêrogranhie Musicale. Este autor se muestra extremadamente crítico con el libro de Bonini resaltando su falta de percepción y su penoso estilo de redacción. Otros siguieron a La Page en destacar los defectos del Discorsi.

Maryann Teresa Bonino (Don Severo Bonini, 1972) investigó a fondo la obra en cuestión y concluyó que su mayor defecto es que el autor absorbió conceptos, nombres y eventos y los plasmó tal cual en el libro sin la mínima digestión, selección o evaluación. Parece ser que no realizó la menor sistematización crítica de una cantidad ingente de información que no acababa de entender del todo. El resultado es un gran mural de personajes y actitudes del siglo XVII.

Cuatro son las tesis que defiende Bonini en Discorsi e retrole sovra la musica, a saber:

1. Que la música no es una mera “bufonada” sino una ciencia divina (“non e buffoneria ... ma scientla propriamente divina”).
2. Que la música moderna, especialmente el estilo recitativo, es mejor que la de los antiguos.
3. Que Giulio Caccini inventó el estilo recitativo.
4. Que, con algunas reservas, los conjuntos de instrumentos no deberían estar prohibidos en las iglesias.

Severo Bonini considera que los renovadores florentinos de la música en su época son superiores a cualquier compositor anterior. Su catálogo de músicos contemporáneos es, no obstante, incompleto y fuertemente sesgado hacia los procedentes de la ciudad de Florencia. 

Presenta una cronología desordenada y numerosos fallos y omisiones en los datos sobre los músicos de su época. Por otro lado, su falta de criterio le hace destacar a músicos desconocidos y situarlos en lo más alto, como hace con Giovanni Orlandi al que coloca a la altura del mismísimo Monteverdi.

A pesar de la falta de exhaustividad de la obra de Bonini, sus estampas de la época y de sus gentes aportan cierto valor sociológico. En su intento de reflejar la adopción de la monodia y los primeros tiempos de la ópera, consigue elaborar un fresco del ambiente musical de la época, si bien imperfecto y sesgado por sus prejuicios, aunque vivo y colorista.