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viernes, 26 de diciembre de 2025

Cantar alla Viola presenta las delicias musicales de Jacob Kremberg



Jacob Kremberg: Musicalische Gemüths-Ergötzung, oder Arien - Dresden,1689 Cantar alla Viola Da Vinci Classics

Nunca acabaremos de agradecer lo suficiente el que haya artistas que se salgan de los caminos trillados de la música clásica para arriesgarse con repertorios poco o nada conocidos por el gran público. Por suerte, cada vez son más los que presentan programas o grabaciones de compositores cuyos nombres quedaron perdidos entre los pliegues del tiempo y cuya obra no ha recibido en la actualidad la suficiente atención. El dúo Cantar alla Viola se suma una vez más a esta tendencia con su nuevo disco dedicado al músico polaco Jacob Kremberg, un monumental lanzamiento en tres cedés que contienen hasta ochenta pistas que cubren la totalidad de la obra Musicalische Gemüths-Ergötzung, oder Arien, publicada en Dresde en 1689.


Cantar alla Viola es un grupo formado por la soprano Nadine Balbeisi y el gambista Fernando Marín, que en 2024 celebró sus veinte años sobre los escenarios con la publicación del disco A Musical Tour, que, de alguna manera, resumía los programas que han ido interpretando a lo largo de su carrera en la forma de un viaje musical de la viola da gamba, desde el Renacimiento hasta el Barroco. Marín y Balbeisi siempre han apostado por dar a conocer a figuras relacionadas con la cuerda frotada con una obra valiosa merecedora de ser difundida, como los británicos Robert Jones y William Corkine, protagonistas respectivamente de dos de los discos del dúo. Ahora le ha tocado el turno a Jacob Kremberg y a su libro de “delicias musicales o arias”, que, parece ser, nunca había sido grabado en su totalidad.


Kremberg nació en Varsovia a mediados del siglo XVII y fue un compositor y laudista que desarrolló una carrera profesional a lo ancho y largo de Europa. Cursó sus estudios en la Universidad de Leipzig y ya en 1677 ejercía como músico de cámara del administrador de la Colegiata de Magdeburgo, aunque un año después figura como miembro de la capilla real sueca. Entre 1682 y 1691 figura como cantante en la capilla de la corte del electorado de Dresde a las órdenes del vicemaestre Nicolaus Adam Strungk; no obstante, entre 1693 y 1695 reaparece en Hamburgo como codirector de la ópera junto a Johann Sigismund Kusser y como escritor de libretos para la escena. Tras una estancia en los Países Bajos, en concreto en la Universidad de Leiden, la pista de Jacob Kremberg conduce hasta Londres, ciudad en la que en 1697 organiza una serie de conciertos en la Hickford's Dancing School, y, en 1702, reside en Escocia ejerciendo como maestro de música de los hijos de Lady Grisell Baillie, de Mellerstain House, Berwickshire. Finalmente, el colofón de su agitada carrera es un puesto como músico en la corte inglesa, que desempeñará desde 1706 hasta su muerte en 1715.


La obra que nos ocupa, Musicalische Gemüths-Ergötzung, oder Arien, fue escrita en 1689 durante su estancia en la ciudad de Dresde. El título completo nos da una idea de la naturaleza de este trabajo: Delicias musicales, o arias, junto con sus poemas en alto alemán, en parte obra de personalidades de alto rango y personas excelentes, en parte de mi propia invención. Están arregladas para ser cantadas a una sola voz junto al bajo continuo, o interpretadas simultáneamente y especialmente con laúd, angélica, viola da gamba y chitarra. Todas ellas realizadas al más moderno estilo italiano y francés con gran esfuerzo y diligencia, y arregladas con total comodidad para la mano, según la naturaleza y las características de cada instrumento. Como curiosidad, destacar que Kremberg es uno de los pocos compositores que han escrito música para angélica o angélique, un instrumento barroco similar a la tiorba que constaba de dieciséis cuerdas.


Se trata de un repertorio que se ajusta a la perfección al estilo de Cantar alla Viola, cuya especialidad se centra en la música vocal acompañada de la cuerda frotada. El proyecto consta de cuarenta arias con cuarenta solos para soprano y viola da gamba en doce scordaturas o afinaciones distintas. La magnitud de la grabación ha requerido la construcción de dos instrumentos copiados de modelos que alberga el Museo de Núremberg: la viola da Gamba de Franz Zacher (1693), que suena en los dos primeros discos, y la de Mathias Regenspurger (1682), presente en el tercero.   


Nadine Balbeisi y Fernando Marín vuelven a ofrecer un trabajo de exquisita facturación que nos acerca toda la emotiva belleza de la creación de Kremberg, con una ejecución cuidada y detallista que es ya un sello de la casa. 


jueves, 23 de octubre de 2025

El Manuscrito Drexel: el canto del cisne de la viola da gamba



Abel: The Drexel Manuscript. 29 Pieces for Viola Da Gamba Alejandro Marías Brilliant Classics

La segunda mitad del siglo XVIII supuso la sustitución definitiva de la viola da gamba por el violonchelo barroco -y, en general, la familia del violín- en los escenarios musicales. Aunque desde el siglo XVI habían convivido, la potencia sonora del segundo se acabó imponiendo al sonido suave y delicado de la primera. Uno de los últimos virtuosos de la viola da gamba fue el alemán Carl Friedrich Abel, quien dejó para la posteridad un libro de piezas para el instrumento en solitario que es conocido como el Manuscrito Drexel, pues acabó engrosando la nutrida colección de partituras antiguas del filántropo Joseph William Drexel. El nuevo disco del gambista Alejandro Marías constituye una grabación de las veintinueve piezas que engrosan el citado documento.

Éste es el segundo volumen que le dedica Marías al compositor de Köthen, dado que hace apenas un año lanzaba con el grupo que dirige, La Spagna, Between Two Worlds, un interesante disco destinado a difundir las distintas facetas de la actividad creativa de Abel. En concreto, incluía una selección de cuatro de los conciertos de Abel para distintos instrumentos -viola da gamba, clavecín y flauta travesera-, así como una sinfonía y un aria, como testimonio de su producción vocal. No obstante, en esta ocasión Alejandro Marías ha preferido acometer este proyecto en solitario, eligiendo este raro repertorio para viola da gamba.


El músico madrileño Alejandro Marías es profesor de viola da gamba y violonchelo barroco en el Conservatorio Superior de Música de Sevilla, y fue en 2009 el fundador del ensemble La Spagna, cuyo espectro de actuación son los repertorios mayormente barrocos, aunque también ha hecho incursiones en el Renacimiento, el Clasicismo y el primer Romanticismo. Entre los discos que ha grabado el conjunto, destacan el dedicado a la obra para viola da gamba de Jacques Morel, Las Siete Palabras de Haydn-Barbieri o Sopra La Spagna, que recoge danzas españolas del Siglo de Oro.


Carl Friedrich Abel nació en 1723 en el seno de una familia de músicos, puesto que su padre, Christian Ferdinand Abel, tocaba la viola da gamba y el violín en la corte del príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen. Aunque se especula con que el joven Carl Friedrich pudo haber estudiado música con el mismísimo Johann Sebastian Bach en  Leipzig hacia 1737, no existen evidencias sólidas, si bien sí hay certeza de que existió una relación entre las familias Bach y Abel más allá de la altamente probable entre Cristian Ferdinand y Johann Sebastian, que coincidieron como músicos cortesanos en Köthen entre 1717 y 1723. Además, en su veintena, Abel estuvo empleado como músico de la orquesta de la corte de Dresde desde 1743, coincidiendo allí con el hijo de J. S. Bach, Wilhelm Friedemann, quien ejercía de organista. No obstante, a partir de 1758 se establece en Londrés donde viviría y trabajaría, cosechando un gran éxito, el resto de su vida.


Su proyección británica como profesional de la música despega en 1760 cuando recibe el privilegio real para publicar su obra en Londres, y, también, cuando entra al servicio del hermano del monarca, Edward Augustus, el duque de York. Igualmente, el destino vuelve a unir a las familias Bach y Abel, pues en la capital inglesa entabla amistad con Johann Christian, el hijo menor de Johann Sebastian, y juntos organizan las series de conciertos Bach-Abel, que constaban de entre diez y quince recitales al año, cuya celebración se extendió entre 1765 y 1781. La obra de Carl Friedrich Abel incluye dos docenas de sinfonías, además de conciertos, oberturas y otras piezas orquestales, a lo que hay que sumar la música de cámara, como cuartetos y tercetos de cuerdas y sonatas.


Abel fue el más prolífico compositor para viola da gamba de la era post barroca, pues han llegado hasta nosotros hasta ochenta y seis piezas en las que figura este instrumento, bien ejerciendo de solo o como parte del bajo continuo. Desde sonatas hasta conciertos, pasando por dúos, tríos y cuartetos, e incluso acompañando un aria está presente. La mayor parte de estos trabajos fue compuesto antes de su llegada a Inglaterra, en la época en la que estuvo trabajando como gambista en la corte de Dresde, dado que era costumbre que el músico compusiese para su instrumento como muestra de su destreza y competencia con él.


Después de haber convivido durante más de dos siglos, la familia del violín acaba por desplazar del todo a las violas da gama durante la segunda mitad del siglo XVIII. Carl Friedrich Abel es uno de los últimos compositores señalados para este cordófono, y el disco que ha grabado Alejandro Marías muestra todo el esplendor de su creación al presentarla en un formato en solitario desnudo de acompañamiento.


Como indica Marías en las notas que acompañan al disco, nadie sabe muy bien por qué o para quién recopiló Abel las piezas incluidas en el Manuscrito Drexel. Lo que parece claro es que probablemente no se trataba de un repertorio destinado al gran público y sí a los entornos más cercanos del autor; en sus palabras, se trata de un vehículo más íntimo “donde hallaba la libertad formal y estilística para verter sus emociones más profundas, valiéndose de su virtuosismo para ponerlo al servicio de la música y no para hacer un mero alarde técnico”. Alejandro Marías considera que este libro constituye una de las obras más relevantes de la literatura para viola da gamba que jamás fueron escritas.


Abel: The Drexel Manuscript es una excelente ocasión para conocer las cotas más altas de elegancia que alcanzó la viola da gamba antes de desaparecer y, a la vez, constituye un compendio de piezas musicales de exquisita factura que destacan por su calidez, encanto y preciosismo.




miércoles, 2 de octubre de 2024

Carl Friedrich Abel en la encrucijada entre el Barroco y el Clasicismo



Abel. Between Two Worlds 

La Spagna 

Brilliant Classics 


 El nuevo lanzamiento discográfico del ensemble La Spagna reivindica la figura del compositor alemán del Barroco tardío Carl Friedrich Abel, un nombre que, si bien no resuena entre los más familiares de la música de la época, rubricó una obra sumamente interesante espejo del proceso de transición hacia el Clasicismo. Por ello, Between Two Worlds se convierte en un vehículo necesario para dar a conocer al gran público las distintas facetas del acervo de composiciones de Abel. 

 

El violagambista Alejandro Marías fundó La Spagna en 2009 con el fin de interpretar repertorios mayormente barrocos, si bien el grupo también ha hecho incursiones en el Renacimiento, el Clasicismo y el primer Romanticismo. La formación tiene una doble dimensión, como conjunto de cámara y como orquesta barroca, interpretando óperas y oratorios junto a solistas y directores invitados. En los últimos tiempos, ha actuado en lugares como la Sala Sinfónica del Auditorio Nacional de Música, el Palacio Real o el Congreso de los Diputados, así como en el Festival de Música Antigua de Sevilla, el Festival Internacional de Arte Sacro o el Festival de Música Española de Cádiz. 

 

Between Two Worlds constituye el séptimo título de la discografía de La Spagna, una colección que incluye, entre otros, un volumen dedicado a la obra para viola da gamba de Jacques Morel, Las Siete Palabras de Haydn-Barbieri o Sopra La Spagna, una grabación de danzas españolas del Siglo de Oro. Ahora, el conjunto ha fijado la mirada en Carl Friedrich Abel, un notable violagambista muy renombrado en el Londres de la segunda mitad del siglo XVIII, quien, aparte de su habilidad con ese cordófono, dejó su huella como compositor, principalmente a través de obras instrumentales. 

 

Abel nace en 1723 en Köthen en una familia de músicos, pues su padre Christian Ferdinand Abel tocaba la viola da gamba y el violín en la corte del príncipe Leopoldo de Anhalt-Köthen. Aparte de la impartida por su progenitor, la formación musical de Carl Friedrich pudo proceder del mismísimo Johann Sebastian Bach, con quien habría estudiado en Leipzig a partir de 1737, si tenemos en cuenta lo que relata el musicólogo viajero dieciochesco Charles Burney. En cualquier caso, sobre lo que hay más certeza es en que existió una relación entre las familias Bach y Abel más allá de la altamente probable entre Cristian Ferdinand y Johann Sebastian, que coincidieron como músicos cortesanos en Köthen entre 1717 y 1723. 

 

Un Carl Friedrich Abel veinteañero estuvo empleado como músico de la orquesta de la corte de Dresde desde 1743, coincidiendo allí con el hijo de J. S. Bach, Wilhelm Friedemann, que ejercía de organista. Hacia 1757 abandona la ciudad por la inseguridad derivada de los continuos ataques que sufre por parte de Federico el Grande de Prusia, y, en la temporada 1758/59, se establece en Londres, ciudad que se convertirá en su hogar para el resto de su vida.  

 

Parece ser que Abel se ganó al público británico desde su primer recital, que tuvo lugar el 5 de abril de 1759, en el que interpretó en su mayoría composiciones propias, tanto con la viola da gamba como con el clavecín y con un nuevo instrumento bautizado como pentachord por su inventor, Sir Edward Walpole, el hijo de un político de la época. Su carrera despega con fuerza en 1760 cuando recibe el privilegio real para publicar su música en Londres, y, también, cuando entra al servicio del hermano del monarca, Edward Augustus, el duque de York. El destino vuelve a unir a las familias Bach y Abel, pues en la capital inglesa entabla amistad con Johann Christian, el hijo menor de Johann Sebastian, y juntos organizan las series de conciertos Bach-Abel, que constaban de entre diez y quince recitales al año, cuya celebración se extendió entre 1765 y 1781. 

 

La obra de Carl Friedrich Abel incluye dos docenas de sinfonías, además de conciertos, oberturas y otras piezas orquestales, a lo que hay que sumar la música de cámara, como cuartetos y tercetos de cuerdas y sonatas. La Spagna ha realizado para la grabación una selección de cuatro de los conciertos de Abel para distintos instrumentos -viola da gamba, clavecín y flauta travesera-, así como una sinfonía y un aria, como único testimonio de su música vocal. 

 

La sinfonía que aparece en el disco es la nº4 de las seis que integran la Op. 10 de Abel, que, curiosamente, están dedicadas a William Young, gobernador de Dominica, lo que nos indica que en el momento de su publicación en 1771 la obra del compositor ya era conocida en las Américas. 

 

De los veintinueve conciertos para instrumentos en solitario, Between Two Worlds presenta dos para viola da gamba, otro para flauta travesera y un tercero para clavecín. De hecho, tanto el Concerto Flauto Traverso Concertato en mi menor como el Concerto a Cembalo obligato en re mayor son partituras inéditas que han sido grabadas por vez primera. Los solistas que aparecen en el disco son el flautista Rafael Ruibérriz de Torres, el teclista Jordan Fumadó y el gambista Alejandro Marías, quien además dirige la formación. 

 

Mención aparte merece el aria Frena le belle lagrime de la ópera pasticcio Sifare por ser uno de los escasos ejemplos de música vocal dentro del repertorio mayormente instrumental de Abel. Fue estrenada en el King´s Theatre de Londres en marzo de 1767, y, al parecer, solamente tuvo esa representación. En esta ocasión, La Spagna ha contado con la voz de la soprano Jone Martínez en una interpretación bella y emotiva. 

 

El valor de la música de Carl Friedrich Abel es que se convierte en el engranaje de la transición entre el último Barroco y el Clasicismo, y como tal hay que apreciarla. Como indica con acierto Alejandro Marías, hay que escuchar Abel con los oídos perplejos del público de Telemann, no con los oídos condescendientes del público de Mozart. Sólo así se puede percibir su modernidad”.