lunes, 26 de octubre de 2020

Forma Antiqua y el Madrid de Vicente Baset

Cuando hablamos de recuperar el patrimonio cultural español del pasado, quizá sea en el terreno de la música donde nos queda más trabajo por hacer. Si realizáramos el sencillo experimento de salir a la calle y pedirle a varios viandantes seleccionados al azar que nombrasen a tres pintores o literatos anteriores a 1750, es casi seguro que no tendrían problema en contestar correctamente. ¿A quién, por poca cultura que tenga, no le suenan figuras como Cervantes, Lope de Vega o Quevedo, o en las artes plásticas Velázquez, Murillo o Zurbarán, por poner algunos ejemplos de los más evidentes? Pero, si hacemos la misma prueba solicitando nombres de compositores españoles de la antigüedad, lo más probable es que no recibamos ninguna respuesta. Creo que no exagero.

Todo esto viene a cuento porque iniciativas como la que ha llevado a cabo Forma Antiqua, grabar y difundir la obra del violinista Vicente Baset, resultan tan necesarias como urgentes para reconstruir el legado musical de nuestro país, que por razones diversas ha quedado escondido y olvidado entre los pliegues de la historia.

Baset fue un compositor e intérprete valenciano que desarrolló gran parte de su carrera en el Madrid de mediados del siglo XVIII, una ciudad que mostraba entonces una gran efervescencia musical con´el florecimiento de los teatros municipales y la progresiva profesionalización de los instrumentistas, que dejaban de ser itinerantes para pasar a incorporarse como personal fijo de las compañías.

De hecho, a finales de las década de los cuarenta su nombre aparece en el “reglamento de sueldos” de 1748 -recogido por Farinelli en su obra Fiestas reales en el reinado de Fernando VI- como uno de los dieciséis violinistas de la orquesta del Real Coliseo del Buen Retiro, junto con otros destacados de la época, como Daniel Terri, Pablo Facco, Antonio Marquesini, José Bofati, Juan Busquet o Juan Ledesma.

El disco que presentan los hermanos Zapico lleva el nombre de Baset, y recoge las once sinfonías que compuso. La iniciativa -una empresa sin duda ambiciosa- ha podido ser llevada a cabo gracias a una beca "Leonardo" para Investigadores y Creadores Culturales de la Fundación BBVA. Desde 2016, el director Aarón Zapico trabaja en directo este repertorio, y lo ha sometido a distintos contextos, desde la interpretación con una formación minimalista hasta ponerlo en manos de una orquesta sinfónica. La obra de Vicente Baset enfrenta con éxito todos los planteamientos y montajes, de forma que en 2019 pone en marcha la grabación, con el fin de sacar a la luz y difundir la riqueza de estas partituras, que, en palabras del propio Aarón Zapico, “saben a Nebra y Domenico Scarlatti pero también a Telemann o Vivaldi”.



Con fecha reciente Ars Hispana confirmó, a través del acta de bautismo, que Vicente Baset nació en Valencia el 18 de abril de 1719,  y que fue bautizado en la parroquia de San Esteban de dicha ciudad el día siguiente. Hijo del labrador Tomás Baset y de Juana Bautista Aixa, su vocación musical pudo llegarle a través del marido de su hermana, Pedro Antonelli, violinista profesional, y probablemente el primer maestro del instrumento del pequeño Vicente.

No se conocen excesivos detalles de su vida, pero prueba de la destreza que llega a desarrollar es que a mediados de siglo forma parte de la élite de músicos que constituía la orquesta del Real Coliseo del Buen Retiro. A finales de la década de los cincuenta entra a formar parte de la compañía de María Hidalgo como primer violín, donde probablemente acabó su carrera. Sugiere Zapico en las notas que acompañan al disco que, a juzgar por lo generoso que fue el violinista con la Hidalgo en su testamento, probablemente les unió algo más que los meros compromisos contractuales. Quién sabe…

Vicente Baset vivió en una villa y corte con una vida musical muy intensa, hasta el punto que Aarón Zapico ha llegado a comparar la época en torno a 1750 con el ya mítico Madrid de la Movida de los años 80. Y era también el escenario de la expansión y evolución de la música para violín -o que incluía a este instrumento-, tanto en el marco de la Iglesia, como en la cámara, el teatro y la danza. Ana Lombardía, en su tesis Violin music in the mid-18th century Madrid: contexts, genres, style, plantea cómo a partir de 1740, a las figuras de violín de capilla, violín de baile y violín escénico, se le suman el violín de cámara y el maestro de violín. Poco a poco, el intérprete del instrumento va ampliando los ámbitos en los que participa, y, de hecho, desde comienzos de la década de los años 1750, el violín abandona la exclusividad aristocrática y comienza a popularizarse entre las clases medias, como demuestra el tratado de autoaprendizaje de Pablo MInguet, publicado en 1752.

Todo lo anterior lleva a la conclusión de que Madrid era un lugar donde había oportunidades profesionales para los violinistas europeos, al igual que en otras capitales como Roma o París, si bien la actividad musical era algo menor, dado que no se celebraban todavía conciertos públicos y que la edición de música impresa era escasa. De hecho, refiere Lombardía, esta última se reducía al ámbito religioso, de cámara y de danza.

Durante el reinado de Fernando VI, entre 1746 a 1759, proliferaron las academias de música de cámara en la corte, pero también en las residencias aristocráticas. En el ámbito de la realeza, Farinelli y María Bárbara de Bragança poseían bibliotecas que contenían obras para violín. Igualmente, entre la nobleza destacaban personajes que coleccionaban este tipo de piezas -encargándo se creación a compositores del momento- como el duque de Huecar/Alba o el barón Carl Leuhusen, quien fuera secretario del embajador de Suecia en España entre 1752 y 1755. Precisamente, la biblioteca de este noble sueco ha preservado para la posteridad las sinfonías de Baset objeto de este disco.

Ana Lombardía -quien defiende en su tesis que la producción de composiciones para violín en el Madrid de mediados del XVIII era muy superior a la reconocida tradicionalmente por la musicología- habla de un boom de demanda por parte de las casas nobles, lo que hace que entre 1740 y 1776 recalasen en la villa y corte hasta veinte virtuosos de las cuerdas para ofrecer sus composiciones, gente como Francesco Corselli, Domenico Porretti, Mauro D´Alay, Francesco Montali, Mathias Boshoff, Christiano Reynaldi, Gaetano Brunetti o el mismísimo Luigi Boccherini.

Son las piezas de Vicente Baset grabadas en este CD un fiel ejemplo del tipo de composiciones de la España de ese momento. En el caso del compositor valenciano, Aarón Zapico destaca la influencia de su experiencia como músico de escena que se detecta en las sinfonías, que, a pesar de mantener una estructura formal alternando movimientos rápidos y lentos, presentan rasgos muy teatrales, como “la innegable habilidad de condensar en pocos compases una sólida idea perfectamente desarrollada rítmica y melódicamente” o “una capacidad perenne para el giro inesperado”.

Se trata de piezas que mantienen intacta su frescura y capacidad para provocar un abanico de sensaciones, que poco tienen que envidiar a las creaciones de los grandes nombres extranjeros que operaban en aquel Madrid dieciochesco.

 

martes, 13 de octubre de 2020

Capella de Ministrers le pone música a la rebelión de la Germanías


El prolífico conjunto dirigido por Carles Magraner ya tiene otro trabajo en el mercado, Germanies.Se trata del segundo lanzamiento discográfico en lo que va de año, puesto que en febrero publicaron un trabajo dedicado al polifonista Cristobal de Morales.Y este salió casi seguido de A Circle in the Water, un elogio a la melancolía de la música británica del Renacimiento.

Un hecho histórico del que ahora se cumple el quinto centenario, la revuelta de las Germanías valencianas, sirve de motivo argumental para realizar esta recopilación de música renacentista europea en torno a la guerra. De 1519 a 1523 se extendió el conflicto en el reino de Valencia -aunque también tuvo su reflejo en el de Mallorca- entre la burguesía gremial y la nobleza. En paralelo, en Castilla las Comunidades se habían alzado en armas contra el emperador Carlos, episodio que acabó con el ajusticiamiento de los cabecillas del movimiento en Villalar, en 1521.

Para sacar adelante esta empresa, Carles Magraner ha contado con las voces de Èlia Casanova, Hugo Bolívar, Albert Riera, Víctor Sordo, Jesús Navarro, Ignacio Pérez y Pablo Acosta. En la sección de cuerda frotada le acompañan las violas da gamba de Lixania Fernández, Jordi Comellas y Leonardo Luckert, así como el violone de Raquel Fernández. En el apartado de viento han participado en la grabación del disco David Antich (flautas), Núria Sanromà (cornetto), Silke G. Schulze (chirimía),Ovidi Giménez (bajón), y los sacabuches de Elies Hernàndis, Joan Marín, Álvaro Martínez y David García. La percusión ha corrido a cargo de Pau Ballester, mientras que Robert Cases ha tocado la guitarra y la tiorba en las pistas, y Sara Águeda el arpa. Una formación de lujo que borda un producto sumamente atractivo y sugerente.


Guerra y paz en el Renacimiento
es el subtítulo del trabajo porque, en efecto, todas las piezas seleccionadas están relacionadas con los conflictos armados, o, por el contrario, hacen alusión directa a su contrario, el tiempo de paz. Dentro del elenco de compositores cuya obra nutre las pistas del disco, destacan dos españoles, de los más grandes del siglo XVI español: Mateo Flecha el Viejo y Cristóbal de Morales.

De Flecha nos encontramos con dos ensaladas, ese género musical tan característico de nuestro Renacimiento, que ha sido calificado como contradictorio y anárquico, a la vez de culto y popular, y que combina lo burlesco con lo simbólico y lo sacro. El primer tema es El jubilate, compuesto presumiblemente durante la estancia del compositor en Valencia, donde parece ser que estuvo relacionado con la corte del duque de Calabria. Hace referencia a la batalla de Pavía en la que fue apresado el rey francés Francisco I, y llevado prisionero a Madrid.

Por otra parte, Germaníes incluye una parte de otra ensalada de Mateo Flecha, La guerra, cuya composición sitúa la musicóloga Maricarmen Gómez (Semblanzas de compositores españoles, Mateo Flecha el Viejo, Fundación Juan March) durante la etapa que pasó en Guadalajara en la órbita del duque del Infantado, don Diego Hurtado de Mendoza y Luna III, donde tomaría contacto con la obra del francés Clément Janequin, y con su pieza La guerre, que celebra la victoria de su país sobre los mercenarios suizos en septiembre de 1515.

El otro nombre español presente en el CD es el de Cristóbal de Morales, con el motete Jubilate Deo omnis terra, que el papa Paulo III utilizó como banda sonora para las conversaciones de paz entre el emperador Carlos V y Francisco I en Niza en el año 1538. Convencido de la fuerza de la música como instrumento para la paz, el pontífice envió a veinte cantores de su capilla y numerosos ministriles para interpretar la pieza en el encuentro entre los monarcas.

Figura también en el programa el francoflamenco Orlando de Lasso con su motete Da Pacem Domine, que cierra su libro Il primo libro de mottetti a cinque & a sei voci de 1556.

Del organista alemán Samuel Scheidt se ha incluido la Suite de batalla. Scheidt publicó tres volúmenes para conjunto instrumental conocidos como Ludi musici que recogen la Battle Suite integrada por I. Galliard Battaglia, II. Courant Dolorosa y III. Canzon Bergamasque. Otro compositor y también organista alemán es Michael Praetorius -también, como Scheidt del Renacimiento tardío o del primer Barroco-, autor de Terpsícore, una recopilación de más de trescientas danzas y melodías francesas, arregladas y publicadas por él en 1612. Allí viene incluida Galliarde et Courant de la Guerre, Entrée, Bouree & Courrant de Bataglia, que aparece en el disco.

Alla battaglia del holandés Heinrich Isaac es una pieza que se dice que está relacionada con el intento del florentino Lorenzo de Medici -mecenas del entonces joven compositor- de conquistar la fortaleza de Sarzanello en 1485, a la sazón en poder de los genoveses. También nos es presentada en la selección un tema de Tielman Susato, editor musical y compositor holandés, que publicó el libro de danzas Het derde musyck boexken...alderhande danserye en 1551, al que pertenece el título incluido en el CD Les Grand Douleurs & Pavane Sur la Bataille .

Claude Gervaise, autor de otro de los instrumentales que figuran en Germanies, trabajó de ayudante del editor Pierre Attaingnant, el gran editor de la chanson francesa de principios del siglo XVI. De su obra ha sido extraída la pieza Pavanne & Gaillarde de la Guerre.

Andrea Gabrielli fue organista en San Marcos de Venecia, y está considerado como el primer compositor de la Escuela Veneciana que adquirió fama internacional. Su Aria della Battaglia, incluida en el CD, es una pieza instrumental de corte militar muy en la línea de la música bélica que se hacía en el Renacimiento. Por su parte, el organista alemán Hans Leo Hassler, autor de Intrada & Gagliarda, fue discípulo de Gabrielli y llevó la influencia musical veneciana hasta su tierra de origen: madrigales, villanelle, canzonette, y el tipo de canción para la danza que caracterizó la obra del compositor Giacomo Gastoldi.

Precisamente, cierra el disco una versión del madrigal Amor Vittorioso de Giovanni Giacomo Gastoldi, que es un claro ejemplo de balleto o el tipo de pieza polifónica de naturaleza danzarina que influiría en el madrigalista inglés Thomas Morley. En la letra, Amor llama al combate a sus huestes, con el tradicional cántico en forma de fa-la-la tan risueño y divertido que caracteriza a este tipo de madrigal.

 

miércoles, 7 de octubre de 2020

Pere Rabassa y los aires renovadores de la música del siglo XVIII

Hay nombres que se quedan en un segundo plano dentro de la historia de la música española, y que, sin embargo, han contribuido en gran medida a innovar y dar esplendor a las formas de su época. Es este el caso del barcelonés Pere Rabassa, cuya vida profesional estuvo fuertemente unida a las capillas de las catedrales de Valencia y de Sevilla en el siglo XVIII.

Como indica Rosa Isusi Fagoaga [Pere Rabassa: un innovador en la música religiosa española del siglo XVIII (Estado de la cuestión), 1995] Rabassa contribuyó a introducir la influencia italiana en la música religiosa, después de que había ido permeando en la música escénica a lo largo del siglo XVII. La adaptación al gusto español se produce por vía de la zarzuela en la forma de Recitado y Área, por el estilo recitativo y el aria operística. Y esas innovaciones son introducidas también en la música sacra por este compositor, tanto a través de su faceta creativa en su obra, como desde la perspectiva puramente teórica, a través del tratado de composición que escribió.

Aunque su composición no solo introduce elementos importados de Italia, y comparte los formatos característicos de la música religiosa de principios del siglo XVIII, como son las obras policorales con muchas voces -hasta doce en ocasiones-, así como la presencia de numerosos y variados instrumentos, como violines, clarines, violón y órgano.

Con todo, parece ser que no ha llegado hasta nosotros información suficiente sobre su obra como para juzgarla en la importancia que merece. Y, aun así, Rabassa es elogiado por grandes musicólogos como Rafael Mitjana, que destaca que “era aficionado a escribir en un estilo pomposo para un gran número de voces” y subraya su gran habilidad contrapuntística, o Higinio Anglés, que alaba su técnica primorosa de escribir música para numerosas voces y le considera, junto con José Pradas, “gloria de la escuela valenciana del siglo XVIII”.

Pere Rabassa respiró los aires italianos desde su juventud. Nacido en Barcelona en 1683, inició su formación musical como infantillo de la capilla de la catedral, para pasar a convertirse en cantor y arpista bajo la dirección del maestro Francisco Valls. En 1705, en plena Guerra de Sucesión, el archiduque Carlos de Austria instala su corte en la ciudad y trae con ella su propia capilla musical, dirigida por el napolitano Giuseppe Porsile. La frecuente colaboración entre la capilla catedralicia y la ducal sin duda supuso una poderosa influencia de las formas innovadoras italianas en Valls y Rabassa.

La presencia en la Ciudad Condal del archiduque -ya coronado como Carlos III- atrajo a grandes figuras de la música italiana del momento, como Antonio Caldara, y fueron representadas óperas en la Lonja de autores como Francesco Gasparini, Carlo Pollarini o Carlo Agostino Badia. Precisamente, una de las primeras composiciones de las que se tiene noticia de Pere Rabassa es el tono Elissa, gran Reyna, interpretada en 1710 en el Palau de Barcelona ante Elisabeth Cristina Wolfenbüttel, consorte de Carlos.



La carrera de Rabassa comienza a despegar en 1714, cuando es nombrado maestro de capilla de la catedral de Vic, cargo que abandona al año siguiente cuando pasa a dirigir la capilla de la catedral de Valencia -puesto de mucho mayor prestigio-, donde ejercerá hasta 1724. Durante este periodo es reconocida su labor renovadora de las formas musicales religiosas de la ciudad, especialmente por los villancicos que compone entonces.

En agosto de 1724 tomó posesión del cargo de maestro de capilla de la catedral de Sevilla, a donde le lleva la fama que ya atesora como gran músico y el éxito que cosecha su obra en todo el orbe eclesiástico, como, por ejemplo, un Miserere suyo que se había cantado ese año en el templo hispalense, y que fue muy celebrado por los maestros de coro. Este será su destino hasta su jubilación, que tuvo lugar en 1757, diez años antes de su muerte.

Pere Rabassa compuso 156 obras, 111 de ellas escritas en latín, que en su mayoría están localizadas en la catedral de Valencia, en la de Sevilla, y en el Archivo del Colegio del Corpus Christi de Valencia. Entre los diversos tipos de piezas, destacan misas, motetes, salmos, letanías, Magnificat, Salve Regina y misereres. Por otro lado, han llegado hasta nosotros hasta 33 villancicos suyos en lengua romance.

Aparte de lo anterior, es el autor de cuatro oratorios que fueron interpretados en la iglesia de San Felipe Neri de Valencia, a saber: La gloria de los santos (1715), La caída del hombre y su reparación (1718), Oratorio sacro a San Juan Bautista (1720), y Diferencia entre la Buena y Mala Muerte, representada en la del mendigo Lázaro y en la del rico Avariento (1721).

En otro orden de cosas, Rabassa es el autor de un tratado teórico, que tituló Guía para los principiantes que dessean Perfeycionarse en la Compossicion de la Mussica. La obra está estructurada en tres partes, una primera dedicada a la técnica del contrapunto, una segunda que versa sobre las tablas de graduación de las voces, y finalmente, la última sobre las apuntaciones de los doce tonos de antaño y de los ocho de después, y sobre la forma de unir la voz con violines y otros instrumentos.

La composición religiosa de Pere Rabassa bebe de las formas italianas a través del teatro, que había sido el primero en asumirlas. Es por ello, como subraya Rosa Isusi, que en ocasiones sus creaciones presentan un influjo directo de la escena, algo que suscita las críticas de los sectores más conservadores del momento: “Esta influencia del estilo teatral en la música religiosa, a través de la incorporación de su temática literaria, presencia de diferentes voces (personajes) que dialogan y una instrumentación rica con presencia de violines, fue pronto atacada por los defensores de la antigua gravedad de la música del templo”.

Estamos ante una de las grandes figuras del Barroco tardío español, cuya obra no ha comenzado a estudiarse ni interpretarse con detenimiento.

sábado, 3 de octubre de 2020

Trobairitz, bruja, santa o meretriz


La intérprete Mara Aranda presentará los temas de Trobairitz, disco con el que en 2020 celebra 30 años de trayectoria artística, en la Almazara del Monasterio de Simat de la Valldigna, a las 19:00 horas el próximo día 9 y en Alzira el día 10 a las 19:00 en el Auditorio Municipal.

La cantante abordará un repertorio de contenido universal. “Los temas que herían hace centurias siguen haciéndolo en pleno siglo XXI”, transmitido por las trobairitz (cantautoras de la Edad Media) y soslaya la consideración que tenía la mujer en la sociedad medieval: bruja, santa o meretriz. Ensalza en su trabajo discográfico la figura valiente de otro modelo de mujer que lleva las riendas de su vida y de su destino porque “a pesar de la época que les tocó vivir, consiguieron encontrar la manera de hacer llegar a las futuras generaciones el fruto de sus pensamientos, sentimientos y acciones. Su valioso testimonio, su herencia”, defiende la intérprete valenciana más universal.

Aranda rescata del olvido a las trobairitz, mujeres trovadoras y poetisas de la Edad Media que fueron atacadas con las más duras palabras y los actos más repudiables que ya venían desde antaño. Se lee de ellas en la Biblia: ‘la mujer es más amarga que la muerte; ella es para el hombre una trampa, su corazón es una red y sus brazos cadenas’. Ovidio, en sus Remedia amoris aconseja considerar los defectos de la amada como un medio para eliminar el amor. La misoginia estaba muy arraigada en la Edad Media. Los autores de escritos de la época atacan como arrebatados por un odio y menosprecio sangriento y sin límites, “achacándoles toda clase de vicios y origen de todos los males que aquejaban al hombre”, confirma Aranda. Ni siquiera aquellas que eligieron los hábitos o las beguinas, de las que podría pensarse que no representan ninguna amenaza para el hombre, escapaban de la afilada invectiva de los poetas.

Estas estas mujeres de la nobleza medieval, que saben leer y escribir, tañer instrumentos y hablar en público, comportarse con la necesaria corrección, crean unas composiciones que han llegado hasta nuestros días desde los siglos XII y XIII.

Aranda afirma que “reivindicando a las trobairitz, quiero poner en valor a todas las mujeres silenciadas en todos los ámbitos, también en la música, y no solamente en la Edad Media. En el siglo XXI sigue habitando en muchas palabras el silencio”; y subraya que “este es un homenaje a todas esas mujeres y hombres que, desde el presente, reconocen y admiran el coraje y la importancia de sus testimonios, y trabajan en la dirección de conseguir un ecosistema más eficaz en las relaciones humanas en las que todos y cada uno, sin importar sus múltiples diferencias, puedan cumplir sus cometidos desde el respeto”. La propuesta, liderada por Aranda, cuenta con las intérpretes Alba Asensi (rota, arpa y coros), Belisana Ruiz (cítolas, rota y coros), Miriam Encinas (flautas, viella y percusión) y Paula Rivera (violas).

Trobairitz, un canto por y para las mujeres

Mujeres del siglo XXI cantarán y harán sonar sus instrumentos para acompañar unos textos que no han perdido un ápice de actualidad y que fueron escritos por cantautoras medievales como Bieris de Romans, Condesa de Dia, Azalais de Porcairagues, Beatriz de Dia y Clara d'Anduza. También otros escritos y obras instrumentales de las cuales no ha trascendido su autoría, pero que no descarta la autoría de mujeres que vieron en el anonimato una salida para enviar a la historia y a la sociedad del futuro la crónica de los sentires, afectos y avatares de su tiempo. Virginia Woolf afirmaba que “para la mayor parte de la historia 'anónimo' era una mujer”.

Aranda ha manifestado que “estoy muy ilusionada por poder compartir con el público de Alzira, una ciudad de donde son mis antepasados, un trabajo tan especial para mí. Todos mis Arandas vienen de Alzira, he pasado muchas horas en el Archivo Histórico buscando a mis antepasados y fue realmente emocionante encontrarme con mis ancestros, saber que un día estuvieron frente a esas mismas hojas que yo estaba mirando en ese momento”.

La cantante ha indicado que ‘El rol de la mujer, en la época de la que son los textos interpretados, no consistió solamente en ser objetivo preciado de deseo en el amor cortés. Hubo mujeres cultas e instruidas, como las trobairitz, con un relevante papel y protagonismo en la vida cultural y literaria del sur de Francia, donde el occitano era la lengua vehicular de la poesía, que llegó por el norte a Italia y Alemania, y por el sur a Cataluña, Baleares y Valencia.’

Mas allá de la imagen que construyeron sobre ella clérigos y trovadores, la mujer medieval no se limitó a ejercer de bruja, santa o prostituta. En su vida real interpretó los más variados personajes. Igual ayer que hoy: “llorar, hablar, hilar, es lo que Dios concedió a la mujer”. Cristina de Pizán en el siglo XV, final de la Edad Media, fue una de las feministas más destacadas de la historia que denunció la desigualdad hacia las mujeres y las animó a luchar educándose.

Mara Aranda, 30 años sobre el escenario

Mara Aranda es la intérprete de música sefardita española más internacional. Ha cantado músicas turcas, griegas, occitanas, valencianas, y música antigua y medieval que ha recopilado en veinte esmerados trabajos discográficos que han merecido numerosos galardones y el reconocimiento del público y de los medios especializados. Sefarad en el corazón de Marruecos fue galardonado por Transglobal Music World Charts con el premio al mejor disco europeo del año, así como Sefarad en el corazón de Turquía, las dos primeras entregas de una serie titulada Diáspora, compuesta por cinco discos dedicados a la tradición judeoespañola de Marruecos, Turquía, Grecia, Bulgaria y la antigua Yugoslavia, de la que están publicados los dos primeros.

Actualmente Mara Aranda es la directora y coordinadora de las actividades del Centro Internacional de Música Medieval con sede en el Monasterio de Santa María de la Valldigna, en Simat, donde se realizan periódicamente conciertos, cursos de instrumentos y voz, exposiciones, conferencias, jornadas y toda aquella actividad que ponga el foco en la música de la Edad Media. Toda la programación para el próximo curso 2020/2021 está disponible en su página web http://cimmvalldigna.org.