miércoles, 23 de septiembre de 2026

La reivindicación de la viola solista en el siglo XVIII

 


Viola concertos from Berlin

Ensemble Diderot

Audax Records


En el siglo XVIII, de toda la familia de instrumentos del violín, la viola podía ser considerada como la hermana torpe, la de menor relevancia y protagonismo, hasta el punto de que parecía un cordófono destinado a los músicos menos hábiles. Cuenta el violista escocés William Primrose que en aquella época la actitud hacia la viola se podía resumir en la frase: «a aquel que es demasiado bestia para el violín lanzadle una viola». La profesora Nancy Uscher afirma que existen testimonios de que entre 1700 y 1750 la producción de violas se contrajo en toda Europa coincidiendo con el fin de la música de cámara en la que intervenía dicho instrumento.

Con todo, la tan denostada viola tuvo su protagonismo como cordófono solista hacia mediados del siglo XVIII y, prueba de ello, son las sonatas para una o varias de ellas acompañadas de bajo continuo, compuestas en las cortes prusianas de Berlín y Postdam. El nuevo trabajo discográfico del Ensemble Diderot presenta una serie de piezas en esta línea firmadas por los compositores Johann Gottlieb Graun, Markus Heinrich Grauel, Ignaz Mara y Carl Heinrich Hermann Benda. Por cierto, como es habitual en la discografía de este grupo, varias de las obras de Viola concertos from Berlin han sido grabadas en primicia para este proyecto.

Dentro de la nutrida discografía del Ensemble Diderot, este lanzamiento constituye el tercer volumen dedicado a la ciudad de Berlín, después de The Berlin Album (2020) y Berlin Harpsichord Concertos (2024). Para esta ocasión, el primer violín y director de la formación, Johannes Pramsohler, ha sustituido su instrumento habitual por la viola.

Una de las razones de peso que explican la libertad del grupo a la hora de elegir los programas que van a grabar es que cuenta con su propio sello discográfico. En 2013, crearon Audax Records y, desde entonces, no han parado de lanzar proyectos que destacan por su originalidad y por el cuidado en la edición, habiendo sido merecedores de numerosos premios, incluyendo el Diapason d’Or. Como ha explicado el propio Pramsohler en alguna ocasión, el criterio que siguen es que la música sea buena, que sean obras que les guste tocar y un repertorio que consideren que tenga sentido para el público. Apuestan por hacer programas un poco educativos, que enseñen cosas nuevas y aspectos interesantes.

Viola concertos from Berlin nos transporta a los días del reinado de Federico II de Prusia, un verdadero mecenas de las artes, que se esforzó por convertir Berlín en una capital cultural de primer orden, atrayendo para ello a numerosos talentos musicales del momento. Hasta tal punto llegaba su devoción por la música, que, en 1740, a los dos meses de su coronación, envió al compositor Carl Heinrich Graun a Italia para contratar cantantes para el teatro de ópera que estaba construyendo, todo ello en plena guerra de sucesión austriaca.

Los conciertos para viola que integran este disco fueron escritos por músicos de la corte prusiana. Todos ellos pertenecen a un archivo que se perdió en la Segunda Guerra Mundial y que fue hallado en Ucrania en 1999 y devuelto a Berlín en 2001. Se trata de una recopilación realizada por el compositor y segundo director de la Sing-Akademie zu Berlin entre 1800 y 1832, Carl Friedrich Zelter, que, además de las obras para viola que nos ocupan, incluía numeroso material de gran valor musicológico.

El álbum incluye cinco conciertos para viola, probablemente escritos entre 1760 y 1780, de los cuales cuatro de ellos -los dos de Grauel, el de Benda y el de Mara- han sido grabados por primera vez en la historia. No es el caso del que abre el cedé firmado por Johann Gottlieb Graun, compositor, junto con su hermano menor Carl Heinrich, en la órbita musical de Federico II. En concreto, Johann ejerció de primer violín en la orquesta de la ópera real, creada en Berlín por el monarca en 1742, mientras que Carl fue compositor y Kapellmeister. Ambos contribuyeron en gran medida a definir el sonido de la corte, el estilo berlinés.

Otro de los nombres que aparecen en el disco es el de Markus Heinrich Grauel, compositor y chelista, que entró a trabajar en la corte de Berlín en 1763. Solamente se conservan seis de sus obras: tres conciertos para viola solista, dos para violín y uno para violonchelo. La grabación ha incluido dos de los primeros, en Do mayor y en Mi bemol mayor. Por su parte, Ignác František Mára, conocido como Ignaz Mara, fue también un chelista nacido en Bohemia que en 1742 se incorporó a la corte como músico de cámara, y que en su juventud destacó como un excelente solista. Cierra el elenco el también bohemio Carl Heinrich Hermann Benda, el más joven de todos, que murió bien entrado el siglo XIX. Destacado violinista, aparte del concierto suyo que contiene esta grabación, solamente han sobrevivido de su obra otros dos para violín.

En esta ocasión han acompañado a Johannes Pramsohler los violines de Roldán Bernabé y Guillermo Santonja di Fonzo, la viola de Marco Kerschbaumer, el violonchelo de Gulrim Choï y el contrabajo de Caroline Peach. Se trata de una nueva iniciativa del Ensemble Diderot por recrear y difundir aquella época dorada en que la música alemana se debatía entre el lento abandono de las formas barrocas y la tímida asimilación de algo inédito que se iba perfilando en el horizonte.

 

 

 

 

lunes, 14 de septiembre de 2026

Las suites para viola da gamba de François Couperin

 


François Couperin. Pièces de violes avec la basse chiffrée (1728) 

La Bellemont

Challenge Records

El de François Couperin es sin duda uno de los más grandes nombres de la música barroca francesa. Desde el punto de vista profesional, alcanzó en vida los más elevados honores, siendo el más señalado el de organista y compositor de la corte de Luis XIV, además de profesor de clave de los hijos del monarca (maitre de clavecin des enfantes de France y ordinaire de la musique du roi). Couperin es comúnmente asociado a la época de mayor esplendor del clavecín francés, y es que llegó a escribir más de doscientas piezas para este instrumento repartidas en cuatro libros publicados en 1713, 1717, 1722, y 1730, concebidas para ser tocadas en solitario o en pequeños conjuntos de cámara. No obstante, este creador parisino aún tuvo ocasión de realizar una pequeña incursión en la música para viola da gamba, otro instrumento de sobresaliente popularidad en la segunda mitad del siglo XVII, que se vería desbancado por la familia del violín. Concretamente esta faceta de la obra de François Couperin es la que articula el nuevo disco del conjunto La Bellemont.

Quizá resulta un tanto aventurado hablar de «nuevo disco» cuando la grabación que se presenta data de noviembre de 2015. Y es que los miembros del grupo se toman las cosas con calma. La Bellemont está formado por la gambista Sara Ruiz, la teclista Laura Puerto y por Rafael Muñoz, que toca la tiorba y la guitarra barroca en las pistas del cedé. Adicionalmente, el ensemble ha contado en esta ocasión con una segunda viola da gama interpretada por Johanna Rose, miembro habitual de la formación sevillana Accademia del Piacere y conocida también por su discografía en solitario, como el título Visions du Diable lanzado este mismo año.

La Bellemont nace en 2007 con el objeto, en palabras del grupo, de «conseguir una interpretación del repertorio francés para viola da gamba y bajo continuo basada en el placer por el sonido per se, en la retórica gestual y en un trabajo camerístico especialmente detallado». Con el tiempo el grupo ha ido ampliando su espectro de proyectos hacia programas basados en el Seicento italiano y el Renacimiento español. Este constituye el tercer álbum de su discografía, que sigue la estela de Marais. La voix de la viole (2011), que recibió cinco premios Diapason, y Plaisir Sacré (2014), calificado como «Excepcional» por la revista Scherzo.

Una de las mejores expresiones de la grandeza de François Couperin es la del director y gambista Jordi Savall cuando escribió: «Couperin es el músico-poeta por excelencia, que cree en la capacidad de la música para expresarse con “su prosa y sus versos”. Su amor por el detalle y la precisión, así como su obsesión por la exactitud de los matices, van de la mano de su rechazo a la ópera o a las grandes masas orquestales». Sobre esto último, el haber entrado a servir a Luis XIV en las últimas décadas de la vida del rey evitó que tuviese que componer música escénica -algo que había despertado verdadera pasión en la corte de Versalles- y, de hecho, Couperin no llegó a componer ninguna ópera.

Esta grabación de La Bellemont se centra en las dos suites que integran la obra de Couperin Pièces de violes avec la basse chiffrée, su penúltima publicación de 1728 -cinco años antes de su muerte-, previa a su cuarto y último libro de piezas para clavecín de 1730. Se trata de un título que no recibió excesiva atención en su momento y que durante mucho tiempo fue considerado como uno de los trabajos perdidos del autor, hasta que el musicólogo Charles Bouvet lo redescubrió en la Bibliothèque Nationale de París en 1919.

Como destaca Lucy Robinson en el libreto que acompaña al disco, una de las particularidades que llama la atención de las Pièces de violes es que Couperin no las firma en la portada con su nombre completo sino con las iniciales Mr F. C., algo inusual en un músico consagrado y popular como era él en su época. Una posible explicación a este misterio es que Couperin evitaba de esta manera las comparaciones con los verdaderos maestros del instrumento, como Marin Marais y Antoine Forqueray, dado que esta era su primera incursión en la música con la viola da gamba como protagonista. El musicólogo Laurence Dreyfus considera que «se llegó a sentir algo intimidado por su primer y único intento de adentrarse en el hermético mundo de la viola de bajo solista y, por ello, reacio a identificarse en la portada».

Todo indica que François Couperin tuvo una excelente relación con estos dos grandes gambistas de la época, y, probablemente, recibió influencia de ambos a la hora de componer para el instrumento en cuestión. Parece documentado que tocó repetidas veces con Forqueray, ambos, clave y viola da gamba, como parte del bajo continuo, y una muestra de la estima de Couperin hacia su colega puede ser la pieza que tituló Allemande La Superbe ou la Forqueray en su tercer libro para clavecín de 1722. Con Marais no se sabe si tocó, pero se refiere a él como a «uno de los ilustres de nuestros días» en el prefacio de su segundo libro para clavecín de 1717. Marais fue el primer músico en escribir música para viola da gamba sola acompañada de bajo continuo, y esto pudo haber influido en esta obra de Couperin. Curiosamente, mientras que Marais representa la tradición musical francesa, Forqueray se dejó influir por los aires innovadores procedentes de Italia.

Las dos suites incluidas en el disco tienen poco que ver en sus estructuras. La Première Suite en Mi Menor está compuesta por siete piezas: Prelude, Allemande, Courante, Sarabande, Gavotte, Gigue y Chaconne. Por su parte, la Deuxième Suite en La Mayor solamente contiene cuatro partes y no presenta danzas como la anterior: Prélude, Fuguette, Pompe funèbre y La Chemise blanche. Igualmente, los miembros de La Bellemont han incluido como interludio entre las suites un arreglo de Rafael Muñoz de aquel que realizó Robert de Visée sobre la pieza para clave de Couperin Les Bergeries.

Este disco de La Bellemont nos transporta hasta la cima de la viola da gamba francesa a través de uno de sus músicos menos representativos, que, sin embargo, demuestra en las dos suites su capacidad para sacar todo el espectro de la fuerza expresiva del instrumento en cuestión, desde la alegría desenfadada de la Chaconne ou Passacaille, hasta la hermosa serena gravedad de Pompe funèbre.