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viernes, 14 de marzo de 2025

Pasión e improvisación en la música española del Siglo de Oro



Spain On Fire - Divine and human passions in the Spanish Baroque Accademia del Piacere

El desconocimiento generalizado -fuera del público experto- de la música que sonaba en el Renacimiento y el Barroco español es uno de los vacíos más significativos que presenta nuestra identidad cultural como nación. Como afirma el musicólogo Álvaro Torrente, “estaríamos hablando de música de plata en un Siglo de Oro”, dado que no se ha conseguido identificar ninguna figura musical de la talla de un Lope de Vega, Cervantes o Velázquez. Por suerte, existe en la actualidad entre los ensembles y profesionales en activo una fuerte tendencia a investigar y representar repertorios de la música antigua española. 


El conjunto sevillano Accademia del Piacere acaba de lanzar al mercado un nuevo disco basado en la tradición musical del Siglo de Oro, poniendo en evidencia su transterritorialidad, por una parte, recibiendo influencias procedentes de América y, por otra, interactuando con las formas en boga en otras partes de Europa, principalmente Francia e Italia. Spain On Fire - Divine and human passions in the Spanish Baroque sigue la senda iniciada por la grabación de 2013 Rediscovering Spain, un repertorio que la formación que dirige el gambista Fahmi Alqhai ha trabajado y ampliado en directo durante años hasta desembocar en el volumen que nos ocupa. El grupo tiene en su haber una discografía que se nutre en gran medida de fuentes musicales españolas, en la que destacan el título más reciente, Colombina (2022), dedicado al cancionero homónimo, seguido por Muera Cupido (2019), centrado en las figuras de Sebastián Durón y José de Nebra, y Cantar de Amor (2015), obra que gira en torno a Juan Hidalgo y la música escénica barroca.


Los temas que integran Spain On Fire abarcan desde la primera mitad del siglo XVI, con Antonio de Cabezón y Mateo Flecha, hasta las primeras décadas del XVIII, pues cronológicamente cierran el abanico temporal Antonio Martín y Coll y Santiago de Murcia. A lo largo del disco se suceden piezas instrumentales con otras cantadas por la soprano valenciana Quiteria Muñoz. El planteamiento que abordan el director Fahmi Alqhai y los miembros de la Accademia está muy enfocado hacia la glosa, la improvisación y la reconstrucción de la música, imprimiendo en ella un sello propio, algo muy presente en todos los trabajos del ensemble. Ello implica que algunos de los cortes están firmados por el propio Alqhai (Folías de España) o por el guitarrista Carles Blanch (Tarantela & Canarios). En esta grabación aparecen los miembros fijos de Accademia del Piacere: los hermanos Fahmi y Rami Alqhai más Johanna Rose interpretando las violas da gamba, el teclista Javier Núñez, el citado Blanch en la cuerda pulsada y el percusionista Agustín Diassera, que sustituye a Pedro Estevan, un nombre habitual en la obra pasada del ensemble.


Si empezamos esta revisión de Spain on Fire desde las piezas más antiguas es necesario hablar de la ensalada La Negrina de Mateo Flecha el Viejo, probablemente compuesta hacia 1535. La ensalada es un género para varias voces que combina distintos ingredientes de diversa índole en una misma pieza musical: idiomas diferentes, elementos profanos y religiosos, y temas serios como cómicos. La Negrina pertenece a una época en la que “lo negro” estaba de moda en la península ibérica, de forma que en la literatura aparecían con frecuencia personajes de hombres negros. La influencia de los sones afroamericanos en esta ensalada es especialmente señalada en la parte Gugurumbé.


La presencia de Antonio de Cabezón -una de las figuras más internacionales del Renacimiento español- en el disco se articula a través del himno religioso Pange lingua, que antaño abría este programa cuando era interpretado en directo, y con las Diferencias sobre el canto llano del cavallero, una pieza impresa en 1578, aunque probablemente compuesta mucho antes de esa fecha, que es un claro ejemplo de variación y experimentación sobre mismo un tema musical, que, de alguna forma, sientan la base de la filosofía de esta grabación. De la misma manera, la Glosa e improvisación sobre Conde Claros, procedente de los libros de cifra para vihuela del palentino Alonso Mudarra, vuelve a poner en evidencia la devoción por la improvisación en la música española renacentista. 


Siguiendo el orden cronológico y ya internándonos en el siglo XVII, Accademia del Piacere ha seleccionado el archiconocido tema del francés Henry de Bailly, Yo soy la locura, como la apertura para el disco. Se trata de un air de cour -composiciones para varias voces o para voz sola y acompañamiento de laúd o de guitarra- escrito originalmente en español y procedente de uno de los volúmenes que integraban la obra Passava amor de Gabriel Bataille, que refleja el interés por los hispano que manifestaba el país vecino.


Los tonos humanos, a veces comparados con el pop actual del Barroco español, están presentes en Spain On Fire a través de Luis de Briceño y de José Marín. Briceño fue el autor de un método de guitarra, publicado en París en 1626, que supuso la punta de lanza de la introducción de la práctica de la guitarra en el país vecino, especialmente la técnica del rasgueo, tan distinta del punteado de laúd. Por su parte, José Marín, aparte de ser uno de los nombres de referencia de la música del siglo XVII, es un personaje harto interesante, cuya vida parece sacada de una novela de aventuras. Nos ha legado una colección de tonos que contiene 51 de ellas a voz sola con acompañamiento de guitarra escrito en tablatura italiana.


Otro nombre de este programa es el boloñés Giovanni Battista Vitali, pues Fahmi Alqhai ha realizado una glosa de uno de sus pasacalles perteneciente al libro Artificial Musicali de 1689, considerado como uno de mejores estudios sobre el contrapunto de la época. Asimismo, el disco incluye dos piezas del franciscano Antonio Martín y Coll, y unas Folías gallegas del guitarrista Santiago de Murcia arregladas por Carles Blanch, culminando este periplo musical en el comienzo del siglo XVII.


Spain On Fire emana a través de sus pistas un aire de libertad interpretativa que añade fluidez a los sonidos antiguos, sin traicionar el rigor historicista, pero evitando el encorsetamiento que puede traer consigo una ejecución en exceso literal. La importancia que tuvo durante los siglos XVI y XVII la improvisación en la recreación de los temas, ya fuera a través de disminuciones, variaciones o glosas, legitima con creces esta aproximación al repertorio, que suena de esta manera muy fresco y muy vivo.


lunes, 12 de febrero de 2024

La simbiosis de la poesía y la música en el Renacimiento español

 


El sentir de mi sentido

Qvinta Essençia

Uno de los rasgos culturales más característicos del Siglo de Oro español es la estrecha relación entre la poesía y la música. Ya en los cancioneros de la finales del siglo XV, como el Cancionero Musical de Palacio, los textos de las piezas que van firmados llevan los nombres de conocidos poetas, de forma que en los distintos manuscritos que datan del siglo XVI que han llegado hasta nosotros aparecen los versos de figuras como Garcilaso de la Vega, Juan Boscán, Jorge Manrique o el gallego Luis de Vivero, entre otros, mientras que en los posteriores nos podemos encontrar letras de los tonos humanos de la pluma de Lope de Vega, Calderón de la Barca, Quevedo, Argensola, Vélez de Guevara o Salazar y Torres. El nuevo trabajo del cuarteto vocal Qvinta Essençia se sumerge en el crisol renacentista en el que se mezclan las dos artes, y presenta una selección de polifonía profana procedente en su mayoría del Cancionero de Medinaceli.

El ensemble Qvinta Essençia, integrado por la soprano Èlia Casanova junto con Hugo Bolívar, Albert Riera y Pablo Acosta, está especializado en repertorios de los siglos XVI, XVII y XVIII, que recorren el amplio espectro desde el Renacimiento español hasta Johann Sebastian Bach, pasando por los grandes madrigalistas italianos. Precisamente, su anterior lanzamiento discográfico, que vio la luz en 2019, estuvo centrado en el primer libro de madrigales de Luca Marenzio.

El disco El sentir de mi sentido presenta dieciséis piezas, once de las cuales aparecen en el citado manuscrito descubierto en la biblioteca de la Casa del Duque de Medinaceli, una de las mejores recopilaciones de polifonía española renacentista, cuyo contenido ilustra sobre la música profana que sonaba a mediados del siglo XVI. Los principales géneros que trata este cancionero son el villancico, el romance, la canción y el madrigal, e incluye igualmente una ensalada y una danza cantada. La grabación se completa con tres villancicos de Juan Vásquez recogidos en su obra Recopilación de Sonetos y Villancicos a quatro y a cinco, publicada en Sevilla en 1560, otra de Cristóbal de Morales que aparece en el Cancionero de Upsala, y una pieza de Francisco Guerrero procedente de Canciones y villanescas espirituales de 1589.

Como apunta el musicólogo Miguel Querol, en el Cancionero de Medinaceli abunda el formato musical del madrigal. Resulta curioso que un género que se difundió por toda Europa desde Italia durante el siglo XVI aparentemente no tuvo presencia en nuestro país. Querol subraya que, aunque los músicos andaluces y castellanos no utilizaban la palabra madrigal para referirse a sus composiciones -los músicos catalanes, en cambio, sí asumen el término-, hay en este cancionero hasta cincuenta piezas que técnicamente pueden considerarse madrigales. De hecho, nueve de las que nos ocupan de la grabación pueden recibir esta etiqueta, lo que quizá establece un nexo de continuidad entre esta obra de Qvinta Essençia y la precedente dedicada a los madrigales de Marenzio.

El sentir de mi sentido constituye una buena muestra de la grandeza de la lírica española renacentista. El mismo Garcilaso de la Vega es el autor de las letras de dos de los madrigales, Quién me dixera, Elisa, vida mía y Oh más dura que mármol a mis quexas, ambas contenidas en la Égloga I, y ¡Quán bienaventurado de la Égloga II. Los textos del portugués Jorge de Montemayor son utilizados por Ginés de Morata en dos piezas del disco, e igualmente aparecen versos del también luso Luis de Viveros y del poeta cancioneril Garci Sánchez de Badajoz. Todo un brillante escaparate de las letras ibéricas de la época.

En relación con los compositores presentes en la grabación, Ginés de Morata firma hasta tres piezas, y, de hecho, es uno de los creadores más prolíficos del Cancionero de Medinaceli, por lo que se supone que fue un profesional de primer nivel de la época, aunque Miguel Querol afirma que sólo conoce de su vida que fue el más antiguo Maestro de Capilla de la Casa Ducal de Braganza. Otro nombre destacado de la música de la época fue el extremeño Juan Vásquez, y las tres obras suyas contenidas en el disco proceden del manuscrito Recopilación de Sonetos y Villancicos a quatro y a cinco. Por cierto, en el repertorio aparecen dos temas con el mismo nombre, Si n'os uviera mirado, uno atribuido a Vázquez y el otro a Cristóbal de Morales, incluido en el Cancionero de Upsala, cuyos textos solamente coinciden en el primer verso.

Rodrigo de Cevallos fue maestro de capilla de la catedral de Córdoba y en la de Granada, y compositor de gran renombre, según las fuentes documentales de la segunda mitad del siglo XVI. Pedro y Francisco de Guerrero fueron dos hermanos que tienen su obra en el Cancionero de Medinaceli y en este disco, si bien la fama de la que disfrutó el primero eclipsó en gran medida al segundo, aunque sus creaciones polifónicas adquirieron fama y reconocimiento, como prueba el que algunas fueron adaptadas para vihuela por MIguel de Fuenllana y Diego Pisador e incluidas en sus respectivos libros para cifra.

Menos conocidos son Fray Juan Díaz, que musica una de las églogas de Garcilaso, y de quien Querol no tiene información, aunque aventura que pudo ser un trompeta que estaba al servicio de la Corte de Carlos V en 1519 y que posteriormente pudo tomar los hábitos, y, también, Antonio Cebrián, del que en principio no constan detalles de su vida.

Los miembros de Qvinta Essençia nos ofrecen con su última grabación un brillante retablo de todo el sentimiento y la emotividad que envuelven a la polifonía renacentista española, gracias a la precisa concatenación de las cuatro voces para producir complejas texturas sonoras que se muestran al oído cristalinas y con gran colorismo.

lunes, 18 de julio de 2022

Selva Morale e Spirituale: el esplendor del Monteverdi sacro

 


Monteverdi: Selva Morale e Spirituale

Le Nuove Músiche

El conjunto neerlandés Le Nuove Músiche ha llevado a cabo la grabación de la monumental obra sacra de Claudio Monteverdi Selva Morale e Spirituale, publicada en 1641. Se trata de una recopilación de piezas compuestas en la basílica de San Marcos de Venecia, donde el autor estuvo sirviendo desde 1613, y está dedicada a Leonor de Gonzaga, la que fuera esposa de Fernando III, Sacro Emperador Romano Germánico. Para algunos, Selva Morale sería una suerte de contraparte sacra del octavo libro de madrigales, que tres años antes el compositor había dedicado al marido. Esta antología fue la última impresión que realizó Monteverdi en vida, pues murió dos años después de la publicación.

Le Nuove Músiche ha registrado en su nuevo lanzamiento la totalidad de las obras que contiene la antología, un proyecto que el grupo tuvo que posponer cuando se desencadenó la pandemia del coronavirus. Buscando el mayor rigor histórico, han contado para esta iniciativa con un organo di legno, un órgano de madera que permite una articulación clara, y que afirman que es el que hubiera preferido Monteverdi para la interpretación de su obra. El instrumento ha sido construido por Klop y decorado por el diseñador Michele Barchi, con el apoyo del Fondo Nacional de Instrumentos Musicales (Nationaal Muziekinstrumentenfonds).

Dada la fama que alcanzaron las óperas de Claudio Monteverdi, sus madrigales y sus scherzi, parece que la faceta religiosa de su obra queda en segundo plano, y, sin embargo, compuso música relacionada con el culto durante toda su vida. Con tan solo quince años publicó en su ciudad natal Sacrae cantiunculae; posteriormente en Mantua, en 1610, aparece Vespro della Beata Vergine; la que nos ocupa en 1641; y, finalmente, en 1651 a título póstumo se lleva a cabo la edición de una misa y vísperas.

Selva Morale e Spirituale fue impresa por el editor veneciano Bartolomeo Magni, probablemente con la intención de reunir en un solo volumen un montón de obra dispersa y no publicada en otros libros anteriores del genio de Cremona. Algunos expertos califican de chocante el contenido del libro, dado que, además de piezas litúrgicas, contiene otras que no lo son, en concreto, madrigales y motetes. En efecto, entre las cuarenta y tres piezas que contiene nos encontramos con una misa completa, cinco madrigales espirituales con textos en italiano y cuatro motetes a una sola voz. En esta obra utiliza Monteverdi tanto el stile antico como el stile concertato, yuxtaponiendo la técnica más arcaica con piezas de arquitectura sofisticada, como es el caso del motete concertato Beatus Vir.

Sobre los madrigales espirituales, se considera que el contenido moral de sus textos, así como la excelencia en su composición los convierten en la introducción idónea de un volumen como Selva Morale, de ahí que figuren al principio. Realmente, se trata de tres madrigales a cinco voces y dos canzonette a tres voces.

Gracias al esfuerzo de los miembros de Le Nuove Músiche podemos disfrutar en esta grabación del esplendor de esa otra obra de Monteverdi a veces no tan presente en los repertorios, en suma, podemos disfrutar el Monteverdi sacro.

 

 

 

 

 

miércoles, 8 de mayo de 2019

Los pioneros en la recuperación de instrumentos antiguos



El auge actual de lo que ha sido denominado como música antigua, o early music en su versión anglófona, es un fenómeno que tiene su origen en el último tercio del siglo anterior. Quizá, más que de fenómeno, deberíamos hablar de movimiento, puesto que no es algo que surja espontáneamente de la nada, sino que responde a la voluntad y el compromiso -casi podríamos hablar de militancia- de no pocos músicos y estudiosos de recuperar con fidelidad y respeto los sones del pasado menos inmediato.

Y, lo que empezó como una corriente alternativa y marginal dentro del mundo de la denominada música culta, ha adquirido en esta época una dimensiones casi mainstream. Haciendo un pequeño ejercicio de búsqueda, he llegado a encontrar más de veinte festivales en nuestro país, de periodicidad anual, dedicados a este subgénero, lo que implica que, aunque minoritaria, es una corriente que tiene un público cada vez mayor.

En la dedicación a la música antigua la casualidad puede jugar su parte, pues no pocos investigadores han llegado a este campo sin pretenderlo. El propio Jordi Savall ha relatado en numerosas ocasiones cómo se topó con la viola da gamba al encontrar en una tienda partituras de música para este instrumento mientras buscaba otras para cello, que era lo que tocaba inicialmente en su juventud.

También es destacable una vocación casi arqueológica, necesaria para recuperar y reconstruir, con la mayor aproximación posible al original, las formas musicales de otros tiempos, que con frecuencia han llegado hasta nosotros sin la suficiente información para su interpretación.

En este sentido, Sonia Gonzalo Delgado, en las notas que acompañan al programa El origen de la early music de la Fundación Juan March (enero 2019), destaca que lo que llamamos música antigua no se basa tanto en la selección de un repertorio medieval, renacentista o barroco, como en la actitud con la que el intérprete se enfrenta a este, “apelando a la reconstrucción del estilo interpretativo histórico apropiado”.

En general, tres son los elementos para poner en marcha un proyecto relacionado con la música antigua: unos intérpretes especializados, un repertorio olvidado y la voluntad de interpretarlo de la manera más próxima a la época en la que fue escrito, y, cómo no, el hacerlo en los instrumentos antiguos para los que fue compuesto.

Tenemos que remontarnos hasta el siglo XIX para conocer a los pioneros que comenzaron a recuperar los viejos instrumentos, eclipsados por la modernidad, que sonaron en otros tiempos como soporte técnico de la ahora denominada música antigua.

Uno de los primeros nombres con que nos encontramos en este camino es el del alsaciano Louis Diémer, cuya pasión por los instrumentos de época le llevó a fundar en 1895 la Société des Instruments Anciens, el primer conjunto estable de música antigua. No obstante, ya en 1889 había hecho aportaciones importantes al respecto al recuperar para la Exposición Universal de París el clave construido en 1769 por Pascal Taskin, además de traer las versiones contemporáneas de dicho instrumento construidas por los fabricantes de pianos Peyel y Érard (este último construyó hasta tres claves para la exposición).

La Société des Instruments Anciens llevaba consigo instrumentos arcaicos como la viola da gamba, la viola de amor o la zanfona. Estuvo en activo hasta aproximadamente 1900 y logró captar el interés del público, con una puesta en escena que a menudo incluía vestir de época -los músicos portando pelucones y zapatos pintorescos-, y una ambientación arcaica con iluminación de velas.

Los programas seleccionados para las audiciones son lo que hoy podría denominarse “barroco de fácil escucha”, es decir, movimientos extraídos de obras más largas y arias sacadas de distintas cantatas y óperas.

La actividad de Diémer contagió a otros nostálgicos de los sones del pasado, como fue Henri Casadessus, que en 1901 fundó la Société des Instruments Anciens. En este combo Henri tocaba la viola de amor, sus hermanos Marcel y Marius la viola da gamba y el pardessus de viola, y la hermana, Regina, el clave.

Y, finalmente, hay que destacar dentro de este grupo de pioneros el nombre del francés suizo Arnold Dolmetsch, que abordó la música antigua desde diversos frentes: como intérprete, como constructor de instrumentos, como investigador académico y como promotor de eventos.

Dolmetsch aprendió el oficio de lutier en la fábrica de pianos e instrumentos de teclado de su padre, en Le Mans. En 1883 se trasladó a Londres con su familia, desde Bruselas donde estudió composición y violín en el Conservatoire Royal,  para posteriormente ingresar en el Royal College of Music y profundizar en el conocimiento de la música de la era isabelina.

Sus estudios en el Royal College y en el Museo Británico le llevaron a descubrir las fantasías y danzas para consorts de violas, y le empujaron a adquirir este tipo de instrumentos -en 1889 consigue su primera viola de amor en una subasta- y, posteriormente, a construirlos él mismo. Llegó a fabricar numerosas violas, laúdes e instrumentos de tecla para ser tocados en los recitales que organizaba.

Sus incursiones en la música escénica llegan de la mano de la Elizabethan Stage Society, una organización creada por William Poel para el estudio de las prácticas del teatro clásico inglés y la representación de las obras de autores como William Shakespeare con fidelidad a su contexto histórico. La familia de Dolmetsch aportaba la música de la época en las representaciones interpretaba con los instrumentos antiguos.

Son solo tres de los pioneros gracias a cuyo trabajo y esfuerzo hoy podemos escuchar con gran fidelidad la música que fue interpretada en tiempos pasados.

lunes, 27 de febrero de 2017

Pasión castellana e italiana en la temporada de recitales de Dolce Rima

El dúo formado por la soprano Julieta Viñas y la vihuelista Paula Brieba ha iniciado su temporada de conciertos del año. El avance de temporada que ha publicado el conjunto se inició el pasado 26 de febrero en el XXVI Festival de Música Sacra de Getafe donde interpretaron el programa Divino Ardor dedicado a obras religiosas de principios del siglo XVIII de músicos como Sebastián Durón y José de Torres.

Las componentes de Dolce Rima se definen como “dúo interesado especialmente en la conjunción poética y musical”. De esta forma plantean un acercamiento a la cultura europea de los siglos XVI-XVII, centrando su repertorio en el Renacimiento español de los vihuelistas, en el Barroco español y en el Seicento italiano. Tienen un disco grabado, Al alba venid, dedicado a la música amorosa española del siglo XVI. Adicionalmente, recibieron el Premio Joven Grupo 2015 en la segunda edición de los Premios GEMA.

La próxima cita con Julieta y Paula tendrá lugar en Berlín el próximo 9 de marzo, con motivo de la celebración del año Murillo, donde llevarán el espectáculo Trompicábalas amor  al Franzörische Kirche de la capital alemana.

En abril, el día 28 para más fechas, estarán presentes en el XXI Ciclo de Música Antigua “Ciudad de las Tres Culturas” de Córdoba y allí interpretarán el programa Dolce Tormento, dedicado a la música italiana del siglo XVII y basado en obras de Barbara Strozzi, Tarquinio Merula y Claudio Monteverdi, entre otros.

Finalmente, acabamos la descripción de este comienzo de temporada musical con la actuación que ofrecerán el 7 de mayo en Llinars del Vallès, Barcelona, dentro del 19 cicle de concerts a Sanata. Allí tocarán música de Antonio Cabezón  y de otros músicos de su época dentro del programa Dulce Memoria.



martes, 14 de febrero de 2017

Aquel Trovar, recuperar el poder evocador de la música histórica

Siempre resulta agradable y reconfortante escuchar que aparecen nuevos grupos dedicados a la música de los siglo pasados. En este caso traemos aquí a un grupo recién formado, pero sobrado de  experiencia. Se trata de Aquel Trovar, un proyecto fruto de la disolución del conjunto Cinco Siglos, fundado por tres de sus instrumentistas, Antonio Torralba, José Ignacio Fernández y Daniel Sáez Conde, que cuenta con la voz de la soprano Delia Agúndez.


La filosofía que inspira el trabajo de Aquel Trovar se resume en tres puntos, en palabras de sus miembros, “respeto a las fuentes, potenciación del poder evocador de la música histórica y cuidado del detalle”. Deberían ser las máximas que guiaran cualquiera iniciativa relacionada con la música antigua, aunque por desgracia no es así.

El objeto que se han fijado sus integrantes es sobre todo recuperar el repertorio de música antigua española y europea, fundamentalmente renacentista y medieval, con veracidad en las conclusiones y versiones llevadas a cabo. Los miembros del grupo pretenden basar su trabajo en la investigación, partiendo de fuentes originales y revisando la labor al respecto de los expertos. En una reciente entrevista concedida al diario El Día de Córdoba, José Ignacio Fernández afirma que “el repertorio de música antigua, tanto española como europea, es muy extenso y queda mucho por descubrir. Hay muchas piezas que no se han grabado nunca y es una pena que queden en el olvido.”

En paralelo van a llevar a cabo la reconstrucción de instrumentos antiguos, medievales y renacentistas, que quedaron en desuso y cayeron en el olvido, pero que merece la pena recuperar.

Este ensemble orienta su campo de actuación desde la Edad Media al Barroco temprano. De esta forma, nos ofrecen repertorios más antiguos como:

Ave María: un recorrido por las músicas de devoción mariana desde mediados del siglo XIII a los albores del XV.
Cantando e con dança,  un programa íntegramente dedicado a las cantigas del rey Alfonso X el Sabio.
Cantigas de amigo de Martín Códax y del rey Dom Denis de Portugal.
Danzas de la Edad Media europea.

Y también música del Renacimiento, como los programas:

Canciones de la vieja Europa: canciones en las más importantes lenguas europeas de los siglos XV y XVI.
Aquel trovar, una selección de villancicos y romances de los principales cancioneros.
Aquel dançar, danzas extraídas de los más importantes tratados coreográficos de los siglos XV y XVI.
A lo divino, canciones religiosas en tiempos del Cardenal Cisneros.

Sin duda se trata de una oferta musical tan variada como atractiva y sugerente para sumergirse en los sones de otra épocas.

Los responsables de la iniciativa tienen una larga y demostrada experiencia en el mundo de la música antigua. La voz del conjunto, Delia Agúndez, es una soprano de reconocido prestigio que milita en conocidas formaciones de música vocal como Gradualia y que en 2015 publicó el disco The Purcells, una interesante obra que recupera la música del desconocido Daniel Purcell, el hermano de Henry.

Antonio Torralba es catedrático de música y flautista en Aquel Trovar. Estudioso y conferenciante, es uno de los fundadores del desaparecido conjunto Cinco Siglos con el que ha llegado a grabar una docena de discos entre 1990 y 2016.

Por su parte, José Ignacio Fernández es el laudista y vihuelista del grupo y es además un lutier experto en la restauración de instrumentos antiguos, desde bandurrias hasta cítolas.

Finalmente, Daniel Sáez Conde es profesor de violonchelo en el conservatorio de Ronda y ha tocado este instrumento frecuentemente en conjuntos de cámara y orquestas.



El martes 21 de febrero el grupo se presenta en Córdoba con el programa Canciones de la vieja Europa, en marzo llevarán un repertorio medieval al Festival de Música Sacra de Ronda, y de allí en adelante les espera una actividad frenética en los escenarios. Si todo va bien, en verano entrarán en el estudio para grabar su primer disco de piezas europeas del Renacimiento de distintos países. En la entrevista antes citada, Antonio Torralba lo explica de esta manera: “el Renacimiento fue un estilo realmente internacional; y un villancico o un romance españoles no son tan esencialmente distintos a una frottola italiana, un ayre inglés, una chanson francesa o un lied polifónico alemán. Poner juntas estas canciones en diversas lenguas nos hace verlas de una manera nueva”.

Tanto la calidad profesional de los miembros de Aquel Trovar como la erudición y el rigor en la elaboración de repertorios, avalan la solidez de la propuesta musical de este conjunto, que esperamos que tenga un largo y fructífero recorrido.