jueves, 30 de abril de 2026

Una «opera piccola» de Boccherini que le habla directamente al corazón



Boccherini: String Quartets Op.22 Concerto 1700

A pesar de que es un compositor cuya obra aparece con frecuencia en los repertorios que interpreta en directo el ensemble Concerto 1700, ésta es la primera vez que dedican un disco completo al genio de Luigi Boccherini. Y resulta harta extraña esta ausencia, dado que la discografía del grupo presenta un atractivo sesgo hacia la música creada en la España dieciochesca, un periodo que  a menudo ha sido injustamente denostado e infravalorado. Es por ello, que es un gran motivo de celebración la publicación de este disco que constituye la primera grabación mundial de la integral de cuartetos de cuerda, seis en total, que conforman la Opus 22 del músico de Lucca.


Con más de diez años sobre los escenarios, el grupo liderado por el violinista Daniel Pinteño lleva muy a gala la difusión de la música española de los siglos XVII y XVIII, poniendo en evidencia con sus actuaciones y sus grabaciones toda su grandeza y sofisticación. De esta forma, su discografía incluye nombres como José de Torres, Antonio Literes, José Castel o Gaetano Brunetti. Precisamente, el disco de Concerto 1700 dedicado a los cuartetos de cuerda de la Op. 3 de este último autor ha cosechado el Premio MIN 2026 al «Mejor Álbum de Música Clásica».


La versión cuarteto de esta formación incluye a Pinteño, como director artístico y primer violín, a Fumiko Morie como segundo violín, a Isabel Juárez interpretando la viola y Ester Domingo el violoncello, siendo la totalidad de instrumentos de época, dado que el grupo asienta su trabajo sobre el rigor historicista.


Luigi Rodolfo Benito Boccherini, aunque nacido en la Toscana italiana, vivió 37 de sus 62 años de existencia en la península ibérica. Llegó a España en 1768 desde París, donde ya empezaba a despegar su reputación como músico, invitado por el embajador español, junto a su amigo y también músico Filippo Manfredi. La intención del músico veinteañero era entrar a trabajar en la corte de Carlos III, pero tuvo que conformarse con un destino algo más modesto: convertirse en «compositor y virtuoso de cámara» del infante don Luis desde 1770 hasta 1785, año en que fallece dicho mecenas. Luis Antonio Jaime de Borbón era el hijo varón más pequeño del rey Felipe V y de su segunda esposa, Isabel de Farnesio, y era hermano de Carlos III y de Fernando VI.


La doble vertiente profesional de Boccherini implicaba que como músico -ostentaba el cargo de violón de Su Alteza- recibía 14.000 reales, que en 1772 se convirtieron en 18.000, y, como creador, sumaba otros 12.000 por sus composiciones. En una carta de su puño y letra confiesa que la cuota anual máxima de obras que tenía que escribir para las academias de don Luis ascendía a tres opus, integrados por seis piezas cada uno. Los cuartetos que integran la presente op.22 están dedicados al infante por lo que se supone que fueron compuestos como parte de esta cuota.


Las piezas grabadas por Concerto 1700 en este disco constituyen un ejemplo de lo que el compositor denominaba su «obra pequeña» (opera piccola) frente a la que consideraba su «obra grande» (opera grande). Existe cierto debate acerca de si la diferencia entre ambas guardaba alguna relación con la forma de componer o si se trataba de meras cuestiones materiales, como, por ejemplo, la longitud de la pieza. La correspondencia profesional de Luigi Boccherini parece indicar lo segundo. En una ocasión escribe que la distinción reside en que las grandes constan de cuatro movimientos y las pequeñas nada más que de dos. En otra misiva incluso basa la clasificación en criterios económicos, de forma que la obra grande costaría 30 doblones y la piccola tan solo 15 (hay que tener en cuenta que, aparte de las obligaciones contraídas con don Luis, el italiano mantenía una intensa actividad comercial con editores europeos). 


Sin embargo, hay expertos que ven diferencias técnicas y formales entre unos y otros formatos. El musicólogo Guido Salvetti considera que los cuartetos y quintetos piccolos presentan una instrumentación sencilla, una estructura transparente y una melodía continua y cordial, renunciando a gran parte de la compleja experiencia compositiva ya adquirida por el autor.


En general, los quartettini, como los llamaba Boccherini, se asocian con la sonoridad del clima rococó. Consta que compuso siete series de seis cuartetos cada una: las op.15 (1772), op.22 (1775), op.26 (1778), op.33 (1781), op.44 (1792), op. 48 (1794) y op. 53 (1796). La opus 22 que nos ocupa fue publicada en 1776, año en que el compositor abandona la feliz existencia madrileña que llevó en esta primera etapa en España, y parte tras su señor, para acabar residiendo ocho años en el destierro abulense de Arenas de San Pedro, lejos del bullicio y de la vida intelectual de la corte.


Daniel Pinteño y el ensemble Concerto 1700 nos ofrecen una maravillosa recreación de las seis piezas que conforman esta op.22 en una ejecución que pone en relieve toda la luminosidad y el colorido que emanan de la partitura, y que confirma rotundamente la sentencia que dejó escrita el propio Luigi Boccherini en una de sus cartas: «la música está hecha para hablar al corazón del hombre».



miércoles, 22 de abril de 2026

El esplendor musical de los conventos de Nueva España



Cielo de nieve Manuel Vilas y Ars Atlántica Lindoro

Al igual que ocurría en Europa, en la América colonial española los conventos de monjas constituyeron enclaves musicales de primer orden dado que la música era un elemento fundamental de los servicios religiosos, y, en consecuencia, se fomentaba con fuerza la educación musical de las monjas. Es por ello, que estos centros de religiosas a menudo albergaban archivos musicales de gran valor testimonial acerca de los sones que se interpretaban en el culto entre los siglos XVI y XVIII. Uno de estos archivos es la Colección Sánchez Garza (CSG) que contiene 398 obras procedentes de los siglos XVI al XIX de instituciones religiosas de Puebla de los Ángeles -entonces en el Virreinato de Nueva España-, principalmente del convento de la Santísima Trinidad. El arpista gallego Manuel Vilas con su grupo Ars Atlántica ha recuperado en su nueva grabación discográfica, Cielo de nieve, una cuidada selección de temas procedentes de esta fuente.


Vilas es un músico pionero en el estudio de arpas olvidadas, como el arpa jesuítica chiquitana y el arpa doble, que se formó con Nuria Llopis en Madrid y con Mara Galassi en Milán. Se trata del primer arpista que ha impartido cursos de arpa barroca española en Estados Unidos y Cuba. Su carrera artística lo ha llevado a colaborar con numerosas formaciones, además de desarrollar su faceta como solista, y, entre su obra más reciente figuran discos como Castilla de oro (2022) y Góngora y la música (2023), junto con el cuarteto vocal Vandalia.


En Cielo de nieve, junto al arpa de dos órdenes de Manuel Vilas, podemos escuchar las voces de la soprano Elia Casanova, la mezzosoprano Marta Infante y el bajo Javier Cuevas, en unas piezas a una y dos voces. Asimismo, también ha colaborado en el acompañamiento instrumental María Saturno con la vihuela de arco. 


El convento de la Santísima Trinidad de Puebla, de donde proceden gran parte de las obras de la Colección Sánchez Garza, disponía de una capilla musical desde las primeras décadas del siglo XVII. Según el experto Aurelio Tello, la mayor parte de la colección corresponde a los años de más esplendor de la capilla del convento, aproximadamente entre 1660 y 1720, a pesar de que hay piezas anteriores a este periodo y otras de la época comprendida entre 1791 y 1848. El documento contiene un conjunto de obras generalmente religiosas, si bien aparecen varias profanas y, además, un cuaderno de música para órgano.


Ars Atlántica ha elegido once temas de los casi cuatrocientos que engrosan el archivo para la grabación, una muestra modesta en proporción, pero que ofrece al oyente un pequeño ejemplo de toda la grandeza y la belleza de este repertorio conventual. Entre las obras figuran una cantada, villancicos, un tono divino y una misa. La mayor parte de los compositores son ibéricos, aunque también figuran dos autores americanos.


El disco se abre con el que probablemente es el nombre más conocido de todos los que firman las piezas contenidas en él, Sebastián Durón con el villancico a dos voces Al dormir el sol, datado en 1689. En total, la colección contiene cuatro piezas de este prolífico compositor alcarreño que sin duda es recordado especialmente por su música escénica, zarzuelas y óperas, pero que también tiene una obra sacra, y, además, fue organista en las catedrales de Zaragoza, Sevilla, Burgo de Osma y, Palencia, así como en la Real Capilla.


También a dos voces con acompañamiento es el villancico En una nube de nieve de José de Cáseda y Villamayor quien fuera maestro de capilla en la Colegiata de Santa María de Calatayud (1681), en Calahorra (1682) y en Sigüenza (1711). Cielo de nieve incluye entre sus pistas una misa de Francisco Marcos y Navas, autor de cuya vida se sabe poco, pero cuya fama de teórico de la música es avalada por su obra Arte o compendio general del canto llano, figurado y de órgano en método fácil, ilustrado con algunos documentos o capítulos muy precisos para el aprovechamiento y enseñanza (1770). Este tratado contiene la Misa sobre los himnos del Santísimo, también incluida en la Colección Sánchez Garza, grabada por Ars Atlántica.


Otro de los autores españoles incluidos en la grabación es el madrileño José de Torres, cuya obra fue muy apreciada en su época y muy especialmente en la América colonial, pues se conserva en las catedrales de México, Puebla, Oaxaca, Durango, Guatemala, Bogotá y Lima. El último de los nombres españoles es Antonio de Salazar, que vivió a ambas orillas del Atlántico, dado que se sabe que hacia 1672 ya estaba en América pues pidió ingresar como bajonero a la catedral de México, aunque fue rechazado. En 1679 fue nombrado maestro de capilla de la catedral de Puebla y en 1689 de la de México. El disco ha incluido su composición Tarará qui yo soy Antón. 


Los creadores americanos de la grabación son el arpista Juan Corchado y el organista Francisco Vidales. El primero ingresó en la catedral de Puebla en 1725 con la obligación de enseñar a los niños y componer villancicos «en el estilo moderno». Ars Atlántica interpreta su tono a una voz Nace la Aurora divina. El mexicano Francisco Vidales estuvo igualmente empleado en la catedral de Puebla como teclista y dicho cabildo conserva en su archivo trece piezas de este autor, entre ellas una Missa super Exultate cum 8 vocibus. El disco se completa con dos temas anónimos: Corazón de dolor traspasado y Famoso capitán.


Cielo de nieve es una colorida y luminosa muestra de la música conventual del Barroco en Nueva España, que hace gala de una interpretación exquisita de unas piezas que brillan con luz propia.