Mostrando entradas con la etiqueta cine y música. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cine y música. Mostrar todas las entradas

miércoles, 15 de junio de 2016

¿Es delito usar sin permiso una adaptación de una pieza de música antigua?

Aturdido y confuso me deja la noticia que he leído sobre un joven documentalista especializado en cine que ha sido demandado por utilizar en un vídeo sobre el director Stanley Kubrick tres pistas de la banda sonora del film La naranja Mecánica (1971). Parece ser que el acusado, el británico Lewis Bond, ha creado un breve audiovisual sobre la filmografía de Kubrick que ha subido al canal de YouTube  Channel Criswell.

La empresa demandante, Serendip LLC, no tiene absolutamente nada que ver con el genial director de 2001, odisea del espacio, pero afirma tener los derechos de la banda sonora de A Clockwork Orange que está firmada por el músico Wendy Carlos (antaño conocido por Walter Carlos), responsable igualmente de la música de El resplandor (1980). Aunque el infractor Lewis Bond ha intentado llegar a un acuerdo con la empresa, esta se mantiene firme en la demanda exigiendo 150.000 dólares, cifra a la que el joven no puede responder.

De acuerdo con Serendip LLC, “las tres piezas objeto de esta reclamación pertenecen a la banda sonora de La Naranja Mecánica, y llevan por título Title Music From A Clockwork Orange, March From A Clockwork Orange y William Tell Overture”. Y añade la acusación “sin permiso de Serendip, Lewis Bond realizó obras derivadas de la música y de los registros de sonido de Wendy Carlos en la banda sonora del vídeo titulado Stanley Kubrick – The Cinematic Experience”.

No voy a entrar a juzgar lo justo o injusto de la demanda pues el tema de los derechos de autor en el ecosistema digital en que nos movemos es harto complejo. Pero sí me gustaría llamar la atención sobre un particular: la música objeto del delito no es original de Wendy Carlos sino que fue adaptada de piezas de música clásica casi en su totalidad. En concreto, el tema que abre La Naranja Mecánica es una versión tuneada de la Música para el funeral de la reina María de Henry Purcell compuesta en 1695. ¿Quién está robando a quién?

Todo el que haya visto el film de Kubrick puede reconocer al principio de la misma, nota a nota, la pieza de Purcell entre efectos electrónicos de mejor o peor gusto. Es verdad que Carlos consiguió que una bella y grave partitura fúnebre adquiriera un aire peligroso e inquietante que en la película envuelve perfectamente la introducción del protagonista, el psicópata Alex. Como en toda la obra de Stanley Kubrick, la música es un elemento esencial y no accesorio en la puesta en escena de las películas, un signo distintivo de su cine, podríamos añadir.

No obstante, el propio Kubrick reconocía su devoción por incluir música clásica en sus largometrajes, destacando en este sentido 2001, odisea del espacio (1968) y Barry Lyndon (1975). En una entrevista que concedió a Michel Ciment, publicada en 1980, el director justificaba su utilización de música no especialmente compuesta para sus películas: "A pesar de todo lo buenos que puedan ser nuestros mejores compositores de música para cine, no son unos Beethoven, unos Mozart o unos Brahms. ¿Por qué utilizar música peor cuando existe una gran cantidad disponible de música orquestal genial del pasado y de nuestro propio tiempo?"

Esto nos lleva a considerar la autoría y originalidad de Wendy Carlos en la banda sonora de La Naranja Mecánica. Si analizamos la lista de temas del film podemos comprobar que en su mayoría son de compositores antiguos: nos encontramos el citado arreglo de la partitura de Purcell, así como distintas versiones adaptadas de Beethoven, Rossini y la conocida Marcha de pompa y circunstancia de Elgar, amén de un par de canciones entre las que destaca la popular Singin´in the rain.

¿Realmente podemos afirmar que Lewis Bond ha robado una obra original? ¿No se trata realmente una banda sonora construida sobre partituras ajenas (ojo, sin menospreciar su valor como parte fundamental del largometraje)? Independientemente de lo que pueda decir la ley, y teniendo en cuenta por añadidura que el vídeo infractor es un sincero homenaje a la obra de Kubrick, yo pienso que es un tema que ha ido demasiado lejos.


viernes, 5 de abril de 2013

De Occulta Philosophia: el cine de los acordes barrocos

Si en el post precedente del blog hablábamos del proyecto de crowdfunding del dúo Dolce Rima, quienes por cierto han conseguido recaudar el montante necesario para grabar su anhelado primer disco, en esta ocasión traemos otro proyecto que se ha financiado gracias a las aportaciones de los cibernautas. En este caso se trata de un documental, De Occulta Philosophia, que dirigido por el cineasta Daniel V. Villamediana, se adentra en la magia que acompaña el proceso que desemboca en la interpretación de la música barroca.

El protagonista indiscutible del film es La Reverencia, dirigido por Andrés Alberto Gómez y considerado como uno de los conjuntos relevantes de música barroca de nuestro país.

Concebido con la sobriedad que implica el rodar con una sola cámara y sonido directo, De Occulta Philosophia persigue ser algo más que un vídeo con piezas de música antigua interpretadas. Los autores han buscado plasmar todo aquello que no se ve en un concierto y que no se escucha en una grabación. Todo aquello que rodea la relectura de una partitura de varios siglos de antigüedad: desde la construcción de un instrumento hasta la transcripción de las notas, pasando por las conversaciones de los músicos. Una verdadera inmersión en el universo de la creación e interpretación de la música del siglo XVII.

El proyecto fue cobrando forma a través de los encuentros que fueron sucediéndose entre el director Daniel Villamediana y el músico Andrés Alberto Gómez. Partiendo de la idea nebulosa de rodar algo relacionado con la música barroca, la película se fue planteando como un reto: establecer una reflexión sobre cómo aproximar la música barroca al lenguaje cinematográfico, o viceversa, cómo abordar el rico y complejo mundo de la música antigua y sus intérpretes desde la lente de la cámara. Un objetivo tan ambicioso como difícil de abarcar.

Es éste el verdadero valor que aporta a mi modo de ver De Occulta Philosophia, teniendo en cuenta que solamente he visto el trailer del documental, el ofrecernos un cómo y por qué, que enriquezcan la mera interpretación de las piezas musicales. Lograr explicarnos cómo llegan un grupo de músicos a poder grabar o interpretar en directo una determinada música, todo el proceso precedente de investigación, aprendizaje y ensayo. Y también contarnos el porqué de la iniciativa: por qué se elige una partitura determinada, por qué es así tratada, etc. Respuestas que solamente los músicos profesionales pueden ofrecernos.

La última noticia que ha llegado a nosotros acerca De Occulta Philosophia es que ha sido seleccionada en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires. Esperamos sinceramente que coseche un gran número de galardones y éxitos para que de esta forma otros realizadores se animen, siguiendo el ejemplo de Villamediana, a rodar producciones en torno a la música antigua. ¡Mucha suerte en el empeño!

Os dejo el trailer de la película.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Hay poca música antigua de cine

O más bien habría que preguntarse, ¿por qué no abunda la música antigua en el cine? Es notoria la ausencia de partituras y piezas compuestas antes del siglo XVIII en las bandas sonoras originales del Séptimo Arte. Incluso cuando se ruedan películas históricas, generalmente se opta por encargar una partitura específica antes que buscar alguna melodía antigua que se adapte a las imágenes.

Recordamos lo que expresaba al respecto el realizador Stanley Kubrick al que ya le dedicamos un post en este blog:

"A pesar de todo lo buenos que puedan ser nuestros mejores compositores de música para cine, no son unos Beethoven, unos Mozart o unos Brahms. ¿Por qué utilizar música peor cuando existe una gran cantidad disponible de música orquestal genial del pasado y de nuestro propio tiempo?"

Existen grandes ejemplos de simbiosis entre piezas de música clásica y películas, es decir, melodías que ya para siempre el inconsciente colectivo asocia a un determinado film y a su trama. Kubrick es el primer director que me viene a la cabeza en este sentido, pues el poema sinfónico Así habló Zaratustra del alemán Richard Strauss ha quedado asociado en la cultura occidental a la escena del amanecer del hombre de 2001 Una odisea del espacio. Algo más adelante en el metraje, otro Strauss, esta vez Johann, le pone música con sus valses de Viena a las escenas del denominado ballet espacial, en el que las naves espaciales parecen evolucionar al ritmo de los acordes de la danza.

Otro de los ejemplos que afloran instintivamente al tratar este tema es el de las valkirias wagnerianas transformadas en helicópteros de combate de Apocalypse Now (1979). Francis Ford Coppola combina en su obra la épica de la destrucción con un viaje al lado oscuro del alma humana. Como decía un profesor mío de inglés del colegio, a veces la brutalidad y la destrucción pueden ser bellas visualmente desprovistas de su significado, y sin duda la escena del ataque a la aldea vietnamita de la película tiene un significado tan terrible como cautivador. Y la música de Wagner juega un gran papel en esto.

Pero no existen muchos ejemplos de asociación tan evidente entre música antigua y cine, por lo menos, no tan fuerte como la de los casos anteriores. Por supuesto existen films centrados en la música, como Tous les matins du monde (1991) de Alain Corneau que narra la vida de Marin de Marais y que por supuesto incluye sus partituras en la banda sonora; u otros como Barry Lyndon, del citado Kubrick, que ambientada en el siglo XVIII hace uso de la música de la época.

Se me ocurre también que Excalibur (1981) de John Boorman, una recreación acelerada de la obra tardomedieval Le Morte D´Arthur de Sir Thomas Malory, incluye en sus escenas parte del Carmina Burana de Carl Orff, que constituye una reconstrucción moderna de los cantos de goliardo del siglo XII. Y que Orson Welles incluyó el famoso adagio para cuerda y órgano de Tomaso Albinoni en la banda sonora de su adaptación cinematográfica de El proceso de Franz Kafka de 1962.

No obstante, me parece que la música antigua ha sido desaprovechada por la cinematografía.


domingo, 26 de febrero de 2012

Barry Lyndon: Kubrick y la música clásica

Resulta sobradamente conocido el perfeccionismo con que Stanley Kubrick abordaba las bandas sonoras de sus películas. La música que acompaña al metraje es a menudo tan importante como la misma imagen filmada. Bástenos recordar como la música de Johann Strauss que suena en “2001: odisea del espacio”; la archiconocida escena del “vals espacial”, ha pasado ha formar parte de la cultura popular, habiendo sido repetidamente imitada y parodiada en series de televisión y anuncios publicitarios.

La banda sonora original de su película “Barry Lyndon” es otro ejemplo de cómo las partituras adecuadamente seleccionadas pueden impulsar y engrandecer una obra cinematográfica. El film recibió cuatro premios Óscar en 1975, uno de ellos a la mejor música adaptada, y basado en una novela de William Thackeray, narra el despiadado ascenso social de Redmond Barry en la sociedad irlandesa del siglo XVIII. Se podría contar de esta obra que fue rodada íntegramente con luz natural, usando objetivos Zeiss de los que utilizaba la NASA para realizar las fotografías desde los satélites, o que cada plano presenta una simetría y perspectiva propias de una obra pictórica, pero este no es un blog de cine.

La banda sonora de “Barry Lyndon” incluye una importante selección de piezas musicales de compositores del siglo XVIII, además de evocadoras melodías de corte céltico del conjunto irlandés The Chieftains. En una entrevista a Stanley Kubrick firmada por Michel Ciment y publicada en 1980, el director justificaba su utilización de música no especialmente compuesta para sus películas:

"A pesar de todo lo buenos que puedan ser nuestros mejores compositores de música para cine, no son unos Beethoven, unos Mozart o unos Brahms. ¿Por qué utilizar música peor cuando existe una gran cantidad disponible de música orquestal genial del pasado y de nuestro propio tiempo?"

En la misma entrevista relata, en relación con lo anterior, el problema que tuvo con “2001”. Parece ser que había montado temporalmente la película con partituras “clásicas” que se ajustaban a las escenas (Strauss, Legeti, Khatchaturian) y que luego había contratado a un músico para que compusiese una banda sonora específica para el film. Cuando éste le presentó su trabajo, se dio cuenta de que no podía haber compuesto una música más ajena al espíritu de la película, pero el estreno era inminente y ya no le daba tiempo a encargar otra banda sonora original. Así que dejó en la cinta las melodías que figuraban al principio y que solamente debían haber servido de guía para el compositor de la banda sonora, y gracias a ello, “2001: odisea del espacio” es la maravilla que ha llegado hasta nosotros.

Ente los compositores incluidos en la banda sonora de "Barry Lyndon" destacan nombres como Vivaldi, Mozart, Handel o Bach, aparte de una curiosa marcha de Federico el Grande.

Resulta gracioso que en la entrevista se le acusa de falsear, aumentando su dramatismo, la famosa pieza “Zarabanda” de Handel, verdadera identidad sonora de la película, a lo que el realizador responde:

“Esto surgió de otro problema sobre la música del siglo XVIII – no es demasiado dramática. La primera vez que me encontré con este tema de Handel fue a través de una interpretación de guitarra y, por extraño que parezca, me hizo pensar en Ennio Morricone. Creo que funcionó bien en el film, y la sencilla orquestación evitó que sonará fuera de lugar.”

Recordemos que no era la primera vez que Kubrick adaptaba a su antojo piezas clásicas. La “Música para el funeral de la Reina María” de Purcell que abre “La naranja mecánica” fue transformada de marcha fúnebre en una melodía inquietante de pesadilla por el compositor/a Wendy Carlos.

Otro “truco” utilizado por Stanley Kubrick es la inclusión de Schubert en la BSO, un músico posterior a la época que refleja la película, en concreto, en la escena de la seducción de Lady Lyndon por parte del protagonista. De nuevo el director se justifica:

“Pensé que lo correcto era utilizar solamente música del siglo XVIII. Pero a veces te fijas normas a ti mismo que demuestran ser innecesarias y contraproducentes. Creo que debo haber escuchado cada LP que puedes comprar sobre música del siglo XVIII. Uno de los problemas que en seguida se hizo evidente es que no existen temas trágicos de amor entre la música del siglo XVIII. Así que eventualmente decidí utilizar el “Trío en Mi bemol, Opus 100” de Schubert, escrito en 1828.”

Por último, me gustaría destacar otra de las piezas adaptadas del disco, que personalmente considero de las más bellas. Se trata de la versión del “Saper bramate” de la ópera del compositor Giovanni Paisiello “El barbero de Sevilla”, aquí incluida en versión instrumental. Para mí representa el espíritu del clasicismo en la música. La reproduzco a continuación.




viernes, 3 de junio de 2011

Tous les matins du monde

Me he tirado el pegote porque no sé una palabra de francés pero hay que reconocer que queda más fino y más chic en el idioma de nuestros vecinos de arriba que en el nuestro nativo. “Todas las mañana del mundo” es una película dirigida por Alain Corneau en 1991 que narra la relación entre el músico Marin Marais y uno de sus maestros de viola de gamba, Monsieur de Sainte Colombe. A pesar de que para algunas personas con las que he hablado es un auténtico tostón, para otros, entre los que me incluyo, es una pequeña maravilla. Protagonizada por Gerard Depardieu en el papel de Marais, es un film de música y de músicos que no debería ignorar ningún melómano, y en particular, aquellos aficionados al barroco tardío.

La banda sonora corre por cuenta del gran Jordi Savall, por lo cual el CD es igualmente recomendable. Incluye piezas del propio Marais, de Sainte Colombe, de Jean-Baptiste Lully y de François Couperin, que cada vez me gusta más y presiento que va a merecer un post para él solo. Si tenéis cuenta en Spotify se puede escuchar aquí.

Marin Marais en un raro caso de progreso social en la sociedad estamental del Antiguo Régimen en Francia. De hijo de un zapatero (profesión considerada en el siglo XVII como “mediocre”) de abundante descendencia y escasos ingresos, pasó a formar parte de la corte de Luis XIV y a convertirse en uno de los mejores compositores para viola de gamba de todos los tiempos. Marais entró como niño de coro en Saint-Germain-l´Auxerrois a los once años, gracias al tráfico de influencias que ejerció un tío suyo doctor en teología. Allí ya destacaba en la interpretación del clavecín y del laúd, pero lo que realmente atrajo su atención fue la viola de gamba, un instrumento nacido en la España del siglo XV teñido con la influencia en la forma de tocar del rahab árabe.

Al abandonar Saint- Germain-l´Auxerrois, Marin Marais se convierte en discípulo, aunque por breve tiempo, de Monsieur de Sainte Colombe, un músico de moda perteneciente junto a Monsieur de Machy a la segunda generación de gambistas franceses. El caso es que a los seis meses de iniciar la relación Sainte Colombe da por finalizadas las lecciones, según él porque ya no tenía nada que enseñar a Marais, aunque los historiadores malintencionados defienden que temía verse pronto superado en técnica por su brillante alumno. Supongo que nunca conoceremos la verdad.  Y Marais alcanzó las más altas cotas: convertirse en músico de la corte de Luis XIV, un monarca amante de la danza y de la música, cuyo “gestor musical” no era otro que Jean-Baptiste Lully (nacido en Florencia como Giovanni Battista Lulli). Lully logró ganarse al rey de tal forma que todo acorde que sonaba en la corte estaba férreamente controlado y supervisado por él. Es curioso, y da una idea del poder que ejercía Lully, cómo Marais le dedica su primer libro de música para viola en un tono más que rebajado y humillado: “Señor, yo cometería una falta inexcusable si, teniendo el honor de ser uno de vuestros alumnos y estando unido a vos por otras obligaciones particulares, no os ofreciera los resultados de aquello que he aprendido tocando vuestras sabias y admirables composiciones. Os presento, pues, esta colección como mi Superintendente y como mi Bienhechor. Os la presento también como el primer hombre que haya existido en las diversas facetas de la música. Nadie puede discutiros ese título. Los más grandes genios confiesan que no hay una vía más segura y más fácil para triunfar en esta profesión que estudiar vuestras obras. Todos los príncipes de Europa que desean hacer florecer este arte en sus Estados no conocen otro camino mejor.” Fue un pelota pero triunfó; la inteligencia siempre triunfa sobre la soberbia. En el vídeo que aparece a continuación, “Le labyrinthe”, de Marais.



Todas las mañanas del mundo” cuenta le breve relación de Marais y Sainte Colombe de una forma bella y sutil, en la que el maestro intenta inculcar a su  aprendiz la esencia de la música. Poco saben los historiadores de la vida de Monsieur de Sainte Colombe, por no saber, ni conocen su nombre de pila. Si que parecen estar de acuerdo en que era un hombre austero en sus costumbres que vivía apartado de la corte y de sus modas, defendiendo la pureza de la música, lejos de los juegos galantes de salón. En la ficción de la película, Marais visita a su maestro mucho tiempo después, y tras realizar un dúo de viola con él y beber unos vinos, Sainte Colombe le revela el verdadero sentido de la música: comunicarse con los seres queridos que nos han dejado, en su caso, su esposa. Precioso. Dejo a continuación un vídeo con la escena en cuestión y en cualquier caso podéis ver la película completa por partes en YouTube, en francés con subtítulos en castellano.