miércoles, 27 de enero de 2021

Las artes plásticas y la música medieval se unen en un curso gratuito del CIMM para inaugurar el año formativo

La exploración atenta de la música, los músicos y los instrumentos musicales del medievo a través de la mirada experta de Jorge Ariza, doctor en Historia del Arte especializado en simbología, a partir de la iconografía, la arquitectura o la pintura. Ese es el objetivo del primer curso que ofrece el Centro de Investigación e Interpretación de la Música Medieval (CIMM) de la Valldigna (Valencia) para este 2021. El pistoletazo de salida lo dará este sábado con la primera de las diez ponencias preparadas, que tendrán lugar durante todo el año. 

Bajo el título “Las Artes plásticas y la Música. Una mirada medieval” llega esta formación abierta a todo tipo de alumnado, tanto músicos como personas interesadas en la música, para abrir los ojos a la música medieval a través del Arte. Las inscripciones están abiertas a través del correo electrónico info@cimmvalldigna.org,  poniendo en la línea de asunto ‘Inscripción al curso de Jorge Ariza’.

La primera de las sesiones se titula “Músicos del norte y del sur en la pintura tardo-medieval” y se celebrará el próximo sábado 30 de enero a las 17:00 horas. En ella ahondará en la relación que mantienen a través de la pintura los creadores de música medieval, en la que no faltarán ejemplos que estimulen el conocimiento y la difusión de este género musical, objetivo último de las actividades que desde hace ahora un año planifica el CIMM para acercar la música del Medievo a todos los públicos.

Programación de los próximos encuentros sobre arte y música medieval en 2021

El doctor en Historia del Arte Jorge R. Ariza compartirá sus conocimientos sobre artes y música medieval a lo largo de diez sesiones. Tras la primera, de este sábado, se sucederán sesiones con periodicidad mensual, excepto los meses de verano. Todas las citas serán en sábado a las 17:00 horas. Así, el 6 febrero el tema será “La danza de la muerte”, el 6 de marzo, “Las trompetas de los ángeles”; el 3 de abril continuará la programación con “Los músicos del paganismo en el imaginario medieval”. Ya en primavera, el 1 de mayo la sesión versará sobre “Iconografía de menestriles y juglares”, mientras que el 5 de junio será el turno para abordar la sesión titulada “Final del viaje: La música en el Pórtico de la Gloria”.

Tras una parada los meses de verano, el programa sigue su curso el 4 de septiembre con “Imágenes de la Dama en las tres culturas del mundo hispánico”. En octubre, el día 2, tomarán relevancia con Ariza los “Aspectos musicales en los iconos bizantinos”. Para cerrar el calendario, el 6 de noviembre la clase se centrará en “Los himnos a la Virgen como fuente para la iconografía” y ya en diciembre, la última de las sesiones previstas, el día 4, cerrará con la una charla dedicada a los “Músicos inspirados por el Espíritu”.

Una vida dedicada al arte y la simbología

Jorge R. Ariza (Barcelona, 1984) es doctor en Historia del arte y ha dirigido su carrera hacia el estudio de la simbología, campo sobre el que ha centrado sus artículos para diferentes publicaciones como Arsgravis, Brumal o Herejía y Belleza. Trabaja como docente en diferentes instituciones académicas como la Universitat de Barcelona, el Institut Superior de Ciències Religioses de Barcelona o la Fundació Universitària del Bages. También ha desarrollado diferentes proyectos para el Museu del Monestir de Sant Cugat. Ofrece cursos y conferencias sobre arte, iconografía y simbología en diferentes centros cívicos y religiosos.

Balance positivo del primer año de vida del CIMM

Este enero de 2021 el CIMM cumple su primer año de vida con Mara Aranda, al cargo de la dirección y coordinación de su programación tanto lúdica como formativa. Aranda agradece “el firme compromiso de la Mancomunidad y la Conselleria de Cultura por seguir manteniendo la programación del centro en esta etapa en la que el mundo de la cultura en general se está reconfigurando, al igual que toda la realidad que hemos conocido en todos los ámbitos, y los conciertos con asistencia de público en particular, propiciando un nuevo paradigma en la formación y la experiencia educativa”. Los primeros doce meses han llenado de actividad el Monasterio de la Valldigna y se han venido realizando, con gran éxito de convocatoria, sus clases online. “2020 ha sido un año en el que se han desbordado las previsiones de concurrencia de alumnado de más de 20 países diferentes”, asegura Mara Aranda. Además de esta formación específica y mensual con Ariza, el CIMM continúa con los cursos online 2020/2021 de violas de rueda, viola de brazo, vientos de lengüeta doble, organetto, percusión y voz.

jueves, 21 de enero de 2021

Hubert Le Blanc y el ocaso de la viola da gamba en Francia

La viola da gamba tuvo su momento de apogeo en Francia en el siglo XVII, especialmente a lo largo del reinado de Luis XIV, el Rey Sol, gran amante y promotor de las artes escénicas y de la música. De hecho, hay quien hace coincidir la fecha simbólica de la muerte del monarca, 1715, como el comienzo del declive de la popularidad del instrumento, mientras que, de mediados de siglo al comienzo de la Revolución en 1789, desaparecería por completo del panorama cultural francés. 

El celo que dedicó Luis para convertir Versalles en un templo para las artes y las tendencias de moda, hizo que la corte fuese, durante su reinado, el único lugar de referencia en la música y la danza de toda Francia, en el que el propio rey marcaba personalmente el patrón del buen gusto. La música escénica ejercía su protagonismo, especialmente a través del género de la comedia ballet en el que trabajaron juntos el músico Jean Baptiste Lully y el dramaturgo Moliere, pero también tuvo un peso importante la música de cámara, tanto en privado como en público, que contribuía a dar pompa y esplendor a la corte. En este ámbito, la viola fue un instrumento querido y apreciado por la nobleza y los cortesanos.

La muerte del Rey Sol alteró este panorama. Por una parte, el sucesor Luis XV trasladó su residencia a París -aunque volvería a instalarse en Versalles en 1722-, y con él la nobleza cortesana, de forma que la capital se erige como el nuevo faro cultural. Por otro lado, se hace cada vez más patente en Francia el gusto por la música que llega de Italia, que pone de moda el uso de la familia del violín. Estos dos factores conjugados hacen que la música se traslade de la exclusividad de las veladas artísticas de las casas nobiliarias, a los conciertos públicos que comienzan a celebrarse por toda la ciudad: los Concert Spirituel, que tenían lugar en fiestas de guardar, los Concerts Français, en los que sonaban divertimentos y cantatas francesas, y los Concerts Italiens, donde solamente era interpretada música italiana por músicos venidos de allí o por franceses que habían estado en Italia.

Este entorno público de las salas de conciertos demostró ser completamente inadecuado para la viola da gamba, que, aunque tiene una resonancia suficiente para ser escuchada en espacios amplios, se muestra totalmente ineficaz compitiendo con otros sonidos. Los conciertos de aquella época distaban en sus formas de los de la actualidad, de forma que tenían más de actividad social que de experiencia de disfrute individual, y era la norma que los asistentes charlasen todo el rato, se moviesen por la sala e incluso jugasen a las cartas durante el evento. A diferencia del estridente violín, la viola da gamba no podía hacerle frente a este ambiente ruidoso y alborotado.

La viola da gamba salió de los salones de las casas nobles y perdió la batalla en la calle frente a los instrumentos de la familia del violín llegada de Italia. En este panorama, el abad Hubert Le Blanc publicó en 1740 su libro en defensa de la viola titulado Défense de la basse de viole contre les enterprises du violon et les prétentions du violoncelle. Aparte de clérigo, Le Blanc era doctor en derecho y músico, pues tocaba precisamente este instrumento. En su obra deplora el declive de los intérpretes aficionados aristócratas que tocaba en los palacios con devoción y entrega, y la llegada de los recitales profesionales que llenaban las salas de conciertos. Y, por encima de todo, defendió a la viola da gamba frente al violín.

La defensa de la viola de gamba contra las empresas del violín y las pretensiones del violonchelo está dividida en tres partes. En la primera, Hubert Le Blanc asocia las pièces de música francesa con la viola de gamba, y con la forma de tocar de grandes figuras como Marin Marais y Antoine Forqueray. Utiliza con frecuencia los elementos mitológicos y alegóricos en el texto, como cuando compara a Marais con un Ayax que “hizo frente a la carnicería llevada a cabo contra Francia por los romanos, los venecianos, los florentinos y los napolitanos en conciertos privados”. A su juicio, la Inteligencia Divina repartió la armonía entre las naciones, asignando el violín a los italianos, la flauta a los alemanes, el clavicordio a los ingleses y la viola da gamba a los franceses.Por tanto, Leblanc asocia el violín con el gusto italiano y con el formato de la sonata.

La segunda parte relata un diálogo alegórico entre el sultán violín, “un aborto y un pigmeo”, y la viola. El encuentro tiene lugar antes de un concierto en los Jardines de las Tullerías, y en él se ponen en evidencia las virtudes de cada instrumento. Hubert dice que el violín “no podía competir con la viola en la delicadeza de su conmovedor sonido o su armonía”, que quedan patentes en las distancias cortas, así que usa la estrategia de llevar el recital a una gran sala, donde “habría muchos efectos que serían tan perjudiciales para la viola como favorables para el violín”.

En la última parte, Hubert Le Blanc plantea la salvación de la caída de la viola de gamba a través de interpretar música para el violín en el instrumento. De esta forma, a viola se beneficiaría de la creciente popularidad del violín, consiguiendo no caer en el olvido. La abundancia de detalles técnicos sobre la interpretación de los distintos instrumentos es lo que ha llevado a pensar que el autor era un músico muy experimentado y hábil.

 

domingo, 17 de enero de 2021

Rodrigo Rodríguez graba Cruzando la Montaña – Yamagoe, melodías del Antiguo Japón

La canción que ha grabado el maestro de la flauta medieval shakuhachi Rodrigo Rodríguez en su nuevo vídeo es un ejemplo del estilo koten honkyoku, que fue transmitido por muchos komuso en la región de Kyusyu, Japón. Un komusō o monje del vacío era un monje mendicante de la secta Fuke del budismo zen. Por lo general se les caracteriza por utilizar una canasta de paja en la cabeza como una manifestación de la ausencia de ego y tocando la shakuhachi utilizada para meditar.

Debido a los registros históricos incompletos, es imposible estar seguro de que esta pieza tuviese su origen en un templo komuso en Hakata (una ciudad en el norte de Kyusyu) llamado Itchoken, pero uno puede escuchar claramente los vestigios del estilo del monje komuso, que usó dicho templo como un base para sus vagabundeos dentro y alrededor del área de Kyusyu.

El título de esta pieza sugiere que incluso cuando uno ha pasado la etapa más difícil de una pieza u obra, o la etapa más crítica de una enfermedad, nunca puede relajarse por completo hasta llegar al final o hasta alcanzar la recuperación perfecta. Este adagio se aplica tanto al entrenamiento budista en ascetismo como al estudio del shakuhachi. En esta grabación, el estilo de interpretación vehemente produce una gama completa de dinamismo por medio de movimientos melódicos siempre fluctuantes, y completamente ornamentados dentro de una tesitura relativamente estrecha y baja.

A veces llamada Yamagoe Reibo, esta canción se usa para establecer los estándares de entrenamiento. Originalmente no fue pensado como una pieza escénica. El practicante espiritual debe encontrar los extremos de todo para darse cuenta de una parte de sí mismo que aún no ha sido utilizada. En otras palabras, uno debe empujar hasta el umbral de la muerte durante el entrenamiento para vislumbrar las ideas autolimitantes de vida/muerte.



miércoles, 6 de enero de 2021

Campaña para sufragar la grabación de “La ciudad de las damas” de Catalina Vicens y Servir Antico

La teclista chilena Catalina Vicens y directora del ensemble Servir Antico ha lanzado un proyecto de micromecenazgo para financiar el que será el primer álbum del conjunto The City of Ladies (La Ciudad de las Damas). Se trata de un proyecto basado en música medieval y del primer Renacimiento que pretende ser un elogio a la mujer, rindiendo un homenaje a las mujeres y los hombres que allanaron el camino hacia un mundo más inclusivo e igualitario en términos de género, pensando fuera del marco de su propia sociedad y de su tiempo. 

Servir Antico es un grupo inspirado en el ideal del humanismo renacentista, cuyas iniciativas combinan la música histórica -de los siglos XIII al XVI- con elementos para la reflexión, de cara a elaborar propuestas para un futuro más creativo y solidario. Tras ocho años de crear e interpretar programas inspirados en algunos de los pensadores, visionarios, artistas y músicos más fascinantes del pasado, los miembros de la formación han decidido entrar en el estudio para llevar a cabo su primera grabación. Para financiar esta empresa, Servir Antico ha abierto una campaña de crowdfunding en la plataforma Indiegogo, en la que cualquiera que esté interesado puede colaborar, recibiendo una recompensa en función de su aportación económica.

The City of Ladies es un disco inspirado en la visión de dos personajes: Christine de Pizan (1364 - hacia 1431) y el poeta Martin Le Franc (hacia 1410 - 1461). La primera ha sido reconocida como la primera escritora profesional en Europa. Su legado trata diversos temas, desde poemas de amor hasta tratados de política, y en su obra La Ciudad de las Damas plantea la construcción de una ciudad imaginaria, donde cada ladrillo está hecho de la historia de una mujer. Este será un fundamento sobre el que se pueda construir una sociedad en la que las mujeres sean respetadas como iguales por los hombres. Por su parte, Le Franc sigue a Christine en la defensa del papel de la mujer en la historia y la ayuda a escribir una historia más inclusiva sobre la humanidad.

La música que hará de banda sonora de esta hermosa iniciativa incluirá piezas de la época en que vivieron estos dos pensadores, es decir, finales del siglo XIV y la segunda mitad del XV, incluyendo obras del Ars Subtilior o Arte Sutil, con composiciones sensuales y complejas de Baude Cordier, Solage, Grenon y Tapissier, así como otras anónimas, y canciones de principios del Renacimiento, de Gilles Binchois y Pierre Fontaine, Dufay y Ghiselin.

Catalina Vicens asume la dirección de esta singular empresa, además de interpretar el órgano portativo, y le acompañan la soprano Lieselot De Wilde, el alto  Dina König y el tenor Michaël Grébil, así como la mezzosoprano Coline Dutilleul y el instrumentista Nolwenn Le Guern, a la fídula medieval.

Para más información o para participar en la financiación de la grabación, aquí.



miércoles, 30 de diciembre de 2020

Ariana Savall y Petter Udland Johansen inauguran el año musical del CIMM de la Valldigna


El Centro de Investigación e Interpretación de la Música Medieval (CIMM) de la Valldigna (Valencia) hace un balance positivo de su primer año de historia, este 2020, y se prepara para inaugurar el venidero 2021 con un cartel de altura, como tiene acostumbrado a su público.

El sábado 2 de enero comienza la programación del nuevo año con el combo formado por Arianna Savall y Petter Udland Johansen con "Cantos del sur y del norte". Savall y Johansen describen su proyecto como un viaje que enlaza al Mediterráneo con el Mar del Norte. Una travesía musical en la que cobra protagonismo el sonido de las brillantes arpas de Arianna y el arrullo del violín Hardanger de Johansen. Cuando se suman los colores de la mandolina y los más inesperados del Dobro, instrumento de cuerda nada habitual fuera del bluegrass, se envía un mensaje sobre la universalidad de la canción, así como sobre los viajes transatlánticos de las antiguas baladas medievales.

Desde la cuna, Arianna Savall recibió la gracia de las musas, puesto que sus progenitores, Montserrat Figueras y Jordi Savall, fueron dos de los grandes impulsores de la interpretación de la música antigua en España. Pero, más allá de sus genes, Arianna ha sabido sintetizar las sustancias congénitas y las adquiridas, creando una personalidad artística interesantísima, pura evocación del pasado y proyección hacia un futuro que ella también contribuye a crear desde el presente.

La directora y coordinadora de programación, Mara Aranda, destaca “el firme compromiso de la Mancomunidad y la Conselleria de Cultura por seguir manteniendo la programación del centro en esta etapa en el que el mundo de la cultura en general se está reconfigurando, al igual que toda la realidad que hemos conocido en todos los ámbitos, y los conciertos con asistencia de público en particular”. Añade respecto a los cursos online que el centro tiene en marcha de violas de rueda, viola de brazo, vientos de lengüeta doble, organetto, percusión y voz que “2020 ha sido un año en el que se han desbordado las previsiones de concurrencia de alumnado de más de 20 países diferentes’.

Eduardo Paniagua fue el primer artista en pisar y disfrutar del CIMM de la Valldigna, y sobre él y su actividad solo tiene palabras de ánimo y aliento. “Del primer Centro Internacional de Música Medieval espero que aborde la acogida de la demanda de músicos interesados en estos repertorios, pero también publicaciones sobre las ponencias y reflexiones de las mesas redondas, cuando estas tengan lugar. Las clases o master-clases pueden quedar en el “aire” si no se recogen en documentos para el legado posterior. Todo ello supone apostar por presupuestos que lo permitan”. 

Todos los conciertos tienen acceso gratuito y su aforo estará regulado conforme a las normativas vigentes. La organización asegura a los asistentes todas las medidas de seguridad estipuladas como el distanciamiento entre el público, el uso de gel hidroalcohólico y la necesidad de utilizar mascarilla durante todo el concierto.




sábado, 12 de diciembre de 2020

El arpa medieval centra un curso internacional online con Manuel Vilas en el CIMM de enero a junio

El Centro de Investigación e Interpretación de la Música Medieval (CIMM) de la Valldigna (Valencia) celebra su primer año de actividad ampliando sus actividades y catálogo de formación online con maestros nacionales e internacionales. Manuel Vilas se pone al frente de esta nueva propuesta formativa del CIMM. Un curso que nace para “difundir el amor por la música medieval y por uno de sus principales instrumentos, el arpa, para que cada alumno encuentre su lugar y desarrolle sus capacidades y conocimientos”, asegura el arpista compostelano.

El objetivo del curso es aportar a cada alumno unas herramientas con las que poder hacer música de manera tanto individual como colectiva, “además de inyectar amor y entusiasmo por el mundo del arpa medieval y explorar todas sus posibilidades”, asegura. También está indicado para aquellos interesados en música que no tengan formación en ella. “Me adaptaré individualmente para cada alumno. Lo importante es que todo interesado se anime, me explique su caso, y a partir de ahí podremos construir algo hermoso”, confirma Vilas.

El carácter del curso será fundamentalmente práctico e ideal también para todos aquellos que vengan de otros campos de la música, pero quieran tener su primer contacto con la música medieval. Para ello, y más allá de la mera discusión académica, asegura Vilas que “será muy importante la observación y estudio de fuentes de la época: iconografía (pintura, escultura, miniaturas…), manuscritos y su notación, obras literarias, entre otros, “como punto de partida para el fundamental estudio de los antiguos modos medievales, la lectura y estudio del tratado de Guido d’Arezzo Micrologus y su aplicación a la práctica del arpa, no como un recurso sin vida”, adelanta el profesor.

Las inscripciones, o solicitud de información adicional, ya están disponibles para reserva a través del correo electrónico info@cimmvalldigna.org. Todos los cursos tienen una certificación homologada por el Instituto Superior de Enseñanzas Artísticas de la Comunitat Valenciana (ISEACV), y son válidos para acreditar méritos de formación ante procesos selectivos y oposiciones.

Las clases se impartirán a través de la plataforma de networking Zoom y contarán con espacios comunes y seguimiento individual en sesiones personalizadas. Las plazas son limitadas y se impartirán en castellano.

La directora de este centro, Mara Aranda testimonia que: “Nuestro primer año de vida ha sido un éxito que ha desbordado las previsiones, lo que ha hecho que la programación formativa aumente su oferta, manteniendo la calidad del profesorado y ampliando su número”.

El arpa, instrumento representativo del medievo

El arpa fue uno de los principales y más utilizados instrumentos del periodo que llamamos Edad Media. Hay diversos tipos y formas, pero podríamos resumir todo en que se trata de un tipo de arpa portátil, de tamaño reducido y que posee diferentes números de cuerdas, de 12 a 18, dispuestas paralelamente en una fila de cuerdas. Se puede tocar de diferentes maneras: de pie, caminando, sentado, apoyado en una pared e incluso danzando. Fue uno de los instrumentos predilectos de los trovadores y troveros e instrumento tañido por todas las capas sociales, desde reyes hasta juglares. La especial importancia que tuvo en ciertas zonas de la geografía europea nos da una idea de su difusión. Desde la Corona de Aragón hasta el Reino de Navarra, pasando por el Camino de Santiago, Inglaterra, norte y sur de Francia, Irlanda, cortes germánicas y un largo etcétera.

Manuel Vilas, una vida dedicada a la música

Manuel Vilas nació en Santiago de Compostela, donde tuvo su primer contacto con la música. Es pionero en el estudio de arpas olvidadas, como el arpa jesuítica chiquitana y el arpa doble. Se formó en arpas antiguas con Nuria Llopis en Madrid y con Mara Galassi en Milán. Vilas es el primer arpista que ha impartido cursos de arpa barroca española en Estados Unidos y Cuba. Su carrera artística lo ha llevado a colaborar con numerosas formaciones, además de desarrollar su faceta como solista. Ha actuado por todo el mundo y lanzado varios discos al mercado. Cuatro de ellos nacen del proyecto de recuperación de piezas vocales del barroco español acompañada con arpa de la forma en que se hacía entonces.   

Diego de Pontac en Granada: las vicisitudes de un maestro de capilla en el siglo XVII

El paso de los siglos suele allanar y eclipsar los sucesos cotidianos acaecidos en el día a día fundiéndolos en el gran relato de la historia. Así, nos llega hasta el presente la vida y la obra de un compositor, sus logros y creaciones, pero, con frecuencia, se pierden por el camino los aspectos más humanos de su existencia: las miserias del comportamiento, los enfrentamientos y los conflictos profesionales. La existencia de alguien no es el conjunto ordenado de datos que nos ofrecen las enciclopedias.

Todo esto viene a cuento para referir el turbulento paso del compositor oscense Diego de Pontac por la capilla de la catedral de Granada -ostentó el cargo de maestro de la misma entre 1627 y 1644-, donde tuvo choques tanto con los cantores del coro, como con el mismo cabildo. Entre las anécdotas que han llegado hasta nosotros se encuentra el haberle dado dos bofetones a un sacerdote cantor de la capilla. Antonio Ezquerra Esteban relata con detalle la vida del músico en su artículo El músico aragonés Diego de Pontac (1603-1654) Maestro de Capilla de La Seo de Zaragoza (Institución Fernando el Católico, 1991).

Diego de Pontac y Orliens fue un compositor de gran prestigio de mediados del siglo XVII. Prueba de ello fueron los abundantes cargos que ejerció, tanto en las capillas de las catedrales de Salamanca, Granada, Santiago de Compostela, La Seo de Zaragoza y la de Valencia, como en el convento de La Encarnación de Madrid y la Capilla Real. Una dilatada carrera que quizá ponga en evidencia una falta de capacidad para adaptarse a las normas y autoridades que encontraba en los distintos entornos laborales, y puede que una personalidad fuerte e independiente.

Pontac destaca especialmente por su música sacra en latín: nueve misas, salmos, antífonas, cánticos, magnificat, responsorios, motetes y salves. También se conserva una escueta obra en castellano en la forma de varios villancicos, una jácara y un romance. Son pocas piezas suyas las que han llegado hasta nosotros -que se encuentran en los archivos de la Real Capilla de Madrid y en los del Monasterio del Escorial- para poder hacernos una idea de su talento, aunque este debía ser relevante, a juzgar por su sólida formación, la cantidad de cargos importantes que desempeñó a lo largo de su carrera, y por la cantidad de discípulos que tuvo.



Nacido en 1603 en la provincia de Huesca, en Loarre o en la capital, pues no está claro, tuvo una formación a cargo de varios de los mejores músicos del momento. En La Seo de Zaragoza se inició en 1612 en canto y contrapunto con el maestro de El Pilar, Juan Pablo Pujol, y también con Francisco Berge y Francisco de Silos, maestros de capilla en La Seo. Igualmente, en 1614 empezó a trabajar contrapunto sobre tiple y de concierto con Pedro Ruimonte, el que fuera maestro de la capilla y de la cámara de los Príncipes Gobernadores de los Países Bajos. A los diecisiete años ganó la oposición de maestro de capilla del Hospital Real de Zaragoza, y sus padres le enviaron a perfeccionar su formación a Madrid, nada menos que con los maestros de la Capilla Real, el gran Mateo Romero, apodado Capitán, y Nicolás Dupont.

De espíritu inquieto, en 1622 se postula sin éxito para la catedral de Plasencia, pero consigue el magisterio de la de Salamanca, nombrándole la universidad juez examinador de la cátedra de canto. En los años siguientes los puestos que ocupa Diego de Pontac se suceden de forma vertiginosa. Por suerte su vida está bien documentada gracias a su Discurso del Maestro Pontac, remitido al Racionero Manuel Correa de 1633, documento en el que abunda en detalles autobiográficos. Con todo, aunque Pontac relata que estuvo trabajando en el madrileño convento de La Encarnación hasta su incorporación a la capilla del templo granadino, en dicha catedral figura que vino directamente desde Salamanca.

Es precisamente en la capilla de la catedral de Granada donde Pontac desempeña un magisterio no exento de conflictos. El músico fue convocado en 1627 por el cabildo por su prestigio profesional y es nombrado maestro, tras causar una gran impresión, como queda reflejado en su acta de admisión:

“... ayer, martes, por mandado de Prelado y Cabildo, Diego de Pontac, maestro de capilla de Salamanca, había hecho los actos de oposición en el coro de esta Santa Iglesia, donde asistió el Cabildo y muchas personas eminentes en el arte, que para este efecto fueron convidadas; y todos a una voz han dicho que el dicho Pontac es muy capaz y eminente en este oficio.

Sin embargo, sus problemas en el templo granadino comenzaron al poco de ocupar el cargo que, por otro lado, aunque bien pagado, gozaba de poco prestigio, pues aquí ni siquiera era racionero -solamente un cantor más que dirigía a los otros cantores-, mientras que en otras catedrales el maestro podía llegar a ser capellán e incluso a canónigo. Esto último pudo determinar en gran medida su deseo de movilidad, que fue impedido por el cabildo en la medida de lo posible.

A los seis días de haber asumido el cargo, Pontac tuvo el primer desencuentro con los cantores de la capilla, a los que el cabildo tuvo que llamar al orden, y recordarles que el maestro tenía derecho a tres partes del reparto que se llevaba a cabo de las cantidades recibidas por acudir a entierros o festividades fuera del templo, como su predecesor Luis de Aranda. Según consta en las actas capitulares de la catedral, los cantores no habrían acudido a un entierro, como era su deber, como protesta por la distribución realizada:

“...el señor chantre refirió como por mandado del Cabildo había dicho a los cantores la obligación de acudir adonde el maestro de capilla iba a fiestas, y que le permitiesen llevar la parte que el maestro Luis de Aranda llevaba, y que de aquí en adelante obedeciesen a su maestro; los cuales parece ser se exasperaron diciendo algunas palabras en orden a no obedecer al Cabildo; y se echa de ver porque habiendo concertado un entierro, los cantores habían dejado ir a al maestro de capilla solo y no habían acudido a él…”

Los responsables del motín recibieron una penalización en la forma de una multa, cuya cantidad se descontó de su salario anual, cuyo importe fue destinado a Pontac para compensarle por las “fiestas que ha dejado de ganar”.

Por otro lado, el deán tuvo que recordar a los cantores y ministriles de la capilla la obligación de obedecer en todo al maestro, bajo pena de multa:

“...hable a los racioneros músicos acudan a cantar cuando hubiere prueba de chanzonetas y otras cosas cuando el maestro de capilla se lo pidiere, so pena de cuatro reales; y que canten de manera en el coro que el maestro no tenga necesidad de enmendarles cada momento; y a los demás cantores y ministriles que no salgan fuera por particulares sin su maestro y acudan a su facistol sin hacer falta; y si la hicieren, con sólo que avise el maestro de capilla al puntador les penen en cuatro reales…”

Solucionado este problema, la capilla estuvo aparentemente tranquila durante unos meses, hasta que, en junio de 1629, Diego de Pontac protagonizó un suceso de extremada gravedad: tras una discusión bastante acalorada con el licenciado y sacerdote Matías del Castillo, le propinó dos bofetadas “a mano abierta”. Convocados con urgencia los canónigos a un cabildo extraordinario, acordaron una primera pena provisional consistente en una multa de cincuenta ducados y la expulsión del templo durante cuatro meses.

Los miembros de la capilla, por su parte, se quejaron de la mala dirección de Pontac y de los problemas que había traído su llegada, y pidieron al Cabildo su despido “para quietud de la capilla”. Intercedió en su favor el cardenal arzobispo, defendiendo que ni todo había sido culpa del maestro, ni los hechos eran tan graves como los pintaba el cabildo. Curiosamente, durante los cuatro meses de suspensión del cargo, al enterarse de que Diego de Pontac pretendía abandonar Granada, el cabildo intentó impedirlo hablando directamente con él. Su marcha no obstante no fue definitiva, sino que obedeció a la necesidad de preparar su litigio con Matías del Castillo, cuya demanda por los bofetones seguía adelante.

En enero del año siguiente retornó con una ejecutoria para poder seguir ejerciendo su cargo de maestro de capilla, pero se encontró con la oposición del cabildo quien “en conciencia tiene obligación de defender la entrada del maestro de capilla en la iglesia”. No obstante, el apoyo del arzobispo consiguió que Pontac volviese a ejercer de maestro de capilla en febrero. Pero, la paz no duró ni hasta final de mes, pues el día 25 el músico volvió a ser acusado de desacato al deán “habiéndose reacio en él sin tener orden para ello”. Con todo, el Cabildo le pagó en enero de 1631 50 ducados para compensarle por lo que no había ingresado “el tiempo que estuvo ausente y preso por el disgusto con Castillo cantor”.

Otro de los motivos de tensión entre el maestro Pontac y el Cabildo fue el tema de la formación a los cantores de la capilla. Un acta de 1634 recuerda la obligación de impartir clases: “que el maestro de capilla haga todos los ejercicios de canto de órgano y el sochantre de canto llano; y si no cumplieren se multen; y los cantores si no asistieren también; y los colegiales asistan, y el rector tenga cuidado que asistan”.

Dos años después el problema seguía existiendo, pues otro acta vuelve a recordar esas obligaciones, que, al parecer, Pontac imcumplía: “tratose de la necesidad que hay en el coro y música, y que el maestro de capilla ni los músicos acuden a dar ni tomar lección al Colegio, que es la parte donde está señalado; y se acordó que el maestro de capilla y el sochantre acudan a dar lección y cada uno a lo que le toca, y los músicos a tomarla, cada día, y no falte ninguno, y al que faltare se le apunte y pene, cada vez en un real”. Poco antes de abandonar el cargo en el templo granadino, se le volvió a llamar la atención: “propúsose que el maestro de capilla, el señor racionero Pontac, no acude a la obligación que tiene de su magisterio de enseñar, como se le está mandado por auto capitular; y se acordó que se le amoneste, y que lo cumpla”.

Por otro lado, Diego de Pontac fue el primer maestro de capilla racionero de la catedral de Granada, una petición que realizó el cabildo al rey Felipe IV en 1638 a través de una carta en la que alaba las sus virtudes, demostrando que, a pesar de las fricciones entre ambos, el músico era muy valorado y considerado:

“ ...siendo el maestro de capilla Diego de Pontac uno de los de mayor nombre y opinión de España, ha tenido y tiene resolución de irse al magisterio de Señor Santiago, de donde le han llamado; con cuya ausencia reconocerá esta Iglesia y las demás de este reino la falta de su ausencia por el natural y excelencia que tiene en enseñar y sacar discípulos y por lo bien que tiene dispuesta la capilla y coro y lo mucho que ha trabajado y trabaja en disponer la música; de suerte que esta Iglesia se halla servida muy a satisfacción de todos”.