jueves, 4 de octubre de 2012

El goliardo, clérigo y juglar

Uno de los perfiles más curiosos de la Alta Edad Media europea es el del goliardo, una mezcla entre religioso y juglar.  Los denominados clerici vagantes o goliardi pertenecían a los estratos más bajos de la jerarquía eclesiástica y se dedicaban a vagar por los caminos vendiendo su habilidad poética y musical a cambio de limosna.

Parece ser que su origen se sitúa en la corte de Carlomagno y que se esparcieron por Europa durante el siglo X, en la época del emperador Otto el grande, alcanzando en siglo XII su máximo apogeo con Federico Barbarroja.

Los goliardos eran clérigos que buscaban en la poesía juglaresca un medio de vida, que entendemos no encontraban en el seno de la Iglesia, y en ocasiones, una forma de pagar sus estudios, que realizaban a salto de mata hasta que en el siglo XIII al organizarse las universidades sacaron de la calle a estas figuras.

Su vida entre la sociedad medieval fuera de los muros de los monasterios y abadías les puso en contacto con los juglares, y de esta forma se “ajuglaraban” como dice el ensayista Adolfo Salazar, adoptando las artes y mañas de sus equivalentes laicos. Sin embargo, gozaban de una seria ventaja entre un pueblo analfabeto e inculto: sus conocimientos de latín, poesía y música, procedentes de su formación religiosa.

De esta forma, traducían las chanzas y donaires juglarescos al latín y llevaban a cabo todo tipo de farsas e irreverencias relacionadas con la música sacra y las prácticas religiosas. A pesar de que esto no era visto con buenos ojos por los representantes oficiales del culto, como es lógico por otra parte, no parece que se tomasen medidas para reprimirles dado el amplio espectro temporal a lo largo del cual se mueven por Europa.

Como curiosidad, los goliardos veneraban como patrón a un tal Obispo Golias, un personaje que a todas luces suena a invención.

A pesar de lo cómico y pintoresco de la figura del goliardo, los musicólogos medievalistas le atribuyen un inmenso valor como crisol en el que se funden el espíritu popular y la letra monástica, de singular importancia para el desarrollo posterior de la música y la literatura de la Edad Media. Hay que tener en cuenta que conocían a la perfección y que sabían interpretar los distintos géneros de música sagrada, y que por añadidura eran capaces de moldearlos y reinterpretarlos a su gusto buscando el aplauso del pueblo llano. Se les considera precursores del arte poético-musical de los trovadores pues llevan la notación musical a textos de autores profanos como Virgilio u Horacio. De alguna forma suponen un puente de la cultura encerrada en los monasterios a la sociedad.

En España no hay noticia de que existieran goliardos, o por lo menos no se conocían con ese nombre, si bien se aprecia una notable influencia goliardesca en la obra de Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita, del que se sabe que compuso cántigas, hoy perdidas, para “los escolares que andan nocherniegos”. En cualquier caso, el Arcipreste inaugura una tradición en España de glosas y parodias de los textos religiosos que perdurará hasta el siglo XVII, con figuras como Lope de Vega o Quevedo.

Como se ha dicho antes, la organización estable de las universidades, hacia 1225, absorbió a los clérigos vagantes y esta figura desapareció en el tiempo, aunque su contribución artística es aún apreciada por los expertos.

domingo, 30 de septiembre de 2012

Polifonía renacentista en Sigüenza

El próximo sábado 6 de octubre tendrá lugar en Sigüenza (Guadalajara) un recital de música renacentista a cargo del coro Esemble 4/4, bajo la dirección artística de Javier Ruiz-Morote Loft. Con el título, “El Renacimiento en Europa” la actuación realizará un recorrido por la música vocal del siglo XVI de España, Italia, Gran Bretaña y Francia.

El programa detallado es el que sigue:

“El Renacimiento en Europa”

 I

O Quam Gloriosum est Regnum (A4)    Tomás Luis de Victoria (1548-1611) España
Ave Verum Corpus (A4)                       William Byrd (1540-1623) Gran Bretaña   
Il Bianco e dolce cigno (A4)                  Jacob Arcadelt (1504 – 1568) Francia
Ave Virgo Sanctissima (A5)                  Francisco Guerrero  (1528-1599) España
Hodie Beata Virgo (A5)                       Giovanni P. Palestrina (1525-1594) Italia
Now is the month of Maying (A5)        Thomas Morley (1557-1602) Gran Bretaña

 II

Amor Vittorioso (A5)                          Giovanni Gastoldi (1550-1622) Italia
Kyrie – Missa Mille Regretz (A6)        Cristóbal de Morales (1500- 1553) España
Hosanna to the Son of David (A6)       Orlando Gibbons (1583-1625) Gran Bretaña
Is Est bel et Bon (A4)                          Pierre Passereau (1509 - 1547) Francia
Agnus Dei II – Missa Papae Marcelli (A7)    Giovanni P. Palestrina (1525-1594) Italia


El marco para el evento no puede resultar más atractivo: la Parroquia de San Vicente Mártir, un templo románico situado en el corazón del casco urbano medieval de la población. A pocos metros de la misma se encuentra el edificio del siglo XV conocido como “Casa del Doncel” que alberga un pequeño museo de la vihuela de mano y la guitarra. Todo ello es motivo suficiente para realizar una pequeña escapada de turismo musical.

Para aquellos que vivan en Madrid y alrededores, Sigüenza solamente está a 130 kilómetros de la capital (alrededor de una hora y cuarto en coche), por lo que se puede ir y venir cómodamente en el mismo día.

Esemble 4/4 volverá a actuar el 21 de octubre, esta vez en Madrid, en la Parroquia de San Sebastián de la calle Atocha.



viernes, 21 de septiembre de 2012

El populacho mató a la vihuela



La vihuela fue el cordófono de moda en el siglo XVI pero su popularidad fue efímera. Resulta curioso como los distintos instrumentos se van sucediendo en el tiempo, podríamos decir que se derrotan unos a otros en los usos y costumbres de la sociedad española.

El laúd, que tuvo su momento en el siglo XV, fue reemplazado por la vihuela en el XVI, y ésta, sucumbió ante la guitarra barroca en el XVII. Entiendo que no fue un proceso tan lineal como lo cuento yo, ni las acotaciones temporales tan precisas, pero a grandes rasgos sí que sirve como descripción de la evolución de la cuerda en España.

Y digo España porque no parece que en otros países europeos la sucesión instrumental haya sido similar. El laúd tuvo un gran apogeo en la Inglaterra del XVI, con una escuela encabezada por el gran John Dowland (aunque trabajó mayormente en Dinamarca y Alemania), que proyectó la música para ese instrumento a las cotas más altas, en términos de técnica y popularidad. En nuestro país, la obsesión por la limpieza de sangre que trajo consigo el reinado de Isabel y Fernando desterró el laúd para siempre como instrumento cortesano por sus connotaciones islámicas.

La vihuela se hizo con el puesto del laúd como instrumento cortesano durante el siglo XVI. España vio florecer una escuela de vihuelistas que empezaron a componer para ese instrumento: Luis de Milán, Luis de Narváez, Alonso Mudarra, Enríquez de Valderrábano, Miguel de Fuenllana, Diego Pisador y Esteban Daza. Era música a menudo basada en danzas o melodías populares para el solaz y esparcimiento de la nobleza.

Los libros de cifra para vihuela publicados en esa época sientan los cimientos de la técnica de interpretación del instrumento. Suele ser muy sofisticada y precisa en cuanto a las exigencias de la ejecución. Curiosamente, dentro de la educación de la nobleza española del Renacimento figuraba el saber tañer la vihuela, es decir, que era un instrumento asociado a la buena sociedad.

Sin embargo, su buena estrella cayó en picado en la segunda mitad del siglo XVI. La guitarra barroca le comió el terreno. Y no fue por que tuviese distintas prestaciones, pues a fin de cuentas eran muy parecidas, sino por la técnica de interpretación introducida por el pueblo. El punteado característico de la vihuela fue sustituido por el rasgueado de la guitarra, una técnica más basta al alcance de cualquiera.

Nos lo explica Rafael Mitjana en su monumental obra “Historia de la música en España” (1920):

“Al tañer punteado artístico propio de los virtuosos vihuelistas sucede el rasgueado, forma típica y nacional de tocar la guitarra, que consiste en rozar rápidamente las cuerdas con los cuatro dedos largos de la mano para producir acordes arpegiados, mientras que el pulgar hace sonar el bajo.”

Los días de la elaborada técnica de la vihuela habían acabado. Uno de los primeros tratados de interpretación de guitarra que refiere Mitjana se publica a finales del siglo XVI. Se trata de la obra del doctor Juan Carlos Amat “Guitarra española y Vándola en dos maneras de Guitarra Castellana y Cathalana de cinco órdenes, la qual enseña de templar y tañer rasgado, todos los puntos naturales y b mollados con estilo maravilloso. Y para poner en ella cualquier tono, se pone una tabla, con la qual podrá qualquier sin dificultad cifrar el tono, y después tañer y cantarle por doze modos. Y se haze mención también a la Guitarra de quatro órdenes”. Es bastante descriptivo el título…

No fueron poco los que lamentaron la plebeyización de la técnica de la cuerda y su caída en manos del populacho. En su obra “Del origen y principio de la lengua castellana” (1674), el doctor Bernardo Aldrete, a la sazón canónigo de la Santa Iglesia de Córdoba, se lamenta amargamente al hablar de la vihuela:

“Ha sido una gran pérdida, porque en ella se ponía todo género de música punteada, y ahora la guitarra no es más que un cencerro, tan fácil de tañer, especialmente en lo rasgado, que no ay moço de cavallos que no sea músico de guitarra”.

Y concluye la entrada correspondiente a la vihuela con una bonita adivinanza relativa al instrumento:

“Todos, sin ser ordenada,
Ordenes dezis que tengo
Pero aunque soy entonada,
Y de tant a orden cercada
Dellas, ni de la Iglesia vengo”

sábado, 15 de septiembre de 2012

Viaje atrás en el tiempo en Guadalaviar

Finalmente he encontrado el reportaje gráfico que refleja aquel fin de semana de junio en Guadalaviar. En el marco de la iniciativa “Musas, músicas, museos” tuvo lugar una verdadera inmersión en el siglo XVI a través de recitales, danzas y hapennings de diversa índole.

Fueron dos días de disfrute colectivo, en el que un grupo de profesionales y aficionados a la música antigua “nos dejamos ir” allá en los Montes Universales.

No puedo dejar de agradecer a Javier Martínez, el organizador (que habla al principio del vídeo junto a la alcaldesa de la localidad), que nos invitase al evento y que ejerciese de perfecto anfitrión de una forma tan exquisita. Deseo fervientemente que este festival se repita más veces.  


domingo, 9 de septiembre de 2012

William Byrd, el padre de la música inglesa

Para unos un título exagerado y para otros más que justificado, lo cierto es que William Byrd está considerado como el compositor más avanzado de su tiempo, que fue el paso del siglo XVI al XVII. Autor tanto de música sacra como de profana y tanto de piezas vocales como instrumentales, exhibe a lo largo de su obra una imaginación y calidad muy superior a la de sus colegas contemporáneos.

Nacido en 1543, trabajó para la corte prácticamente toda su vida, después de ejercer diez años como organista de la catedral de Lincoln, su ciudad natal. Parece que su catolicismo fue tolerado por la reina Isabel, a la sazón adalid de la Reforma e impulsora de la persecución de los papistas en las islas. Según el musicólogo Stanley Sadie no consta que sufriera represalias por profesar su fe católica a lo largo de su vida; por contra, el músico y escritor William Mann afirma que sí que fue perseguido, aunque no aporta más información al respecto.

En cualquier caso, Byrd supo jugar bien sus cartas y mantener contentos a todos: escribió numerosas piezas religiosas para la iglesia anglicana pero también compuso obras para familias católicas. Sobre esto último, cuenta en su haber con tres misas en latín y motetes para la celebración del oficio.

Para la iglesia anglicana escribió servicios y anthems, el equivalente inglés a los motetes, que constituye un género autóctono británico muy popular a comienzos del siglo XVII. 

A menudo se asocia la obra de William Byrd con un tono lastimero y tristón, sin embargo, con los años su obra, tanto la religiosa como la profana, se fue haciendo cada vez más alegre y dinámica. Es curioso que cuanto más mayor más alegre cuando lo habitual es lo contrario.

Su obra laica es igualmente importante, a pesar de que no compuso ningún libro de madrigales, como acostumbraban los compositores ingleses algo más adelante. Se argumenta que en la época más prolífica de composición de Byrd el madrigal italiano todavía no se había popularizado en las Islas Británicas. No obstante, los expertos definen muchas de sus piezas como “muy madrigalianas”, dado que utilizó en sus canciones un contrapunto fluido e intrincado.

Publicó tres libros, dos volúmenes de "Psalms, Songs and Sonets", en 1598 y 1611, y otro titulado "Songs of Saundrie Natures" en 1589. En ellos expone un collage de piezas y estilos que da lugar a una obra variada y diversa.

Finalmente, William Byrd destacó también en la música instrumental, especialmente a través del consort, un género puramente británico, en el que un grupo de instrumentos desarrollan variaciones sobre una melodía (por cierto, también existen consorts acompañados de voz). Muchas de estas melodías “tuneadas” procedían de canciones populares de la época o de movimientos de danzas como la gallarda o la pavana.
Murió en 1623 habiendo abierto un ancho camino que seguirían sus sucesores inmediatos: los madrigalistas ingleses.


martes, 28 de agosto de 2012

El chalumeau, entre la flauta dulce y el clarinete

Han existido instrumentos musicales que han muerto con su época y otros que han florecido al llegar nuevos tiempos. En el Renacimiento español la vihuela de mano reemplazo al laúd en la música cortesana, y ésta con el tiempo quedó obsoleta frente a la guitarra. En cambio otros instrumentos han servido de puente en la evolución de otros instrumentos, de elemento de transición en la búsqueda de un sonido adecuado. Es el caso del chalumeau.

A pesar de la palabra chalumeau se utilizaba en Francia desde el siglo XII para referirse a distintas flautas de caña, la evolución formal hacia el chalumeau barroco se atribuye al fabricante de Nuremberg Johann Christoph Denner, al que también se considera uno de los primeros fabricantes de clarinetes.

La innovación que supone este instrumento viene impuesta por la necesidad de superar las limitaciones de la flauta dulce, incapaz de adaptarse con dinamismo al medio orquestal. Es por tanto una flauta mejorada y el predecesor directo del clarinete.

Básicamente, el chalumeau o salmoé es un instrumento de viento de lengüeta simple, parecida a la del clarinete, con siete agujeros y dos llaves. Fue extremadamente popular entre los músicos vieneses del siglo XVIII –había auténticos fans de este flautín-, y convivió algunas décadas con el recién inventado clarinete hasta resultar sustituido por él.

Giovanni Bononcini es de los primeros compositores en incluir el chalumeau en su obra, en concreto, en la ópera Endimione de 1706. Giovanni y su hermano Antonio eran figuras destacadas en la corte de Viena del emperador José I de Habsburgo.

El propio emperador escribió un aria para chalumeau que fue incluida en la ópera Chilonida (1709) de Marco Antonio Ziani.  El instrumento se adecuaba por su dulzura a las escenas amorosas o pastoriles.

Otros músicos devotos del chalumeau fueron Caldara, Conti, Camilla di Rossi y Ariosti, aunque sin duda el más representativo en su utilización fue Johann Joseph Fux, que experimentó con él en sus óperas. Vivaldi, Handel y Telemann también compusieron para este instrumento, aunque progresivamente el clarinete fue ganando peso en sus obras en detrimento del pequeño chalumeau.

El papel que ocupaba el chalumeau en las piezas orquestales como transmisor o comunicador de los sentimientos más sublimes, en concreto en las óperas, fue paulatinamente apropiado por el clarinete, cuyo timbre estaba más cercano al de la trompeta. El registro de notas del chalumeau resultó acotado y aislado en las obras, y tratado con cautela, debido al contraste tan marcado que ofrecía su entonación y resonancia.

Incluyo en el vídeo siguiente un concierto de Telemann para dos chalumeaux que siempre me ha parecido delicioso.



jueves, 19 de julio de 2012

La pasión de Juana de Arco

Ha caído en mis manos (bueno, de hecho me lo han regalado, porque dicho así parece que me lo he encontrado en la calle) Jeanne d`Arc (Batailles & Prisons), el último gran proyecto musical de Jordi Savall. Con una presentación del producto de AliaVox espectacular, el doble CD viene acompañado de un libro de 500 páginas (bien es verdad que los textos aparecen en seis idiomas), en el que se aborda la figura de la Doncella de Orleans desde distintas perspectivas.

A lo largo de las 75 piezas que ocupan los dos discos se recrea, combinando música y recitados, la vida de Juana y el final de la Guerra de los Cien Años. A diferencia de otras grabaciones al uso que aportan música para encuadrar una determinada época o a un personaje histórico en particular, Jeanne d`Arc reconstruye los hechos intercalando citas, monólogos y diálogos que configuran un relato en sí mismo.

La música de la obra incluye adaptaciones de piezas del siglo XV del propio Savall, así como melodías originales de Dufay y Desprez, sobre todo. El cuidado y preciosismo con el que ha sido grabado el disco realmente evoca el momento histórico retratado.

La filosofía que inspira este proyecto, similar a otros de Jordi Savall, la define el propio autor en las páginas del libro:

“Toda partitura no es más que el esbozo más o menos definido de un arte que sólo existe realmente en el momento en que se concreta con los instrumentos o la voz humana. Así, toda música lleva de modo inevitable en sí misma la marca de su tiempo: puede que sea inmortal, pero nunca es intemporal.”

Savall distingue también entre la música y el acontecimiento; el concierto con frecuencia se encuentra separado de su contexto, cobrando de esta manera independencia. Por otro lado, la música que acompaña a una historia, él habla de una gesta o de una epopeya, alcanza una función descriptiva, como sucede con esta obra concreta. Suele estar más cerca de una partitura cinematográfica que acompaña y viste un relato en la pantalla.

A pesar de que me atrae y emociona sobremanera la escucha de Jeanne d`Arc, debo decir que me cansa un poco el modelo retablo –demasiado recitado y demasiada fanfarria-, y que quizá hubiera preferido una recopilación de música del siglo XV sin más, aunque entiendo bien que no es ése el espíritu de la obra. Por otro lado, también echo de menos partituras británicas de la época en el CD que contrarresten en alguna medida la presencia de los músicos franco-flamencos. Con todo, merece la pena escuchar este proyecto.