sábado, 11 de junio de 2011

Bernart de Ventadorn, maestro de trovadores

"No es maravilla que yo cante mejor que ningún otro trovador, puesto que tengo mi corazón más inclinado al amor y más dócil a sus leyes. Alma y cuerpo, ingenio y saber, todo yo lo pongo en juego, que el amor me atrae por completo y ninguna otra deidad presto homenaje."

Con estos versos tan poco humildes se definía a sí mismo el trovador Bernart de Ventadorn en uno de sus poemas y curiosamente coincide con la opinión de él que ha tenido la posteridad. Ventadorn, junto con Beltran de Born, marca la cumbre de la canción provenzal trovadoresca en la Francia del siglo XII. Este movimiento cultural originado en Languedoc y Provenza –el mediodía francés-, y extendido por toda Europa, tenía como uno de sus motores principales el ensalzar el amor sublime, el amor cortés, situando a la mujer en un pedestal como objeto de adoración y devoción. Esto no quita para que también tuviese una vertiente épica basada en poemas dedicados a narrar hechos de guerra como forma de adular a los príncipes y nobles de la época. Han llegado hasta nosotros innumerables composiciones trovadorescas, mayormente escritas en provenzal (langue d´oc), cuyos autores fueron reyes, nobles, miembros de clero, y algunas mujeres de aquellos tiempos, como María de Francia, una de las fuentes francesas de la leyenda artúrica, o Clara de Anduse.

Por el contrario, el caso de Bernart de Ventadorn es el de un hombre que se hace a sí mismo, pues todas las fuentes consultadas coinciden en destacar su baja cuna. Todo indica que nació en el castillo de Ventadorn (Limousin) entre 1130 y 1140 y que fue el hijo de uno de los servidores de menor categoría: el criado encargado de encender el horno en el que se cocía el pan. Quiero apartarme del rigor wikipédico para abrazar el maravilloso relato de su vida que presenta Víctor Balaguer en su “Historia de los trovadores” (Madrid, 1878), una monumental obra a la que tengo la suerte de tener acceso directo.

Cuenta Balaguer como la gracia natural del joven Bernart le atrajo la atención y el favor del señor del castillo, el vizconde Ebles de Ventadorn, que le honró con su amistad y le proporcionó unos estudios que de otra forma nunca hubiese tenido dada su baja extracción social. Pero como si de una novela se tratase, la pasión por una mujer se interpuso en la relación entre el señor y el vasallo, desviando la historia hacia un destino trágico, especialmente para ella. El vizconde era un hombre viudo de avanzada edad que contrajo segundas nupcias con Inés de Montluzó, una bella joven de dieciocho años a la que el propio Ventadorn describe en sus versos como “más bella que rosa en capullo y más blanca que nieve de noche de Navidad”. Y no se le ocurrió otra cosa al infeliz vizconde que destinar a Bernart al servicio personal de su  nueva esposa en un acto de irresponsabilidad supina, dado que a pesar de los esfuerzos por evitarlo, el uno por la lealtad que impone el vasallaje y la otra por la fidelidad conyugal debida, no tardaron en enamorarse perdidamente.

A esta época corresponden las mejores composiciones de Bernart de Ventadorn, que dibujan la pasión desgarradora que sentía por Inés, como se puede comprobar en los siguientes ejemplos:

Así como la rama se doblega al soplo del viento que la inclina hacia donde quiere, así yo obedezco a la que me cautiva, pronto siempre a hacer cuanto me mande

De buena fe, con pureza y con lealtad, yo amo a la más bella y a la más noble. Mi corazón se cansa a fuerza de suspirar, y a fuerza de llorar se escaldan mis ojos. La amo demasiado, pues que es sólo para mi daño, pero ¿qué puedo contra la violencia del amor?

La vizcondesa acabó sucumbiendo ante tal torrente amoroso, aceptándole como su caballero. Mientras tanto, la obra de Ventadorn iba siendo conocida y apreciada, pero comenzó a levantar no pocas murmuraciones. Un día hallándose sentado a los pies de Inés, ésta le besa, lo que supone el máximo galardón para un trovador: “entonces no sé qué por mí pasó: no vi ni oí nada, y estando en el rigor del invierno, me creí transportado al mes de mayo”. Pero tanta falta de discreción tuvo nefastas consecuencias. El vizconde asistía a un banquete en un castillo vecino cuando durante el evento un juglar interpretó la canción de Bernart Selha del mon y el noble no tardó en comprender que hablaba de su mujer. La ira del marido ultrajado sorprendentemente cayó en exclusiva sobre Inés, que fue encerrada primero en sus habitaciones y posteriormente en una torre del castillo habilitada como prisión, que tenía el sobrecogedor nombre de “Torre maldita”. Allí acabaría sus días la infeliz joven por culpa del amor desbordado.

Entretanto, Bernart de Ventadorn consideró lo más prudente desaparecer de la región y convertirse en un trovador errante que va cantando por las cortes sus amores desdichados. Viajó mucho y fue muy conocido por toda Francia, hasta convertirse en uno de los más famosos trovadores, pero el resto de sus aventuras daría para numerosas entradas en este blog, así que lo dejaré aquí. Solamente quiero añadir que fue favorito (las malas lenguas dicen que amante) de la maravillosa Leonor de Aquitania -primero esposa del rey de Francia,  casada en segundas nupcias con Enrique II de Inglaterra y madre de Ricardo Corazón de León-, durante la estancia de ésta en Poitiers. Leonor fue impulsora del concepto de amor cortes, mecenas de trovadores y una de las figuras más carismáticas de su época.

viernes, 3 de junio de 2011

Tous les matins du monde

Me he tirado el pegote porque no sé una palabra de francés pero hay que reconocer que queda más fino y más chic en el idioma de nuestros vecinos de arriba que en el nuestro nativo. “Todas las mañana del mundo” es una película dirigida por Alain Corneau en 1991 que narra la relación entre el músico Marin Marais y uno de sus maestros de viola de gamba, Monsieur de Sainte Colombe. A pesar de que para algunas personas con las que he hablado es un auténtico tostón, para otros, entre los que me incluyo, es una pequeña maravilla. Protagonizada por Gerard Depardieu en el papel de Marais, es un film de música y de músicos que no debería ignorar ningún melómano, y en particular, aquellos aficionados al barroco tardío.

La banda sonora corre por cuenta del gran Jordi Savall, por lo cual el CD es igualmente recomendable. Incluye piezas del propio Marais, de Sainte Colombe, de Jean-Baptiste Lully y de François Couperin, que cada vez me gusta más y presiento que va a merecer un post para él solo. Si tenéis cuenta en Spotify se puede escuchar aquí.

Marin Marais en un raro caso de progreso social en la sociedad estamental del Antiguo Régimen en Francia. De hijo de un zapatero (profesión considerada en el siglo XVII como “mediocre”) de abundante descendencia y escasos ingresos, pasó a formar parte de la corte de Luis XIV y a convertirse en uno de los mejores compositores para viola de gamba de todos los tiempos. Marais entró como niño de coro en Saint-Germain-l´Auxerrois a los once años, gracias al tráfico de influencias que ejerció un tío suyo doctor en teología. Allí ya destacaba en la interpretación del clavecín y del laúd, pero lo que realmente atrajo su atención fue la viola de gamba, un instrumento nacido en la España del siglo XV teñido con la influencia en la forma de tocar del rahab árabe.

Al abandonar Saint- Germain-l´Auxerrois, Marin Marais se convierte en discípulo, aunque por breve tiempo, de Monsieur de Sainte Colombe, un músico de moda perteneciente junto a Monsieur de Machy a la segunda generación de gambistas franceses. El caso es que a los seis meses de iniciar la relación Sainte Colombe da por finalizadas las lecciones, según él porque ya no tenía nada que enseñar a Marais, aunque los historiadores malintencionados defienden que temía verse pronto superado en técnica por su brillante alumno. Supongo que nunca conoceremos la verdad.  Y Marais alcanzó las más altas cotas: convertirse en músico de la corte de Luis XIV, un monarca amante de la danza y de la música, cuyo “gestor musical” no era otro que Jean-Baptiste Lully (nacido en Florencia como Giovanni Battista Lulli). Lully logró ganarse al rey de tal forma que todo acorde que sonaba en la corte estaba férreamente controlado y supervisado por él. Es curioso, y da una idea del poder que ejercía Lully, cómo Marais le dedica su primer libro de música para viola en un tono más que rebajado y humillado: “Señor, yo cometería una falta inexcusable si, teniendo el honor de ser uno de vuestros alumnos y estando unido a vos por otras obligaciones particulares, no os ofreciera los resultados de aquello que he aprendido tocando vuestras sabias y admirables composiciones. Os presento, pues, esta colección como mi Superintendente y como mi Bienhechor. Os la presento también como el primer hombre que haya existido en las diversas facetas de la música. Nadie puede discutiros ese título. Los más grandes genios confiesan que no hay una vía más segura y más fácil para triunfar en esta profesión que estudiar vuestras obras. Todos los príncipes de Europa que desean hacer florecer este arte en sus Estados no conocen otro camino mejor.” Fue un pelota pero triunfó; la inteligencia siempre triunfa sobre la soberbia. En el vídeo que aparece a continuación, “Le labyrinthe”, de Marais.



Todas las mañanas del mundo” cuenta le breve relación de Marais y Sainte Colombe de una forma bella y sutil, en la que el maestro intenta inculcar a su  aprendiz la esencia de la música. Poco saben los historiadores de la vida de Monsieur de Sainte Colombe, por no saber, ni conocen su nombre de pila. Si que parecen estar de acuerdo en que era un hombre austero en sus costumbres que vivía apartado de la corte y de sus modas, defendiendo la pureza de la música, lejos de los juegos galantes de salón. En la ficción de la película, Marais visita a su maestro mucho tiempo después, y tras realizar un dúo de viola con él y beber unos vinos, Sainte Colombe le revela el verdadero sentido de la música: comunicarse con los seres queridos que nos han dejado, en su caso, su esposa. Precioso. Dejo a continuación un vídeo con la escena en cuestión y en cualquier caso podéis ver la película completa por partes en YouTube, en francés con subtítulos en castellano.


miércoles, 25 de mayo de 2011

Festivales de Buitrago de Lozoya

FESTIVAL DE MÚSICA ANTIGUA MARQUÉS DE SANTILLANA [15 – 17 de JULIO de 2011]

Viernes 15, 21:00, Patio de Armas: “LA FOLÍA” Grupo de música barroca y antigua. Música instrumental de Tomás Luís de Victoria en el IV Centenario de su fallecimiento. Influencia de la música árabe en la música española.

Sábado 16, 13:00, Iglesia Santa María del Castillo: “SCHOLA POLIFÓNICA DE MADRID” Música de amor sacro y amor profano.

Sábado 16, 21:00, Patio de Armas: “MÓNICA MONASTERIO” Música Sefardí.

Domingo 17, 12:00, Iglesia de Santa María del Castillo: “SCHOLA GREGORIANA DE MADRID” Acompañamiento de la Misa y Concierto de Canto Gregoriano.

FESTIVAL DE MÚSICA CLÁSICA MARQUÉS DE SANTILLANA [22 de JULIO – 7 de AGOSTO de 2011]

Viernes 22: Combinación mágica de tango y música clásica.

Sábado 23: Un fantástico trío de sopranos solistas con un fantástico repertorio lírico.

Domingo 24: Clásico, flamenco, jazz… todo ello combinado bajo el saber hacer de uno de los mejores pianistas de nuestro país.

Viernes 29: Una gran orquesta procedente de Japón.

Sábado 30: Un trío de cuerda con piano traerá un repertorio musical de la Europa del Este.

Domingo 31: Un primer concierto de uno de los directores artísticos de nuestro Festival de Música Clásica: Ara Malikian.

Sábado 6: Una formación histórica nos llevará al siglo XVIII y a la historia del castratti más famoso de la historia: Farinelli.

Domingo 7: Cierre del Festival con un nuevo concierto del violinista armenio Ara Malikian.

viernes, 20 de mayo de 2011

El capitán Tobias Hume: “la música es la única parte afeminada de mí”

Personaje singular donde los haya, Tobias Hume ha pasado a la historia de la música renacentista inglesa como un freak y un outsider, cuya obra sin embargo ha sido finalmente apreciada con el paso de los siglos. Di con una pieza suya en el CD “Shakespeare and English Music” (Naive, 1999) y la verdad es que lo poco que se contaba en el libreto sobre él sumado a la interpretación que hacía Jordi Savall de su composición “A Souldiers Resolution” atrajeron mi atención. Militar, compositor, defensor de la viola, buscavidas y pobre de solemnidad, sería el resumen de su biografía.

Se supone que nació antes de 1570 y que estuvo de mercenario con el grado de capitán en el ejército del rey de Suecia, para posteriormente engrosar las filas del zar de Rusia en numerosas batallas. Otra cosa no, pero en aquella época guerras no faltaban en Europa. Resulta gracioso como este rudo y viril soldado considera su pasión por la música como “la única parte afeminada de mí”, tal y como lo expresa en uno de sus escritos: “as my Education hath beene, Armes, the onely effeminate part of me, hath beene Musicke”. En otoño de 1629, al finalizar la guerra entre Suecia y Polonia, Hume vuelve a Inglaterra y se instala en la Cartuja de Londres (London Charterhouse), una institución de beneficencia que acogía a caballeros y militares venidos a menos. Se entiende que en esa época ya había cumplido los sesenta años, dado que esa era la edad mínima de admisión. Allí falleció en 1645 en la más extrema pobreza.

La obra de Tobias Hume se concentra en dos libros, publicados respectivamente en 1605 (“Musicall Humor”) y 1607 (“Poeticall Musicke”), que de alguna forma chocan con el espíritu musical de la época. La herejía más sobresaliente de la obra de Hume es la defensa que hace de la viola, que protagoniza las composiciones de prácticamente todo su primer libro, en un tiempo en que el laúd era el instrumento estrella, aunque su declive estaba cercano. Esta actitud y su heterodoxia a la hora de componer, aparte de granjearle el rechazo de los musicólogos contemporáneos, le valió replicas airadas por parte de una “estrella” del laúd como John Dowland en 1612.

El capitán Hume era un reconocido bromista, algo que queda patente en su obra. Como ejemplo de esto último, su pieza “An Invention for Two to Play upone one Viole”  está compuesta para que dos músicos con un arco cada uno toquen en la misma viola, debiéndose sentar el más bajito de los dos en el regazo del otro. Por otro lado, la obra que citaba al principio de este texto, “A Souldiers Resolution”, lleva el aire marcial hasta tal punto que la viola evoca las trompetas y los tambores militares, estos últimos aporreando con el arco sobre el instrumento.

Sus intentos de dar a conocer su música y obtener el mecenazgo de los notables se sucedieron sin éxito a lo largo de su vida. Dedicó su segunda obra, la de 1607, a la reina Ana de Dinamarca esposa de Jaime I de Inglaterra, en un tono casi suplicatorio. También, una vez en Inglaterra, solicitó la dirección de misiones militares y también sin resultado positivo. Dirigió una carta al monarca Carlos I Estuardo ofreciéndose a servir de enlace para las comunicaciones con el rey de Suecia, pidiendo para ello el mando de 120 hombres. Pero era una persona demasiado estrafalaria como para confiar en ella. En 1642 editó un panfleto, dirigido al Parlamento, en el que se autoproclamaba coronel y en el que proponía dirigir una misión militar para aplastar la rebelión católica irlandesa. El texto destila patetismo y desesperación; ruega que no se le trate como a un idiota o como a un loco y explica que ha tenido que empeñar sus mejores galas para sobrevivir y que pasa tanta hambre que tiene que ir a buscar caracoles para poder alimentarse. Por supuesto su petición cayó en oídos sordos y Hume murió pobre y medio loco en la Cartuja de Londres tres años más tarde. La vida puede ser muy cruel con determinadas personas.



domingo, 15 de mayo de 2011

El canto del cisne del clavecín en Francia


Fotografía procedente de Wikipedia
Resulta curioso cómo los instrumentos pueden llegar a ser víctimas del devenir de las tendencias sociales e históricas. Ya comentamos el proceso que llevó a sustituir el laúd por la vihuela en la España renacentista, en parte por su asociación con lo morisco, en plena obsesión por la pureza de sangre de los castellanos viejos. Un caso similar es el del clavecín, un instrumento asociado a la aristocracia, que tras la Revolución Francesa es abandonado por el fortepiano, que acabó siendo un instrumento representativo de la burguesía gala.

Sin embargo, el clavecín, clave o clavicémbalo, conoció una época dorada en el país vecino precisamente en la segunda mitad del siglo XVIII, cuando las sesiones musicales pasaron de la corte a las casas de particulares, ampliando cuantitativamente el público que tenía acceso a esta música. La vida musical francesa sufrió un duro golpe con la muerte del rey Luis XIV en 1715, un verdadero defensor del poder de enriquecimiento cultural de esta forma artística, dado que su sucesor, Luis XV, resultó ser un débil mecenas que concebía la música como un mero divertimento o elemento ornamental. En lo que respecta a la corte, la actividad de impulso y apoyo a este arte decayó notablemente.  

Y en este caso la “iniciativa privada” salvó la situación, abriendo paso a una época dorada de la música francesa en general y de las piezas para clave en particular. Dos importantes melómanos, Jean Roseph Le Riche de La Pouplinière, a la sazón ministro de Estado, y la famosa Madame de Pompadour, amante de Luis XV (siempre hay una mujer brillante detrás), empezaron a organizar conciertos privados en París, convirtiendo estas audiciones en una moda aristocrática que empezaron a seguir otras familias patricias de la ciudad. Y de esta manera, contrataron a compositores de la talla de Rameau, Royer o Duphly. En concreto, Rameau tuvo a su cargo durante más de veinte años la dirección de la orquesta del financiero La Pouplinière (cuya mujer era ardiente admiradora de Rameau, de su música,  entiendo), y por su parte Joseph Nicolas Pancrace Royer estuvo catorce años como responsable de los “Concerts Spirituels”, hasta 1762.

Jean-Philippe Rameau es considerado como uno de los músicos franceses más importantes del clasicismo previo al siglo XIX, que comenzó a escribir óperas casi a los cincuenta años de edad, hasta un total de treinta y una. Por desgracia, su obra lírica cayó en el olvido hasta que fue redescubierta a mediados del siglo XX. Sin embargo, sus piezas para clavecín, muy influidas por la sonata italiana, sobrevivieron durante el siglo XIX gracias a que fueron interpretadas en piano. Royer por su parte ha pasado a la historia como divulgador, dado que consiguió que muchas de las composiciones más importantes que no habían salido de los muros de la casa de La Pouplinière fuesen incorporadas al repertorio de los “Concerts Spirituels” alcanzando a un mayor volumen de público.

Jacques Duphly dicen que había practicado el clavecín para no estropearse las manos con el órgano. Fue maestro de música en diversas grandes familias de París y era considerado en la época como uno de los mejores intérpretes vivos del instrumento. Su muerte tiene cierto simbolismo asociado con el declive del clavecín dado que tuvo lugar el 15 de julio de 1789, al día siguiente de la toma de la Bastilla.

En el vídeo insertado a continuación se interpreta una zarabanda de Rameau.


lunes, 9 de mayo de 2011

El Canto de la Sibila: un elemento pagano en la liturgia medieval

Es bien sabido que el culto cristiano, si bien se basa como todas las religiones en la autenticidad y originalidad del dogma, incorpora tanto en sus formas como en sus ritos elementos procedentes de otras culturas y credos. Sin ir más lejos, la fecha establecida del nacimiento de Jesucristo coincide con la del alumbramiento del dios persa Mitra y no hace falta ser Howard Carter para identificar el origen de la iconografía mariana en las representaciones de la diosa egipcia Isis con su hijo Horus en brazos que exhibe el Museo Arqueológico de Madrid. Si vamos tan lejos como Robert Graves en “La Diosa Blanca”, podríamos asociar a los santos patrones de algunos los pueblos de España, que se celebran en invierno y en verano respectivamente, con los hermanos Osiris y Seth, el dios del año naciente y el dios del año menguante. El caso que nos ocupa es una forma musical incorporada al culto eclesiástico de la Edad Media que tiene su origen en una figura del mundo clásico, como es la pitonisa del oráculo de Delfos.

Con un fin pedagógico, nació el teatro litúrgico en la España del siglo XII. Al igual que los frescos en las paredes de las iglesias románicas, los conjuntos escultóricos dentro y fuera de los templos, y más adelante, las representaciones gráficas de las vidrieras de las catedrales, este tipo de escenificaciones cumplían la función de educar al pueblo iletrado en las Sagradas Escrituras en general y en el dogma católico en particular. En las épocas más solemnes y significativas, el pueblo entero se reunía para interpretar, bien con el canto, el gesto o la mímica, las escenas de la Natividad, la Pasión durante la Semana Santa o la Resurrección en Pascua.

En su monumental obra sobre la música en España, Rafael Mitjana nos cuenta: “Al principio el pueblo no tomaba parte directa en la representación, limitándose a cantar los himnos, pero poco a poco se quiso dar más importancia a la acción dramática y a la puesta en escena; entonces se añadieron al texto sagrado ilustraciones sacadas del mismo. El Nacimiento se situaba cerca del altar, los sacerdotes representaban a los personajes de la Sagrada Familia, hacían falta pastores para adorar al Divino Niño y fue el pueblo el que se encargó de interpretar los nuevos papeles.”  En consecuencia, este género introdujo en su operativa danzas y canciones populares, y entre estas últimas, floreció el villancico, cuyo propio nombre denota su bajo origen.

Pero el objeto de este artículo es la interpretación que realizaba un curioso sujeto vestido a la guisa oriental que aparecía durante la celebración del Oficio de Navidad: el Canto de la Sibila. El misterioso personaje hacía su entrada en escena en medio de la alegría general por el nacimiento del Salvador, y con voz sombría y fatídica anunciaba el fin del mundo y el juicio final. Era una forma de recordarle al vulgo que el fin está siempre cerca.

La sibila, aparte de las connotaciones mitológicas que pueda tener, era la pitonisa del oráculo de Delfos, una mujer a través de cuya voz se suponía que el dios Apolo emitía sus profecías (previo pago). Habitaba en una cueva y vaticinaba en estado de trance (colocada diríamos ahora), pues ejercía bajo la influencia de sustancias psicotrópicas o hierbas aromáticas.
En la liturgia medieval el personaje de la sibila era interpretado por un niño, dado que las mujeres según las leyes canónicas no podían tomar parte en ninguna de las ceremonias del culto. Era un niño del coro, de voz argentina, que tocado con un exótico turbante y opalandas orientales, entonaba una extraña melodía vaticinando el fin del mundo, mientras que otros dos niños vestidos de ángeles repetían el estribillo y agitaban espadas llameantes.

De larga tradición en Mallorca, el Canto de la Sibila (Cant de la Sibi-la) fue declarado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad por la UNESO en 2010. De hecho, el legado se ha mantenido desde la Baja Edad Media especialmente en Mallorca y en Alguer (Cerdeña).


jueves, 5 de mayo de 2011

REMA: la Red Europea de Música Antigua


Un interesante proyecto: una red para unir a todos los agentes europeos, -intérpretes, instituciones, festivales…-, dedicados a la música antigua en Europa. Creada en 2000 y con sede en París, esta iniciativa pretende dar conocer y defender la herencia musical europea y defender los intereses de los que se dedican a tan nobles quehaceres, véase, interpretar melodías arcaicas. REMA recibe el apoyo de la Comisión Europea.

En concreto, los objetivos que persigue REMA se pueden resumir en:

  • Crear una federación de los intérpretes de música antigua europea..
  • Descubrir nuestra herencia común.
  • Crear una base de datos sobre el tema.
  • Apoyar nuevos talentos.
  • Impulsar la difusión de la música antigua.
  • Impulsar el conocimiento del público mediante el apoyo a giras y festivales y a la posproducción, como por ejemplo, material grabado.

En suma, se trata de una red de expertos y músicos, que pretende dar a conocer las formas musicales de la antigüedad europea. Hay que resaltar, que recientemente ha sido designada presidenta de esta organización, Dori López, directora del Servicio de Acción Cultural del Departamento de Cultura y Turismo del Gobierno de Navarra.

Podéis acceder a su web a través de la dirección: http://www.rema-eemn.net/eng/