martes, 17 de marzo de 2026

Las visiones de Johanna Rose: el esplendor tardío de la viola da gamba francesa



 Visions du Diable

Johanna Rose

Rubicon

Johanna Rose es una de las principales gambistas del panorama europeo actual y, a pesar de que milita en la Accademia del Piacere -una de las más destacadas formaciones del sector de la música antigua española-, ha sabido desarrollar una más que interesante carrera paralela en solitario que ha dado como frutos una colección excelente de discos cuya protagonista es la viola da gamba. Precisamente, Rose acaba de lanzar su último trabajo hasta la fecha en el que vuelve a dejar patente su pasión por la música de Marin Marais, que en esta ocasión comparte protagonismo con Antoine Forqueray.

Visions du Diable reúne piezas de ambos autores, que están considerados como los últimos grandes compositores franceses para viola da gamba, dado que a lo largo del siglo XVIII este instrumento fue perdiendo peso en favor de la familia del violín, hasta desaparecer por completo. Junto a Johanna Rose en el disco ha colaborado el clavecinista Javier Núñez, que es también miembro de la Accademia del Piacere.


La obra en solitario de Johanna Rose se inicia en 2017 con la publicación de un álbum dedicado a la obra de C.P.E. Bach para viola da gamba. Le sigue dos años más tarde Histoires d’un Ange con creaciones de Marais, Couperin, Visée y Rameau, y, en 2022, 7 Movements, con música de J.S. Bach y Monsieur de Sainte-Colombe. En una línea más experimental, Rose colaboró hace un par de años con el clarinetista Gerardo Dirié en el disco Noctuary Duos.

.

En gran medida, Visions du Diable retrata el final de la era de la viola da gamba francesa a través de la música para el instrumento creada por sus dos mayores exponentes: Marais y Forqueray. A comienzos del siglo XVIII, la música sale de los palacios nobiliarios y empieza a difundirse en conciertos públicos: los Concert Spirituel, que tenían lugar en fiestas de guardar, los Concerts Français, en los que sonaban divertimentos y cantatas francesas, y los Concerts Italiens, donde solamente era interpretada música italiana por músicos venidos de allí o por franceses que habían estado en Italia. Por desgracia, la viola da gamba no supera esta transición, pues, a pesar de que el instrumento tiene una buena sonoridad para ser escuchada en espacios amplios, se muestra totalmente ineficaz compitiendo con otros sonidos, a diferencia de los cordófonos de la familia del violín, que gradualmente se ponen de moda entre el público francés.


Sin embargo, no todos se resignan a la desaparición de la viola da gamba, y el abad Hubert Le Blanc publicó en 1740 su libro en defensa del instrumento titulado Défense de la basse de viole contre les enterprises du violon et les prétentions du violoncelle. Aparte de clérigo, Le Blanc era doctor en derecho y músico, gambista para ser exactos. En su obra deplora el declive de los intérpretes aficionados aristócratas que tocaban en los palacios con devoción y entrega, y la llegada de los recitales profesionales que llenaban las salas de conciertos. Y, por encima de todo, defiende a la viola da gamba frente al violín.


En la primera parte del libro, Le Blanc asocia las pièces de música francesa con la viola da gamba, y con la forma de tocar de grandes figuras como Marin Marais y Antoine Forqueray. A su juicio, la Inteligencia Divina repartió la armonía entre las naciones, asignando el violín a los italianos, la flauta a los alemanes, el clavicordio a los ingleses y la viola da gamba a los franceses.


Este es el marco en el que Johanna Rose ha desarrollado su trabajo, seleccionando para ello obras del segundo libro de piezas para viola de Marais (1701) -llegó a publicar más de seiscientas en cinco libros-, y del volumen Pièces de Viole avec la Basse Continuë (1747) de Antoine Forqueray. Con una diferencia de edad de quince años, Marais era el mayor, ambos músicos rivalizaban en fama y prestigio en la corte. No obstante, mientras que las creaciones de Marais estaban más apegadas a la tradición francesa, las de Forqueray entroncaban con el nuevo estilo procedente de Italia, en palabras de Le Blanc: «fundó otra escuela para tocar sonatas de la forma más correcta posible, en el cual uno obtiene un sonido brillante con un elevado gusto, reconciliando a la resonante armonía francesa con la melodía vocal italiana».


Marin Marais no abrazó el nuevo gusto italiano, que gradualmente fue permeando en los compositores franceses, y ello puede explicar que su obra fuese relegada frente a la de otros como Forqueray. A pesar de ello, la perspectiva que nos otorga la historia nos permite apreciar toda la grandeza de Marais. Precisamente, Rose ha elegido como broche de cierre para el disco Les Voix Humaines, una de sus piezas más conocidas, cuyo título alude a la creencia que tenía la gente del siglo XVIII de que el sonido de la viola da gamba transmitía la intensidad emocional de la voz humana. Y, efectivamente, escuchando la interpretación que ha grabado Johanna Rose no se puede negar que es un tema que despierta sentimientos muy profundos.


La exquisita  maestría y la sutileza con la que Rose aborda este repertorio francés no hace sino confirmar que la viola da gamba es un instrumento que le habla directamente al alma humana, a juzgar por la extraña mezcla de emociones y sensaciones que llega a provocar en el oyente la música contenida en este disco.



No hay comentarios:

Publicar un comentario