sábado, 20 de junio de 2015

Tonos Humanos: el pop del siglo XVII

En el auto sacramental El viático cordero escribe Calderón de la Barca:
“¿La música no es la cosa
que más agrada y deleita?
Como el tono sea nuevo,
ella cada día no es nueva
y se canta a una guitarra
misma, pues haz cuenta
que a nuevo tono no importa
el ser la guitarra vieja.”
El texto alude a una costumbre del siglo XVII de poner un texto nuevo a una melodía que ya había adquirido cierta popularidad e introduce el término tono. El denominado Tono Humano del Barroco español es cualquier pieza musical con un texto profano para una o varias voces, que se diferencia del Tono Divino en que éste lleva una letra de contenido religioso.

Para el musicólogo Miguel Querol existía en el Siglo de Oro una relación directa entre los poetas y los músicos, a menudo cimentada por una estrecha amistad, que llevaba a que los escritores suministrasen de textos directamente a los compositores. Esto justificaría la gran cantidad de tonos manuscritos dispersos por distintas colecciones y recopilaciones.

Calderón, Lope de Vega, Tirso de Molina… los grandes escritores de la época colaboraban estrechamente con el gremio de los músicos y a menudo ensalzan sus nombres en sus obras literarias, como nos recuerda el experto Rafael Mitjana a través del siguiente ejemplo de La Dorotea (1633) en la que Lope escribe:

“Los versos, Celia, yo y el tono aquel excelente músico Juan de Palomares, competidor insigne del famoso Juan Blas de Castro, que dividieron entre los dos la lira, árbitro Apolo.”
 Dos nombres, Juan de Palomares y Juan Blas de Castro, famosos compositores de tonos de la época. Blas de Castro debía de gozar de la admiración y de la amistad del Fénix de los ingenios pues éste le cita también en La Filomena:

“Las ninfas os harán ricos altares,
yo villancicos y Juan Blas los tonos
que cantarán en voces singulares.”
 Y en El acero de Madrid:

“Arroyuelos cristalinos,
ruido sonoro y manso
que parece que corréis
tonos de Juan Blas cantando,
porque ya corriendo aprisa
y ya en las guijas despacio,
parece que entráis en fugas
y que sois tiples y bajo.”
 Pero a pesar de la afición que le manifestaba Lope de Vega, Juan Blas no era el único compositor de tonos del XVII, como es obvio. Si nos acercamos a una de las más importantes recopilaciones de la época, el Cancionero de Sablonara, podemos ampliar la lista de nombres. 

Se trata de una compilación realizada por Claudio de Sablonara, que fue copista o “puntador” de la Capilla Real entre 1599 y 1633. Dice el autor en la dedicatoria que realiza a Wolfgang Wilhelm, Conde de Neuburg y Duque de Baviera, que “ningún príncipe se aventaja a Vuestra Alteza en ser aficionado a ella [a la música] he buscado y recogido los mejores tonos que se cantan en esta Corte a dos tres y cuatro [voces] para presentarlos a Vuestra Alteza del mismo punto y letra que los suelo escribir para Su Majestad y Infantes”.

Y gracias a la melomanía de este noble germano de visita en la corte de Felipe IV,  Sablonara nos ofrece piezas autores como Mateo Romero el Maestro Capitán (22 composiciones),  el citado Juan Blas de Castro (18 piezas), Gabriel Díaz de Besón, Álvaro de los Ríos (8 canciones cada uno), Pujol (aporta 7), Manuel Machado (4 composiciones) y Miguel de Ariza (2 piezas). Además incluye un tema de Juan de Palomares y uno de Juan de Torres, Juan Bono y Diego Gómez, respectivamente. Cierran la lista del cancionero dos composiciones anónimas. Son setenta y cinco piezas en total: romances, villancicos, endechas, folías y seguidillas.

La de Sablonara no es la única evidencia que nos queda de los tonos barrocos españoles. Existen además las siguientes recopilaciones:
  • Los tres tomos manuscritos de Romances y letras de a tres voces de la Biblioteca Nacional, que dan cuenta de obras de Pujol, Guerrero, Garzón, Bernardo, Peralta, Juan de la Peña, Gaspar García, Juan Palomares y Diego Gómez.
  • También en la Biblioteca Nacional, Tonos humanos a cuatro voces copiado por Diego Pizarro en 1655. 
  • Nolasco de Olot, fraile capuchino, descubrió el denominado después de él Cancionero de Olot, una recopilación de obras de autores como Comes, Pujol, Ignacio Mur, Benito Figuerola, Romero, Juan Blas, Álvaro de los Ríos y Francisco Company.
  • Tonos castellanos de la biblioteca de los duques de Medinaceli, que también incluye obras de Juan Blas de Castro, Diego Gómez, Company, Gabriel Díaz, Francsico Gutierrez, Francisco Muñoz, Palomares, Pujol y un elevado número de autores anónimos.
  • Juan Arañés fue maestro de capilla de la Seo de Urgel y es el autor de la compilación Libro segundo de Tonos y villancicos a 1, 2, 3 y 4 voces con la cifra de la guitarra española a la usanza romana (1624), que tiene la particularidad de incluir el acompañamiento instrumental.
  • El denominado Cancionero de Onteniente, pues fue copiado por el presbítero de Onteniente Baltasar Ferriol en 1645, que está compuesto nada menos que por 98 folios numerados y tres sin foliar con obras de un gran número de autores.
Son el ejemplo de las fórmulas musicales populares del Siglo de Oro, el pop del XVII,  que se basaba tanto en la mejor literatura de la época como en las melodías de los mejores compositores.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada