viernes, 28 de febrero de 2014

Los waits en la Inglaterra medieval, ¿vigías convertidos en músicos?

Los denominados waits emergen en la Inglaterra medieval como grupos de músicos destinados a interpretar sus instrumentos en los distintos eventos de la vida municipal. Son puestos muy codiciados y socialmente valorados, además de bien retribuidos.

Una buena parte de las ciudades de Gran Bretaña empleaban a waits y sus servicios eran contratados por el consistorio, por los regidores, los aguaciles e incluso por las tabernas. Recibían por su trabajo dinero y presentes nada desdeñables, y formaban una suerte de gremio que protegía sus derechos y regulaba las nuevas incorporaciones, aunque a menudo el título pasaba de padres a hijos.

Lo interesante de esta figura es que aparentemente es la evolución de una suerte de vigías de las ciudades, o quizá, unos serenos como los que existieron en España hasta las últimas décadas del siglo XX.

La teoría ortodoxa afirma que los waytes eran originalmente los vigilantes de las puertas de la ciudad, perfil que procedía de los guardas de los campamentos militares y de las fortalezas de la Alta Edad Media. Su función consistía en vigilar y en informar a voces de la hora y del tiempo meteorológico (al igual que los serenos españoles).

Para llevar a cabo estas tareas, alrededor del siglo XIII los waytes disponían de instrumentos musicales, en concreto, de una especie de cuerno metálico para dar la señal de alarma cuando resultase necesario.

Lo curioso es que de encargados de seguridad evolucionaron a músicos y ya estaban considerados como tales durante el reinado de Eduardo III (1327-1377). Se supone que poco a poco fueron mejorando su destreza con el instrumento e interpretándolo fuera de las horas “de vigía”. De waytes pasaron a denominarse waits.

Los waits se organizaban en conjuntos de entre seis y nueve miembros, y regulaban férreamente el número de aprendices admitidos y de maestros nombrados. Se trataba de mantener sus privilegios y de no abrir esta profesión a todo el mundo. Cada maestro podía mantener a dos aprendices a la vez.

De acuerdo con el autor Walter L. Woodfill (Musicians in English Society from Elizabeth to Charles I), hasta 1525 solamente hacían uso del cuerno o wait pipe como único instrumento. Pero en 1526 empezaron a utilizar también sacabuches, que es el antepasado directo del trombón, y a partir de la década de los sesenta el espectro se amplió a violas, cornetas y flautas. El laúd y el canto también encontraron cabida entre los waits en la segunda mitad del siglo XVI.

Sin embargo, no todo el mundo apoya esta tesis de la evolución directa del vigilante al ministril urbano. El profesor Richard Rastall de la Universidad de Leeds defiende que no existe ninguna relación entre el wayte o vigía de las puertas de las ciudades inglesas de la Edad Media, y el wait, o músico del burgo en el Renacimiento:

“The town waits were bands of civic minstrels. They do not appear earlier than the fifteenth century, and they had no direct connection with the waytes…”

En principio, prosigue Rastall, un estatuto de 1296 exige que cada puerta de la Ciudad de Londres tenga su propia servidumbre y que disponga de un wayte provisto de un cuerno para avisar al portero cuando alguien se acerca y ha de abrirse la puerta.

Sin embargo, a partir del siglo XIV el nombre y la función del wayte se difuminan de forma que dejan de aparecer en los documentos de la época. La razón es que progresivamente desaparece la figura del vigía profesional y la ronda nocturna es asumida por patrullas de ciudadanos. De acuerdo con Rastall, estas milicias urbanas de la Baja Edad Media ya no se designaban con la palabra wayte.

Admite Richard Rastall que una posible explicación del equívoco entre estas dos figuras puede ser que los waits o músicos realizaban rondas nocturnas por las ciudades a finales del siglo XVI, aunque solamente desde el Día de Todos los Santos hasta la Purísima, contribuyendo con su presencia a la seguridad urbana. Pero insiste, nada tienen que ver éstos con los vigías medievales que anunciaban con un cuerno la llegada de visitantes a las puertas.

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