jueves, 3 de enero de 2013

La larga marcha danzante de William Kemp

Empezamos 2013 en Soledad tengo de ti con un post que quizá toca demasiado indirectamente el tema de la música antigua, pero que entra de lleno en el panorama de las artes escénicas de la era isabelina en Inglaterra. Se trata de una anécdota protagonizada en el año 1600 por el actor William Kemp que consistió en realizar bailando el recorrido entre las localidades de Londres y Norwich. Es un equivalente más modesto al deportista actual que realiza alguna hazaña del tipo de atravesar un océano navegando en solitario patrocinada por alguna marca comercial.

Kemp, ampliamente conocido en la época por sus dotes interpretativas para la comedia, probablemente llevó a cabo esta epopeya como una forma de aumentar exponencialmente su imagen pública (pues fue un tema que dio mucho que hablar), para ganar dinero a través de patrocinios y apuestas, y sobre todo, para reírse y ejecutar una gran broma, dado que distintos textos y escritores de finales del siglo XVI le pintan como un inmenso guasón.

Las gigas obscenas de Will Kemp, de las cuales han sobrevivido cuatro, le hicieron ciertamente conocido por todo el país y también en el continente, pues la versión que tenemos de dos de ellas procede de una traducción del alemán. Se trataba de cancioncillas que dramatizaban situaciones con alto contenido sexual y picante, como por ejemplo Singing Simpkin, en la que una dama seduce a su sirviente en ausencia de su marido y luego le esconde en un cesto de la ropa al  regreso de éste, dando lugar a una escena cómica inspirada en el Decameron de Boccacio. Everard Guilpin en su colección de versos satíricos Skialethia de 1598 refiere:

“Whores, beadles, bawds and sergeants filthily/Chant Kemp´s Jig (Putas, bedeles, alcahuetas y sargentos zafiamente cantan la giga de Kemp).”

La relación de William Kemp con el teatro le sitúa como miembro fundador de la compañía escénica Lord Chamberlain´s Men en 1594, dirigida por el dramaturgo, actor y empresario William Shakespeare. Al igual que el otro Will, Kemp combinaba su actividad sobre el escenario con la gestión de los negocios asociados a la compañía. Sobre su participación como intérprete en obras de Shakespeare no existe información clara, aunque se intuye su influencia en Las alegres comadres de Windsor, que incluye una escena con un cesto de ropa parecida a la descrita en la balada Singing Simpkin, así como otros detalles de diversas obras que pueden haber sido inspirados por las experiencias y los viajes al extranjero realizados por Kemp a lo largo de su vida (Shakespeare nunca salió de Inglaterra).

Pero volviendo al eje del post que era la famosa marcha bailando entre Londres y Norwich, parece ser que efectivamente consiguió realizar las 110 millas de recorrido ejecutando la danza Morris, una danza tradicional inglesa, generalmente acompañada por música, que formaba parte de procesiones y festividades sobre todo asociadas al mes de mayo, como bien apunta Wikipedia. Kemp partió de Londrés el 11 de febrero de 1600 acompañado de su sirviente, William Bee, de un tamborilero, Thomas Sly, y de un testigo, George Sprat, cuya misión consistía en asegurar que el bailarín no hacía trampa.

Los nueve días que llevaba en esa época el citado viaje les llevó a ellos un mes y allá por donde pasaban eran jaleados y agasajados por una población sorprendida por el jocoso espectáculo ofrecido por Kemp. No faltan anécdotas cómicas que jalonan la travesía y que fueron relatadas por el propio Will Kemp. Tampoco faltaron los que quisieron emularle a su paso y comprendieron en sus carnes lo esforzado de la aventura, como un fornido carnicero de Sudbury que no pudo bailar con Kemp más que media milla antes de caer agotado.

William Kemp relato su hazaña en una panfleto titulado Kemp´s Nine Days Wonder (Los nueve días asombrosos de Kemp), que supuestamente iba dirigido, y de hecho estaba redactado como una misiva, a la dama de honor de la reina Anne Fitton. Al llegar a Norwich, la expedición bailona fue recibida con todos los honores por la población y las autoridades locales. La ciudad corrió a cargo de todos los gastos de la estancia y el alcalde le otorgó a Kemp una anualidad de cuarenta chelines.

El inquieto Kemp viajó el año siguiente por Italia y Alemania relacionándose con todo tipo de europeos asociados a las artes, y murió algunos años después, dejando como estela su fama de personaje tan pintoresco como divertido.

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